“…con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho…”

Enrique Alfaro.

Por Gregorio González Cabral

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Expresión que no aparece en   El Quijote, pero   bien  ha  servido, por  siglos, para   avisar  que  alguien  se  ha metido en  serios enredos,  poniéndose  en  conflicto con  los  católicos.

(Lo  que en El Quijote  se lee es: “…con  la  iglesia  hemos  dado,  Sancho”,  refiriéndose  a divisar  el  campanario del  templo  del pueblo  de  Dulcinea  que  andaban  buscando. Pero    al  igual  que eso  de “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”,  también  es frase atribuida  falsamente  a la obra de Cervantes,  pero   como   suena  bien y  fuerte  la  seguimos  usando quienes nos  entendemos  “en castilla”).

Ahora  quien topa con la Iglesia,  es  Su Alteza Nada  Serenísima  Enrique Alfaro, de  entrada  definido por su Eminencia   el Cardenal  Juan Sandoval Iñiguez  como: “…el que  va  por  su  camino como  tráiler, como   bulldozer, aventado: ¡a  ver, háganse  a  un  lado que  aquí va  Enrique  Alfaro!… eso no se  vale, atropellando los sentimientos  religiosos, en una ofensa  al pueblo…”.

¿Por  qué  tan ofendido el  conocedor  y  combativo  anterior Arzobispo de Guadalajara? Por lo que llama  “lámina recortada   que hiere los sentimientos  de  los católicos”. Es decir, por  otro de los enormes y costosos  monos  que S.M.  Enrique Alfaro   paga como nuevo  rico,  ignorante esférico en las  artes  plásticas: millones por  la  copia de una   maceta  grandota   con  cara   de “wey”  de las  que venden en Tlaquepaque -y que ni  los chilangos le  permitieron depositar en  el  jardín de Aranzazú  por  afear el  espacio-, otros millones por algo  que   dicen que es pluma pero  que ya  titulan “El tamaño si importa”  y   esta hoja de  lata recortada, por la  cual pagó otra  millonada   que no es  suya; y que representa  la versión  del  “sincretismo”  que  desde  siempre   ha irritado  a los católicos  mexicanos  y  a no  pocos  guadalupanos de corazón  que  para nada les  gustan esas comparaciones.

Su Alteza Nada  Serenísima -cuya última disposición  ha sido que las “calandrias” no lleven  caballos, así  como  en Tepito  hay “quesadillas  sin queso”-,  puso su  laminota   en Federalismo,  cerca del Santuario  de  Guadalupe   y del templo de  El Refugio, uno  de  los últimos  de  los regresados   al  culto, años y  años   después  del  conflicto religioso, en  ese barrio   cristero. A  unas   cuadras  estaba la casa de los Vargas González,  refugio  de Anacleto González  Flores.  Tomen  nota.

Ya   la  semana pasada, un grupo   de la red,  “Citizen GO”, juntaba  firmas para  exigir   al  presidente  municipal de  Guadalajara, retirara la escultura por considerarla ofensiva  a sus  sentimientos  religiosos  y  guadalupanos.

Por  delante  que   van a  recoger  firmas  a montones,  sobre  todo si ayer  domingo ya  empezaron en  las misas a comentar  el caso.  Pero todos los  miles de  firmas  que  puedan juntar,  para Alfaro no serían latigazos   de calandrieros  de  no haber subido  al  ring  un peso completo   como   es  don  Juan Sandoval  que  sabe  de  creencias, no  le  da   vueltas   al  conflicto  y ya puso en su lugar  a  otros  arrogantes como  Carpizo   que estaba  subido en más ladrillos que Alfaro.

Esto  de la “lámina recortada” de  5  millones  200  mil pesos,  ya  se  la hicieron  a Enrique   Alfaro  conflicto religioso.  Es  otra dimensión política muy  diferente   a  la de los pobres  vendedores,   calandrieros, puesteros  y  demás  que   ha  humillado   en  Guadalajara.  Ya  se   metió  con la  gente  grande, pero  sobre todo,  se metió -a  lo  tarugo-  con  las  creencias   de  la  gente, en barrio guadalupano  y   cristero.

Y no  va  a  pelear  con  fantasmas  en  las  redes.  Ya  apareció  don Juan Sandoval,  Cardenal,  para  ver  si lo trata  como suele  tratar   a  las  demás personas.

De   nuevo: la soberbia  ciega.   Pero  ¿qué  necesidad?