Las escuelas no son “guarderías”

Vuelven a clase  este lunes  los más  pequeños  de  las   familias. La mayoría   de  esas familias hacen esfuerzos  extras para   conseguirles  “lo mejor”  a sus muchachos.

Es   sabido  y  resabido  que la calidad de la  educación, cada   vez más,  hace  la  diferencia  entre  éxito y  fracaso. Por eso,  para   muchos  padres,  el sacrificio vale la pena, con tal de   tener “lo  mejor” para los  suyos.

La realidad  es  que   nos  urge   educación de  calidad.  Pero de  esa  no  tenemos.  Estamos lejos  de   llegar  a   una  buena  educación.  Bastante  lejos.  Por eso cuando  hablamos  de  calidad  de  educación,  estamos  hablando de  otros países   o  de  un  sueño en  la  actualidad  para  México.

Si no  hay  calidad, si no tenemos  “lo mejor” ¿qué es lo disponible por ahora?  Lo menos malo. Y  conste  que  aún  eso “menos  malo”, les  resulta  muy  cuesta  arriba a  estudiantes cuyas familias no  acaban  de  tomar  en serio  eso de la escuela,  lo de  la  educación  formal  y  ni   siquiera   las   mediocridades llegan a alcanzar.

Sigue habiendo gente que confunde las escuelas con lugares donde les tienen que cuidar a sus muchachos, de tales a cuales horas, tales y cuales días del año. Lo que tengan que hacer para mantenérselos entretenidos, es casi irrelevante. Con que abran a tiempo, no haya quejas, “pasen” y “terminen”… a lo que sigue.  No importa que después de años y años  de “Inglés  I,  Inglés  II, Inglés  III, los estudiantes  no  salgan  de “Pollito: chicken”…  si “pasaron”, pasaron;  si  “terminaron”, terminaron.

Nuestra   realidad  en educación, después de 15  años  de   examinar-comparar  con otros países, es   para  llorar,  si  en realidad nos  importara  más  el futuro de los  hijos  que  el  de  Rafa  Márquez.  En  educación  seguimos  en el  último lugar de   todos los países de  la  Organización  Para  la Cooperación y  Desarrollo  Económicos.

Comparado con  la medianía  en el  mundo, México   tiene  un rezago de  dos años y  medio   en aprovechamiento escolar.  Más  de la mitad  de estudiantes  mexicanos  no  alcanza el   nivel básico de competencia en  matemáticas. Cerca de la mitad no saben  sobre ciencias  lo  que  necesitan  para desenvolverse en la  sociedad   contemporánea.  Cuatro de cada diez, no  logran  el  nivel básico en  lectura. Ni  siquiera  saben leer.

Claro  que hay  excepciones, notables y  bastante  significativas: A pesar  de los  pesares,  el  0.3% de estudiantes  mexicanos, alcanzaron  la  excelencia.

Pero en general,  hasta  Trinidad  y Tobago  tiene  mejores   promedios   de   aprovechamiento en ciencias, matemáticas  y lectura. De  nuevo  la  realidad.  Y  nuestros muchachos   van a   competir, con  estudiantes  estadounidenses, indios, coreanos, japoneses, que  le compiten a  los de Singapur el  sitio  de  la  mejor  educación.

Duele la realidad,  pero  bueno no hay.  Lo   que hay  es  necesario aprovecharlo  con  el  esfuerzo  sincero  y  tenaz de   padres de  familia, maestros, parientes,  vecinos, amistades. Porque  elevar  la  calidad  de  la  educación  es   responsabilidad de  todos y cada quien  debe  apoyar  educándose  y  ayudando a educar.

¿Qué hacen las personas   responsables cuando  comprueban que  los   muchachos “pasan”, pero no saben? Buscan  completarles en  otro turno,  lo  que  consideran urgente que aprendan bien: matemáticas,  inglés, computación,  tecnología,  etc. Ya  saben que  pasando “cultura  física” no  aprenderán  disciplina atlética  o  deportiva, como si  les  inscriben en  cursos especializados.  Igual en todo,  mientras   la  educación formal   no   cambie  en nuestro país   y  salga  del  rezago infame  en  el  que la  hundieron.