De fogones y marmitasDe fogones y marmitasGente PV

Alrededor de una mesa

Los Viandantes de Guadalajara en una comida de fin de año con nuestras esposas de invitadas.


Por Héctor Pérez García

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“DEBEMOS BUSCAR ALGUIEN CON QUIÉN COMER Y BEBER ANTES QUE BUSCAR ALGO QUÉ COMER Y BEBER, PUES COMER SOLO ES LLEVAR LA VIDA DE UNA BESTIA.” EPÍCURO.

El hombre es un animal gregario por naturaleza y es la razón de que busque encontrarse en grupos, sociedades, asociaciones, etcétera, donde alrededor de una mesa comulgue con sus pares, y mientras come y bebe satisface no solo su sed y apetito, sino también esa urgencia innata de comunicarse; de ver y ser visto, de hablar y escuchar, de juzgar y enjuiciar, de criticar y ser criticado. Después de todo, esta característica es la que lo separa de los animales.

Pero el mundo está lleno de huérfanos de la comunión; hombres que no pertenecen a clubes, asociaciones o sociedades formales, de las cuales son excluidos por los altibajos de la sociedad en la que viven. Esos desamparados sociales son los que llenan las bancas de los parques, acuden a las cantinas; a los “pub” o a los bares; son gentes solitarias en busca de compañía y reconocimiento.

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La necesidad de pertenecer.

Desde un punto de vista filosófico, todos los animales parecen perfectamente felices porque la naturaleza satisface todos sus deseos… o mueren. El problema de la felicidad humana sólo se presenta porque el hombre tiene deseos complicados, tal vez una ambición, un deseo de encontrarse un propósito en la vida o una necesidad imperiosa de pertenencia a algo o a alguien.

Es frecuente que el hombre se engañe a sí mismo cuando en busca de satisfacer esa necesidad de comunión cree encontrar amigos, pues la verdadera amistad es un eufemismo difícil de hacer realidad. Los amigos, dicen los franceses; son como los melones: hay que probar cien para encontrar uno bueno.

Es en esa búsqueda eterna del sentido de pertenencia; del deseo de compartir y del placer de comer y beber que en toda la historia de la humanidad se han formado grupos de hombres o mujeres, que en todo el mundo; en ciudades, pueblos y aldeas, se reúnen para comulgar.

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Los viandantes

Uno de muchos de esos grupos surgió hace casi 50 años en la ciudad de Guadalajara: los Viandantes.

Los Viandantes en Guadalajara es uno de los grupos de amigos que con 49 años de reunirse mensualmente a departir alrededor de una mesa, solamente la muerte los ha separado. La amistad, el respeto, la cultura y la gratitud, son las divisas de este pequeño pero grande grupo de amigos (no más de 20). Es el grupo de Los Viandantes un ejemplo de la asociación espontánea y natural del instinto del hombre; ciudadanos de diferentes orígenes, posición social, condición económica, religión y política, se sientan juntos alrededor de una mesa a comer bien, beber mejor y en un marco de respeto, tolerancia intelectual y sentido de la amistad, intentan arreglar el mundo.

Por los Viandantes de Guadalajara han pasado intelectuales, escritores, gobernadores, políticos honestos <que sí los hay> periodistas, empresarios y amigos con quienes nos hemos tropezado en la vida. Una nueva generación campea y llena el vacío de los que se han ido. Jóvenes cincuentones que se incorporan como segunda generación de sus padres.

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Los viandantes de Vallarta

Hace poco surgieron Los Viandantes de Vallarta a semejanza de los de Guadalajara, no somos muchos (no más de 10) pero somos los que estamos. No buscamos protagonismos; encontramos amistad, gratitud y respeto. Sobre todo respeto por la comida y bebida y para nosotros mismos. Queremos ser pocos porque sabemos que en la pequeñez está el mérito.

Como un Quijote colectivo se abordan temas, tópicos y asuntos; reales o ficticios, con el ánimo de ofrecer soluciones; con una mentalidad plural y objetiva se trata de arreglar el mundo en un ejercicio periódico que ¡oh ironía!, al final de la comida seguirá igual. Algo dejan estos ejercicios, que destilados por el tiempo se recogen en los corazones de los asistentes en forma de amistad; amistad sin tapujos, sin intereses, sin condiciones; sin desviaciones partidistas ni insinuaciones inconfesables.

