Consejos de una abuelita modernaGente PV

Colibrí

Cuenta la historia, que cuando un azteca moría en la batalla, se convertía en Colibrí llenando de bendiciones sus hogares.

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Por un México mejor

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Cuando pequeña, era una niña muy enfermiza y mientras estaba postrada, me encantaba oír las historias de Huitzilopoxtli, Dios Colibrí; que era Dios del sol y la guerra; hijo de Coatlitue, la Madre de cuatrocientos Dioses y la Deidad de la Vida y la Muerte. Sobre todo cuando me contaban que fue el guía de los aztecas quien los condujo desde Aztlán, hasta la tierra prometida en el Valle de México; donde  encontraron  la  señal, que hasta ahora su bella estampa, ondea a mi hermosa y muy querida bandera mexicana. Pido a Dios Huitzilopoztli, para que no la vendan u omitan, tal como han hecho con nuestro patrimonio y leyes…

Cuenta la historia, que cuando un azteca moría en la batalla, se convertía en Colibrí llenando de bendiciones sus hogares, ya que eran capaces de abrir los corazones más duros, pues son los únicos que pueden volar hacia atrás y su aleteo puede ser hasta 200 veces por minuto, e increíblemente su frágil corazón resiste alrededor de 1,200 palpitaciones por minuto…

En nuestra amada patria, existen más de 55 diferentes clases de Colibrís, y lo maravilloso es que sólo el Continente Americano tiene la dicha de poseerlos.

Es una de las aves más pequeñas que existen, y según el lugar, su hermoso plumaje varía desde color café, como los que habitan en éste mágico lugar de Bahía de Banderas, hasta el multicolor esmeralda, tan característico en mi divino pueblo natal Tuxpam, Veracruz (ahí llamados Chuparosas).

En una ocasión, me encontraba muy triste porque a pesar de tener meses en cama, el Médico me dijo que no era conveniente salir todavía, sin embargo me sucedió un verdadero milagro de amor; una amiga de mi abuelita me trajo en una jaula a un pequeño Colibrí para que lo cuidara, protegiera y alimentara; al iniciar con mi nueva misión y tener mi mente ocupada en el cuidado de un ser más frágil que yo, ¡olvidé por completo mi tristeza y dolores!; pues estaba pendiente en alimentarlo con gran cuidado al tomarlo en mi mano derecha, y en la izquierda, sostenía una hoja con aguamiel, mientras le platicaba sobre cuánto lo amaba.

Como la jaulita estaba al lado de mi cama, lo enseñé a rezar, a darle gracias a Dios por vivir un día más,  de todas las personas que me cuidaban, amaban y visitaban;  así, el tiempo dejó de tener importancia y la vida llegó de nuevo a llenarme de alegría, energía y vitalidad.

A pesar de tanta dicha y felicidad, por haber recuperado de nuevo mi salud, regresar con mis Maestras religiosas, mis compañeras de clases, salir de nuevo a pasear con mi familia y hermana mayor; un gran dolor se apoderó de mi alma cuando mi mamá me dijo: “Hijita, ya es hora de que regrese el Colibrí con su familia, en la Madre Naturaleza“.

Cuando salí al jardín y con los ojos llenos de lágrimas le dije: “Eres de nuevo libre“. Le di un beso y lo dejé volar, sentí que parte de mi corazón también se iba… Pero aunque no lo crean, nuestro comedor estaba en una terraza sin ventanas… ¡Cuando menos me lo esperaba, venía Colibrí a visitarme!…

Eso me dio fuerzas para seguir adelante y comprender mejor la magia de la vida; aprendiéndola a disfrutar plenamente. Con él entendí que no importa cuánto vivas, sino la forma en cómo lo hagas…

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No nos desanimemos por los problemas

A mi quinta edad, con tantos problemas que veo a mi rededor: ángeles divinos abandonados  a su suerte; cómo las familias se van desintegrando; cómo la ambición está destrozando nuestra Nación; cómo va en aumento el índice de criminalidad y corrupción; etcétera, a pesar de tener una familia unida en las buenas y malas, estar rodeada de amor y comprensión… ¡Me duele el dolor ajeno!… Porque las injusticias me enferman, y aunque no sea escritora, me atrevo a plasmar en un pedazo de papel el grito desesperado que guarda mi alma, por eso siento la necesidad de expresar mis temores y angustias ante ese futuro desalentador que veo en mi adorada Patria y desorientada juventud.

Y cuando a solas salgo al jardín con cierta tristeza dentro de mi ser, tratando de encontrar la respuesta a mis inquietudes… ¡Un colibrí café me trae esa dicha y felicidad cuando lo veo revolotear entre las flores y volando cerca de mí!, trayéndome un mensaje de amor y paz, como diciéndome: “No temas, eso es parte de la vida, sólo necesitas mucha paciencia y verás cómo todo volverá a la normalidad. Pronto verás a tu adorado País, sin corrupción, en un ambiente de alegría, justicia, respeto, paz y libertad ”.

Por eso es de suma importancia ponernos a trabajar honradamente; practicando a toda hora el perdón, amor y cuidado para con nuestros semejantes y Madre Naturaleza, que necesita, para seguir protegiéndonos, durante nuestra estancia en éste enigmático Planeta Tierra…  ¡Gracias Colibrí!

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Cariñosamente Ana I.