Aventuras de un pintorGente PV

Realidades Alternativas 28: Homo Interruptus

El Homo Sapiens ha ido “evolucionando” hasta llegar a esta época en la que sus propios inventos lo están superando.

Por Federico León de la Vega

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El Homo Sapiens ha ido “evolucionando” hasta llegar a esta época en la que sus propios inventos lo están superando y tal vez pronto no será más: la inteligencia artificial lo está tornando obsoleto. No se trata sólo de productividad, sino también de capacidad, de creatividad, de toma de decisiones, de hacer conversación interesante y aunque usted no lo crea, de sentir y de responder al amor.

No hay espacio aquí para describir los nuevos sitios que ofrecen robots de ambos sexos, a precios alcanzables, con facultades de respuesta a las caricias y a los dichos,  con capacidad de aprender, con piel plástica de tacto y temperatura muy cercanos a lo natural. Son una versión de “Siri” en cuerpo completo, con muchas ventajas sobre el compañerismo humano, ya que no sudan ni sueltan gases, no envejecen, no comen ni enferman. Sólo hay que cargar las baterías y ocasionalmente limpiarlos o reconfigurarlos, desde luego escogiendo idioma, acento, timbre de voz, color de ojos y demás. Si hacemos las cuentas, un precio de $100,000 dólares resulta económico  a comparación de lo que acaba por costar un cónyuge a través del tiempo. Además no hay riesgo de enfermedad incurable,  de contagio, desavenencia, de divorcio, ni de adulterio. Se vale todo sin necesidad de culpas ni remordimientos de conciencia.

Desde los albores de estos desarrollos tecnológicos ya se han van sintiendo sus efectos sobre el ser humano. Acabo de leer el libro “Man Interrupted”, de Philip Zimbardo. Es un estudio sociológico sobre el fenómeno que se observa en los “millenials” en números crecientes.

Resulta que los jóvenes, ante la imposibilidad de conseguir un empleo que les permita ahorrar, casarse, comprar una casa propia, o un auto como los que ven anunciados, optan por soluciones prácticas y se quedan  a vivir con los padres, desechan la idea de formar un hogar o siquiera de sostener una relación formal con una pareja del sexo opuesto. En lugar de eso viven una vida virtual fantástica en el internet; ahí pueden diseñar una casa a su gusto, conducir lujosos autos de los modelos más recientes, tener muchos amigos y varias parejas. No desean hacer ninguna inversión en las tradicionales citas románticas, con flores y cena en costoso restaurante; tampoco encuentran práctico el pasar por la incertidumbre de esas citas en las que no se sabe qué esperar.

Para eso hay programas como Tinder: simplemente revisas fotos, escojes, haces contacto por tu teléfono inteligente, estableces tu objetivo -que puede ser cualquiera, incluso el puro sexo, todo sin compromiso, sin pérdidas de tiempo innecesarias. Una amiga me informa que su hija ha conocido muchos galanes de esta forma y la ha pasado bien.

Por ahora quienes más llevan el estilo de vida virtual son los hombres, en proporción de seis por cada mujer. Tal vez debido a que lo hombres responden más a la motivación visual que las mujeres, pero además a causa de que los trabajos que tradicionalmente hacían los hombres jóvenes, como cortar el pasto, talar árboles, hacer carpintería, arreglar autos y todos aquellos que requieren un esfuerzo físico, han sido los mayormente sustituidos por máquinas. Resulta más difícil reemplazar el encanto de una mesera, de una secretaria o de una recepcionista, pues las gracias femeninas son encantadoras en carne y hueso. Sin embargo, las robots prometen aventajarlas también a ellas, pues no se pondrán viejas y feas, ni pasarán por problemas hormonales y siempre estarán dispuestas a todo.

En cuanto a los robots macho, bueno…será imposible competir contra ellos. Mientras haya electricidad vibrarán toda la noche hasta el día siguiente. Quienes busquen el Amor (con mayúscula) quedarán escandalizados, tal vez añoren una relación “a la antigüita” de esas que debiéramos valorar ahora, antes de que se pierdan en el marasmo tecnológico.

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