El eclipse oculta, pero enseña

Debemos  a   aquel   genio del  excelente  razonar   como  abogado, Dean Acheson, guardar   memoria  de  aquella   anécdota  del  coronel  Davenport,  uno  de los primeros  egresados notables   de la  Universidad de   Yale.

Escribió  Achenson:  “…el 19  de  mayo  de   1780 fue  en  Connecticut  Central un  día de  infausta  memoria. A mediodía   el  cielo  se oscureció  como  si fuera   medianoche. La   Cámara   de  Representantes, incapaz de  tratar   sus  asuntos, aplazó su  sesión  y los diputados  salieron  a las   calles  para  unirse  a  las  Cámara   Alta de la  Legislatura de  Connecticut se  presentó una  moción  de  receso.  Entonces, el coronel Davenport pidió  la palabra y  dijo lo siguiente: O  se  aproxima el  día del juicio  final,  o no   se  aproxima. Si se  aproxima, prefiero que me  sorprenda cumpliendo  con mi  deber.  Ruego, por  consiguiente  que  nos  traigan  las  velas, para seguir   trabajando”.

Cuando    la oscuridad  se  extiende y   el  temor nubla  el   entendimiento,

magnífico recordar  mentes  lúcidas  a  las que  un eclipse  no  interrumpe  su   correcto  pensar y  actuar.

¿Qué los  eclipses   traen  “anuncios” de  nuevos  males?  Sólo para  las personas  tontas   que  se  ponen  a mirar el  sol  de  frente, sin máscara de  soldador  protectora,  que  “porque  fue  apuesta  y  porque  así  ven los eclipses los  hombres”. Pero  en realidad  los  eclipses,  como  este  solar,  sólo  avisan  que la luna  se interpuso  entre  la   Tierra y el Sol.  Nada   de  que las mujeres   deban ponerse  llaves   de  portones   viejos   sobre  la  barriga  de embarazada.

Quienes  saben  platicar  de lo  que no   vieron,  dicen  que   los  hombres primitivos  se   aterrorizaban al   ponerse  el Sol,  dudando respecto a  que reapareciera   al día siguiente.  No  extraña que  en realidad  hayan  tenido  ese tipo  de  temores,   sin con todo los  años  vividos, antes  de  llegar  a  “hombres  primitivos” no  habían  aprendido por  experiencia  que  el Sol iba y  venía, por  lo que  no   era  pretexto aceptable    matar   a  alguien  para   que   de  nuevo saliera.   Tan  tarugos no  eran,  puesto que sobrevivieron.

Igual el  hecho  de  que este  eclipse  haya privilegiado, de  costa  a costa,  a Estados  Unidos con visibilidad 100%   en Oregon,  no  es  consecuencia del  odio que nos  tiene Donald  Trump, ni  por la  torpeza de  nuestros  diplomáticos  improvisados.   En México se percibió  parcial, no  porque  seamos pobres  y dejados,  sino porque  así  sucedió  Este  fenómeno.  A   Estados Unidos le   tocó  eclipse total,  a  México el  parcial.

¿Qué  consecuencias   debe  traer  el eclipse parcial? Ninguna.   Ni  siquiera   suspendieron  inicio  de  cursos  en  las   escuelas. Sólo  que a algún político se le ocurra la  forma  de cobrarnos “por habernos  traído el eclipse”, esto no debería perjudicarnos.

¿Anuncia una “Era de oscuridad”?  Es  un  eclipse,  no  es  Ernesto Zedillo.

Entonces,  como  dijo  el  coronel  Davenport: Prendan  la luz y  vamos a  trabajar.