¿Cuál democracia?

Nos  dicen que  agosto es  Mes de  la Juventud. Nos  aclaran que la  juventud mexicana  muestra   muy poco interés   por  la  democracia.

Nada extraño.  De hecho  en México niños, púberes, jóvenes, adultos  y  viejos muestran  muy poco interés  por  la  democracia.

Incluso falta interés hasta  para  saber en  qué  consiste ese  sistema  que  Estados  Unidos   nos   han  recomendado  siempre,  como  remedio a  nuestras sumisiones al autoritarismo  tradicional, tan  arraigado  ahora  como en  tiempos   de los  sacrificios  humanos o de los virreyes. Uno de  los cuales  virreyes, el Marqués  de la Croix, allá   en 1767,  ante  la ola  de  protestas  levantada   por la   expulsión  de los jesuitas, publicó el bando  donde  se contiene la  brutal frase, inspiración hasta  ahora  de los gobernantes  mexicanos:  “…de  una  vez, para lo  venidero,  deben  saber  los súbditos  del  gran  monarca que  ocupa el trono de España que  nacieron para  callar  y  obedecer  y no  para discutir  y  opinar en los  altos  asuntos  del  gobierno”.

Por supuesto que  no  hay obra perfecta. La  frase  no es redonda.  Le  faltó  algo  importantísimo para   la insaciable voracidad  de  los  políticos: “…nacisteis   para  callar, obedecer… y ¡pagar!”.  Callados,  obedientes  y  pagando  cuanto  ordenen.

Esto es  “lo  normal”.  Es  “nuestra  cultura”. Lo   que: “…todos los  hombres son  creados  iguales;  que  son  dotados por su Creador  de ciertos derechos inalienables; que entre  esos están: la  vida, la  libertad  y  la  búsqueda de  la felicidad. Que  para  garantizar esos  derechos  se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan  sus poderes legítimos  del consentimiento de los  gobernados…”, no  son  más  que “cosas  de los gringos”, “ajenas a nuestra  idiosincrasia” y hasta contrarias  a  como  aquí  “siempre  se han hecho las  cosas”.

Con lo  que  hay, para  despreocuparnos por saber  qué  es  eso  de  la democracia y menos por  ponerla  a prueba,  retando  a  huichilobos   y  al  entrañable   caciquismo, tan “nuestro”,  tan  fregón.

La igualdad, la libertad, el  debate, el voto  respetado   no  es  tema para  memorizar  en  nuestras   escuelas; menos  para  ponerlo en práctica,  inquietando a la  directora,   al mandamás,   a   aprendices  de sicarios  que  practican mantener   el control.

Según  eso,  la  democracia no se iba  a  enseñar  en las  escuelas, de   esa educación  se  encargarían  ¡los partidos políticos!  No es  broma. Por  eso les  entregan tanto  y  tantos  miles de millones de pesos: para que enseñen y practiquen la  democracia.  ¿Qué  mayor seguridad  para el  sistema político  mexicano   de que  México jamás   llegará   a  tener  la ocurrencia de  saber  que  es   democracia y menos  tratar   de  ponerla  a  prueba “contra  todo lo que hemos sido y  somos… muy  diferentes  a  otros”.

La  simple definición  de  Lincoln: gobierno del pueblo,  por el   pueblo y para  el pueblo, lastima a   nuestra oligarquía, a  los plutócratas   siempre temerosos de que  la chusma, la  plebe, llegue  a poner  en duda  la gran verdad  nacional: “Político pobre ¡pobre  político!”. Único principio de   este  gobierno de ricos,  por los  ricos y ¡para hacerlos  más  ricos!

¿Democracia?  ¿Qué  es  eso?  ¿Quién la quiere?  No la  quieren los  jóvenes, no la  quieren  las   señoras, no la quieren  los de “la tercera   edad que   viven a  la  cuarta pregunta”.