¿Dónde quedó eso de “ser modelo en modernización de transporte público”?

La  dura realidad del amanecer de  este lunes, con  gente   sin poder  llegar  a  tiempo a  sus   trabajos, junto a  sus muchachos sin  trasladarse puntuales  a  las   escuelas,  nos  regresó  a  la arraigada  desconfianza hacia   las promesas  de  políticos.

Porque los vallartenses   estábamos  en  que líderes  obreros,  añejos   concesionarios  y  altos   funcionarios  de movilidad   estatal, habían  desde  hace tiempo  llegado a un importante   acuerdo   para  transformar   la  chatarra  rodante que  avergüenza  a   nuestra ciudad, por un  sistema  actualizado, digno  y  humano  de  transporte   colectivo que  “sería el  modelo  para  las demás  ciudades  de  Jalisco, incluyendo Guadalajara”.

Que  unidades  nuevas,  de  esas para  transportar  personas,  utilizadas   en  cualquier   ciudad del   mundo; aprovechamiento  de  la  tecnología   para obtener  puntualidad, eficiencia  y  seguridad; sistema actualizado de  pagos  para evitar   distracciones de  los  conductores;  conductores aseados,  correctos, preocupados en  servir  a los  pasajeros de los  cuales  viven,  etc., etc. Todo eso  y más. Y Puerto Vallarta iba a ser  primero.

Promesa  de político.  En  este  caso,  del gobernador de  Jalisco,  Aristóteles  Sandoval.

Juntas  y  más  juntas.   Revisiones y  más   revisiones.  Listas  y más  listos.

Confrontaciones   y  reclamos. Hasta   eso,   tema siempre había   y  entretenidos   estábamos.

Así  pasaron  dos, tres,  cuatro, cinco, seis, siete semanas  y en lugar  de las   nuevas unidades, nuevas rutas, la  “ruta-empresa”,  duelo  por  el fallecimiento de un protagonista   importante    clave  para  la innovación.  De   ahí  en adelante,  pareciera  que  todo  el   proyecto modernizador   de un  gobierno,  dependía   de una persona  y de  una  persona   ajena     a   él.  Porque  llega  el  impactante  reinicio  de  clases y todo es  más  de lo mismo… y peor. En Ixtapa,  45 minutos para que pase un  camión, del que  sea,  aunque   resulte  indigno para la  transportación  adecuada  de  humanos.

El  transporte público, además  de ser una  vergüenza para  ciudad   destino turístico internacional,   ahora  es  también  insuficiente:  ni siquiera “eso” pasa con regularidad para   trasladar  a   gente  urgida  de trabajar  y  cumplir.

Obligación  es  del  gobierno  del estado  de Jalisco, proporcionar  a   vecinos y  visitantes  de Puerto Vallarta   un  sistema  eficiente, seguro, actualizado, accesible de transporte   colectivo.  No tiene que ponerse  de  acuerdo  con  nadie.  Es  su responsabilidad   y  debe  tener con  qué   cumplirla.

De  otros  tiempos  y circunstancias  políticas   era lo de entregar    en concesión  el servicio,  para dar más   poder  real  a  los grupos políticos sostén del  sistema.  El gobierno  ni  siquiera  aprendió  cómo cumplir con la  obligación  y  cuando  por  alguna  circunstancia   tuvo que  abrir línea en algunas  ciudades,  este   sistema   de  empresa  del gobierno  terminó  en  quiebra, endeudando   más  a la población  a  la  cual  se  suponía   iba  a servir  y mejorar.

Hoy  de  plano, la  respuesta   a la  responsabilidad   es   entregar  el servicio  a quienes  le  saben  y le  ganan  como negocio; pero eso  sí,  con la firme  promesa   de que ahora sí tratarán  con  justicia   a   operarios y  pasajeros. ¿Por qué?  Porque con  la  tecnología  ya no  podrán seguirse   comportando  como  acostumbran. ¿Será?

Bueno  sería   probar  el  proyecto modernizador  del   gobierno. Pero  resulta  que quedó  en “promesa  de político”.

Y ahora  estamos  en la  triste  condición   de suspirar  por  la  chatarra   rodante,  los   camiones  atascados,  el  maltrato  y todo  cuando  nos  hacen, con  tal  de que  siquiera  pasen  a  tiempo  normal.

Ni en  cuenta nos  toman  a los   vallartenses.  Los  vallartenses no nos  damos   a  respetar.