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Ahorita

El tiempo es el bien más preciado, pero incomprendido, hasta avanzada la edad cuando solo existe espacio para la resignación.


Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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El verdadero dueño de la vida es el tiempo, nada inquieta más que el paso de las horas, de los años acumulados; esa incertidumbre la siembran inconscientemente los padres en sus hijos al insistirles en memorizar un número incomprensible para sus tiernas mentes.

Trágico, la vanidad impide disfrutar las etapas físicas del ser humano, a esto se agrega la ansiedad de acumular dinero, bienes, aunado a la pérdida de valores al centrar esfuerzos en asuntos fuera del orden social o mantenerse al margen de la sencillez y humildad.

El tiempo es el bien más preciado, pero incomprendido, hasta avanzada la edad cuando solo existe espacio para la resignación. Lo mejor será hacer propia la pronunciación de Horacio <Carpe diem, quam minimum credula postero> en español se traduce “aprovecha el día, no confíes en el mañana”.

Acumular bienes y dinero es una batalla perdida, cada éxito se disfruta y se comparte con los seres amados. Es necesario no confundir los objetivos como algunas personas llegan a tergiversar el dicho “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, esto no significa realizar múltiples tareas extenuantes sin delegar actividades a sus compañeros de trabajo, al final de la jornada lo único que acumulan es estrés y mal genio. Aunque tampoco en válido excusarse al decir “más vale tarde que nunca” para justificar la pereza, falta de compromiso y desfachatez.

Hoy minimizamos los aspectos sencillos propios de nuestra existencia. La gente se grita, se empuja pocas extienden su brazo para levantar al caído, la tristeza se acumula, la esperanza se pierde en ciudades o países completos, entre escombros y casquillos son sacudidas por las pérdidas humanas. Cuántas veces se escuchan las voces de los que fueron privados de su libertad, lastimadas, sin derecho al alimento, entonces y sólo entonces por fragmentos de segundo nos sumimos en una profunda reflexión, después continuamos debatiéndonos entre quejidos y recuerdos difuminados. Está por demás angustiarse por comprar cacharros y baratijas, dejar de ejercer una profesión impuesta por los padres o la sociedad.

Carpe diem “aproveche el momento”, no me cansaré de repetirlo, no se trata de buscar libros de superación personal, yo respeto mucho a sus escritores y lectores, voy más allá de sumirse en lamentos y pretextar para no actuar, eso se llama falta de voluntad; el que siente rabia por no poseer cierto artículo de moda está perdido en su miseria espiritual. Desfallece cuando busca la aprobación de la sociedad; Facundo Cabral lo explicó de forma maravillosa: Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente.

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*Comunicóloga, responsable del área de difusión institucional de la UNIVA plantel Puerto Vallarta.