Con Trump: Pleitos de cantina

Donald Trump.


Apena que el presidente de Estados Unidos argumente como  algún vendedor de   aspiradoras, la noche   del   viernes, en  cualquier  bar  tipo  los de  “Homero  Simpson”.

El  recado que   mandó el  domingo pasado, agrediendo  de nuevo a  México  con los  prejuicios  usuales  que utilizan  cuando no  pueden  hablar   de  odio  racial directamente, por  fin  recibieron respuesta  de las   inclinadas  autoridades   mexicanas y  de los empresarios  nacionales.

Lo  primero  que le  contestaron  fue   que  el Tratado de Libre Comercio ya está negociándose, con las   formalidades  y representantes   adecuados, por lo que “el   Tratado no se  va  a discutir  por  Twitter”.  Algo de  sentido  común, frente a  las  vulgaridades  de Trump.

De   hecho  ya  pasó  la primera  etapa de   discusión. Ahora  en unos  días,  iniciará  en  México la  segunda.

Conforme a su estilo golpeador, Trump se lanza sin más contra México, para alimentar prejuicios y odios de quienes le siguen. Se ve que disfruta de aplicar medias verdades y grandes mentiras a quienes aborrece… es decir, a nosotros los mexicanos.

Repite la  exageración de “siendo México uno de los países con mayor crimen en el mundo”, así “a lo red social”, sin espacio para documentar o probar, lo argumenta para volver a lo del muro y de que en alguna forma lo pagaremos los mexicanos.

Trump  debería  saber  que  ahora  mismo, para  Cancún  hay  alerta, porque  el  índice   de   homicidios  llegó a  20 por cada  100 mil habitantes. Sí.  Pero  la  ciudad capital de  Estados Unidos,  Washington D.C. tiene  precisamente   índice  de  20 homicidios  por cada  100 mil habitantes.  Y Detroit tiene ¡50  homicidios!  por  cada  100  mil  habitantes; mientras   Baltimore  ya llegó  a  52. ¿Ver la paja en  el ojo  ajeno  y  no la  viga  que trae  atravesada?  No.  Simple  prejuicio, vulgaridad, arrogancia.  Lo  característico de  “la ignorancia  en el  poder”.

Respecto  a que   las  drogas   entran  a  Estados Unidos por su  frontera  sur,  ello  no  demuestra  que  sea   negocio  “de mexicanos”,  ni  que   la mayoría  no ingrese  a Estados  Unidos por  mar  o aire.  Sólo  en Estados  Unidos, saben  cuánta,  por dónde y   cuánto  deja lo  de  la  droga. Hasta  ponen a los  prestanombres   en la listas   de  “los más ricos” en revistas  especializadas.

En relación  a que Estados  Unidos,   compra  a “México”  más  de lo  que le  vende   y  ese  déficit  es insoportable para  ellos, nada más   hay  que apuntar  que  mediante el  Tratado de Libre Comercio,  Estados Unidos   “importa” de   México productos hechos  por  compañías estadounidenses   aquí, con  componentes  que   se  compran en  países  orientales “porque  es  más  barato  traerlos  que  producirlos”.   El  déficit de Estados  Unidos  con “México”  es  de  65  mil millones de  dólares. Poco  si  se compara  con el  déficit  de más  de  500 mil  millones  de  dólares que  oficialmente   Estados  Unidos  tiene con las naciones  asiáticas.  Pero  también: ¿cuántas  de  esas  compañías   chinas, japonesas, vietnamitas,  coreanas,  malasias  y taiwanesas   son de norteamericanos?  ¿Quiénes  industrializaron, modernizaron  esos  países?   Nada  más  falta  que se hagan  los  escandalizados  porque “Taco Bell”  les  venda  burritos.

Trump  es pasajero.  Una  horrorosa  caricatura  de  lo que un  “gobernante  derechista” puede significar.  Algo así  como  una  vacuna para   evitar  contagio de  las  tendencias   europeas  y  orientales hacia el  autoritarismo  nativista. Pero lo más   preocupante   es   lo  que  ha puesto en evidencia: mientras  el gobierno de  México nos asfixia  a los mexicanos   con sus  propagandas   indecentes  y  prepotentes, en  Estados Unidos   persisten  desde  hace  más  de  un siglo, prejuicios  raciales e ideológicos   absurdos  y  mas  que groseros   contra  México  y los  mexicanos, sin que  haya  trabajo  de   persuasión  para  aminorarlo o  desterrarlo.

Ahora mismo no hay un plan  para  contrarrestar   los prejuicios   contra   México  y los mexicanos, evidentes en  esa parte  de la  población  de Estados Unidos. Si Trump  queda  bien ofendiendo a   México, en lugar de  provocar   el  normal vómito ante   sus   majaderías,  engaños  e  insolencias,  está probado que   tenemos un  problema. Que  persisten  los prejuicios  y  hasta odios   que  se suponía   superados    y  a los que  es  necesario combatir  de  aquel  y  de  este lado de la frontera.