Cerdo mundo

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Son tres las principales puertas por donde ingresa la angustia vivencial: el tener, el poder y el placer. El tener se reduce solamente al dinero, el poder significa la posibilidad de hacer algo. Estos dos, tener y poder, llevan un definido objetivo: el placer.

Así nuestra vida total se limita al tener dinero-para poder comprar satisfactores, consumirlos y con ello obtener goce. El mundo aplaude a los hombres hormiga que trabajan sin fatiga alguna con la única intención de comprar, comprar y más comprar para luego esas cosas que compraste consumirlas y así obtener deleite.

Esto quiere decir que todo el quehacer de nuestra vida queda circunscrito al mismo que el de los cerdos dentro de un chiquero; trabajar moviendo el rabo para que nos echen las lavazas y, con nuestro largo hocico, deleitarnos en ellas y en nuestra propia mierda que también tanto nos gusta tragarla.

Llegada la muerte del cerdo, sus propietarios ambicionan el hediondo cadáver del animal para venderlo y tener dinero para comprar y consumir más carne de cerdo para de ella  disfrutar, luego morir como cerdos para que otros semejantes hagan lo mismo. Esas son nuestras vidas. Hasta ahí su importancia.

Cerdos para los cerdos. Cerdos para hacer más cerdos.

Revisa una parte de tu vida y te darás cuenta de que es verdad. Trabajar para comprar, adquirir para consumir para luego ser feliz. Hacer, consumir y morir. Ese es el mundo, un cerdo mundo.

El mundo considera al cerdo más gordo como el más valioso de la piara. Entre más muevas el roñoso rabo, más tragues y más engordes serás el mejor cerdo para los demás cerdos.

Ese es nuestro infierno existencial que ni los demonios quisieran vivirlo.