Trabajar en nuestra identidad: la raicilla

En  estos  años, todos  los   mezcales  que  en la  República Mexicana  tenemos, trabajan  duro para  repetir  el  éxito del   Tequila  que es el antiguo “vino mezcal”,  basado en  el “agave azul  tequilana”.

El  camino  ya  está recorrido.   Enseñanzas   de cuanto se  debe hacer,  repetir, así como  lo que se  debe evitar,  están disponibles.

Ante  los precios y  aceptación   alcanzada por  el  Tequila, hay quienes  sonríen  cuando  se   habla  de que la  Raicilla  puede,  con  trabajo ordenado   y  tiempo,  repetir  el  hecho. No cabe   la  sonrisa, cuando se   ha  conocido  las que  pasó  el tequila   para   alcanzar calidad,  conocimiento  y prestigio de   aguardiente   excepcional.

Los viejos   de  la  región  recuerdan  cuando sólo   los  ricos  hacendados   tenían acceso   al  excelente  y  acostumbrado  aperitivo   de un buen “caballo”  de  tequila. Pero  en lo  demás no  se cuidaba  ni la  cantidad   de agave, ni los  más  elementales  tiempos  y  pureza  a respetar.  Peor las cosas  cuando , durante  la  Segunda Guerra   Mundial exportaron  supuesto  tequila en carros   tanque, para  que vaya  usted  a saber quién  le  añadiera   cuanto  le  viniera en gana,  tanto para  dar   aromas aceptables  en  otras culturas,  como  para  rebajar graduación  o  multiplicar los galones.  Todo  eso  trajo  desprestigio generalizado al  producto.

Largo  y  difícil fue el   camino para   acreditar  al tequila  pasadero,  para luego dar el  gran salto  a vender  calidad como   ahora  presenciamos.

Los  hacendados  tequileros  jaliscienses,   a  diferencia de  los fabricantes de  raicilla , eran  de los superricos   desde  el   siglo XIX:  los Cuervo, los Ruiz,  los Orendain,  los Sauza, los  Martínez,  etc. Dentro de sus familias  hubo siempre políticos  regionales influyentes,  gobernadores de Jalisco,  personajes  importantes  en los  diferentes  bandos ideológicos  que competían  los poderes. Sus  vinculaciones   con expertos  internacionales en el  ramo de los  licores  sucedieron también de   antaño. Aún así los  esfuerzos planeados, continuados  y  apoyados por   obtener   denominación  de origen,  defensa  de  la calidad  y  apertura   de   nuevos  importantes  mercados   viene   casi  del último  cuarto del  siglo   pasado.  Frescos están los proyectos  y  experiencias.  Viven  y  son generosos  los empresarios   empeñados  en impulsar la  identidad  regional,  ahora  mediante  el tequila, don  Javier Arrollo  Chávez y  don  Miguel  Ángel Domínguez.

Ni  que  decir: la  raicilla  es   parte  de   la identidad   regional.  Es la  bebida  local  que  merece  ser  cuidada,   adecuada  y  revalorada en  nuestros tiempos.   La hay  procedente de  las  montañas  cercanas,  así  como  de  las   tierras  costeras, con siglos   de  tradición  a  conocer  y  platicar como parte de  lo  nuestro.

La  experiencia dice  que  no  se  tiene que   dejar    en hombros  sólo  de los  fabricantes la  responsabilidad  de poner   al día  un elemento de la identidad  local. Es   un esfuerzo donde debemos  involucrarnos  todos, porque a todos   beneficiará  su  auge y reconocimiento   en  otras   culturas.