Aprendiendo a ser FelicesAventuras de un pintorGente PV

Realidades Alternativas 29: Sin Internet

Me entregué al extraviado arte dolce far niente, el agradable hacer nada. No había que funcionar a esa velocidad que nos lleva a los límites de lo humano y nos excede de lo cómodo.


Por Federico León de la Vega

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Hace unos días, al dar click para enviar un email, resultó que no pasaba. Probé a resetear mi computadora, luego intenté entrar a Youtube, a otra página… nada. ¡Estaba sin internet!l Tomé mi cel y probé whatsapp, luego messenger…tampoco había wifi. Llamé a la compañía. Tuve que escuchar varias grabaciones de menú y picar muchos botones para finalmente enterarme que el sistema se había caído. Al principio me puse tenso y pensé en los trastornos y atrasos que esto me ocasionaría. Llamé entonces a un amigo. El teléfono sí servía. Tampoco él tenía servicio. Bromeamos un poco y, luego de terminar llamé a otros dos amigos, uno en Guadalajara y otro en Mascota. ¡Tampoco tenían servicio!

De pronto comencé a experimentar una sensación de relajamiento que llevaba largo tiempo sin sentir: no estaba yo “en línea”. Tal vez no había nadie en línea en todo el estado de Jalisco, quizá en todo el país…¿o en el mundo? Elucubré rápidmente sobre la posibilidad de que un pulso electromagnético hubiese acabado con la red. Descarté esa hipótesis porque la mayoría de los aparatos eléctricos seguían funcionando. Finalmente, me entregué a la paz que solía yo sentir antes de que estuviésemos conectados 24×7. Me puse a leer mis libros, a platicar con mi esposa, a soñar despierto, a pintar y a darle un largo paseo a mi perra.

Me entregué al extraviado arte dolce far niente, el agradable hacer nada. No había que funcionar a esa velocidad que nos lleva a los límites de lo humano y nos excede de lo cómodo. Nadie me llevaba ventaja, no tenía que competir, no sentía esa ansiedad de estarme perdiendo de algo; había receso y me podía salir de la competencia. Recordé las palabras de Ernesto Sabato en La Resistencia: “El hombre no se puede mantener humano a esta velocidad, si vive como autómata será aniquilado.” Aunque ya lo sabía, ya lo había concluido y ya lo había leído,  pude por unas horas experimentarlo en vivo.

Desde luego ahora ya ha vuelto el internet y ha retornado la carrera de la productividad. Sin embargo, me he hecho el propósito de quedarme atrás, de encontrar una vez más el modo de escapar la vorágine, de no participar ahora en la carrera de ratones cibernéticos.

Recuedo que dejé la CDMX y vine a Vallarta para tener más tiempo de disfrutar la vida,  de pensar, de dedicarme a actividades creativas. Y por un tiempo lo había logrado. Sin embargo nada se queda estático, todo cambia y los cambios son cada vez más rápidos. El progreso nos ha alcanzado también aquí, nos hemos “acapulquizado”.

Es hora de volver a entrar en la realidad alternativa que ya había yo entrado. El problema es que cada día es más difícil encontrar otras ciudades con un estilo de vida tan benévolo  como el nuestro, o el que era nuestro. La solución tal vez sea promover un cambio de conciencia, una apreciación de la vida cotidiana, sin tanta tecnología, en la que nos encontremos con las personas en persona y platiquemos fuera del chat, sin oprimir botones, sin tener otra conexión que nuestra propia voz, viéndonos a los ojos y estrechando  manos de piel, sin emoticones.

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