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El infaltable respeto

Es evidente que la cohesión de un grupo de amigos de tal longevidad ha sido el respeto. Respeto en toda la extensión del concepto: por las ideas, por las palabras, por la persona, por el momento. Pero también ha contribuido la expresión de la cultura que se manifiesta en el dar y enriquecer; en ofrecer el ser mejor mañana que hoy.

Con frecuencia se confunden los fines y la filosofía de los grupos, pues para ello existen Clubes, Fraternidades, Gremios, Asociaciones, Sociedades, etcétera. Y en esa confusión se pierden de vista las normas que deben regir toda convivencia humana. No es cuestión de formalidades, es asunto de orden. Si en los gremios se reúnen con intereses económicos en los grupos afines debe privilegiarse la amistad. Todos los socios deben ser amigos de todos y no sólo de unos cuantos.

Hay una gran diferencia entre asistir a la reunión de un grupo cuyo ambiente es similar al de una cantina de barrio y escuchar majaderías y ofensas; donde se acaricia el vicio y la bajeza humana, a participar en un simposio donde se favorece la promulgación de ideas y florece la cultura en un marco de civilización. Rara es la ocasión que no salimos los Viandantes con un libro bajo el brazo; no un ejemplar adquirido en la librería, sino uno escrito por un Viandante.

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Unión de iguales

Vale la pena entonces reflexionar las formas en que esa natural afición por agruparse del ser humano, se manifiesta en nuestra sociedad. Algunos buscan consolidar una posición social que no tienen y se valen de otros seres sedientos de sentirse parte de algo  para constituirse en líderes de algo o de algunos.

Las instituciones crean grupos a dónde enviar a tantos menesterosos de reconocimiento social, y mientras, los partidos políticos inventan sectores, seccionales, y grupos de apoyo que mantengan entretenidos a los constituyentes, las organizaciones confesionales crean sus propias entidades que dentro, pero fuera, permiten la presencia de liderazgos semiindependientes que satisfacen a los seguidores de una fe que resalte su individualidad.

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Políticos y política

Y he aquí la política; concepto filosófico que tendría por objeto servir a la sociedad, y por tanto a la humanidad, pero que la incultura y la mediocridad la ha llevado a profundidades condenables. La política en nuestro medio y nuestros tiempos no goza de prestigio alguno, pues es sinónimo de engaño, mentira y desilusión. Es la política la puerta falsa para el enriquecimiento fácil; el tráfico de influencias y el manipuleo de las masas. Es por eso que los grupos políticos deberían ser solo para los políticos; lo demás lo contaminan.

La política practica el canibalismo y los caníbales también se comen a sus amigos. En la política se asciende pisando sobre la cabeza de los contrincantes y apoyándose en la sed y hambre de los desposeídos sociales.

La cohesión de un grupo de gentes afines en algún interés, sólo se obtiene con la claridad de un propósito y la definición de sus fines; bajo la conducción de hombres con solvencia moral y respeto por la ideas ajenas: eso es lo que ha hecho vivir a Los Viandantes por casi 50 años, un grupo de donde solo han salido aquellos que se nos han adelantado en la vida, y que guardando su memoria ejemplar nos inducen a continuar en el camino. Por añadidura: Los Viandantes comen y beben bien.

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El Grupo Tequilas

El Grupo Tequilas se fundó a finales del siglo pasado como parte del restaurante del mismo nombre. Con más de dos décadas de vida ha tenido altibajos al desviarse de su cometido inicial. No se concibió como un grupo de personas que se juntaran a comer y beber <lo cual se hacía con calidad y buen gusto>. Buscamos desde el inicio las manifestaciones culturales, y así cada mes teníamos un invitado que nos exponía sus propias experiencias sobre el oficio, profesión o puesto que le ocupaba en la vida. La mayoría de ellos se quedaba como socio previa aprobación de los fundadores.

De la misma manera buscábamos la filantropía, y una parte del pago por la comida se iba a instituciones de beneficencia como un regalo del Grupo Tequilas. El restaurante sacrificaba parte del costo para ese propósito y no  fue raro ver al tesorero acarrear colchones al algún asilo de ancianos. Todos eran amigos de todos y solo aquellos que lo fueran serían bien recibidos como parte del grupo.

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El autor es escritor  y analista de temas de turismo y gastronomía.
Sibarita01@gmail.com
Elsybarita.blogspot.mx