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Un mercado de abastos para Puerto Vallarta

Las Comer, Sorianas, Sams, Depots, Wall Marts y otros, además de acabar con el pequeño comercio barrial (misceláneas y tendejones) se llevan una buena parte del gasto turístico.

Por Héctor Pérez García

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UN PUEBLO QUE NO PRODUCE PARA ALIMENTARSE JAMAS SERÁ LIBRE.

Hace algunos años un grupo de ciudadanos organizados en cámaras y asociaciones, sociedades de profesionistas, ecologistas y público en general, apoyados por el Centro Universitario de la Costa, tuvimos una serie de reuniones de trabajo con el propósito de coadyuvar con las autoridades municipales en la elaboración del Plan de Desarrollo Urbano de la ciudad.

Las autoridades, en cumplimiento de la ley, habían organizado una consulta pública para que la ciudadanía opinase sobre el proyecto de Plan de Desarrollo Urbano, sin embargo, la metodología aplicada no convencía a la sociedad organizada. Fue así que se decidió trabajar por separado, pero incluyendo a la ciudadanía en general y a las propias autoridades en particular. Se trataba de evitar que se aprobara un PDU acomodado a lo que se veía venir: cambios de uso de suelo y un crecimiento sin desarrollo.

Los trabajos se llevaron a cabo por temas específicos a desarrollar por pequeños grupos liderados por un especialista. Las Mesas de trabajo presentaron sus conclusiones -léase recomendaciones- al pleno participante incluidas las autoridades municipales, quienes fueron invitadas. Una de las Mesas de trabajo, en la cual participé junto con otros prominentes ciudadanos preocupados por su ciudad, se encargó de redactar y proponer un decálogo que enunciara los diferentes conceptos que deberían de tomarse en cuenta para que, a través del PDU pudiéramos alcanzar un día “La ciudad que queremos”.

Entre las necesidades que fueron identificadas para la ciudad y la región durante el ejercicio mencionado, vale recordar dos que tienen que ver con la alimentación y con el desarrollo agropecuario; es decir, con el fomento a la economía y la alimentación de la población. Obligaciones ambas de cualquier gobernante en cualquier parte del mundo.

Se recomendaba designar tierras y fomentar los cultivos de insumos que requieren restaurantes y hoteles aprovechando las fértiles tierras del hermoso valle de Ixtapa. Otra de las recomendaciones fue la promoción para que la ciudad contara con un verdadero Mercado de Abastos, cuya influencia pudiera alcanzar las zonas urbanas-turísticas al norte del río Ameca.

Estas y otras muchas recomendaciones y opiniones fueron entregadas a las autoridades municipales a través de los diferentes organismos sociales, cumpliendo con las fechas establecidas por la convocatoria oficial. También cumpliendo con los tiempos oficiales, las respuestas a nuestras sugerencias fueron recibidas en documentos llenos de tecnicismos, lenguaje incomprensible y vanas promesas. Todo fue ignorado olímpicamente por el gobierno en turno.

Afortunadamente, para alguna ocasión futura, cuando Puerto Vallarta tenga un gobierno realmente preocupado por su futuro, o simplemente para la historia, el Centro Universitario de la Costa tiene todas las grabaciones y filmes de las sesiones de trabajo más importantes.

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Una necesidad creciente

El tema del Mercado de Abastos vino a mi mente por lo que sabemos se hace en otras partes del mundo, y porque es evidente cada día más que una población conurbada que pronto alcanzará el medio millón de habitantes lo requiere para llenar sus necesidades.

Si tan solo nuestros gobernantes reflexionaran sobre las condiciones que privan en el territorio que administran y gobiernan, otro gallo nos cantara. Tenemos un valle regado por dos ríos, que prácticamente no producen nada de lo que la industria turística necesita. La mayor parte de los insumos de verduras, legumbres, frutas, cereales, etcétera, es traído por intermediarios que hacen más cara la materia prima, y por ende repercute en los precios con lo cuales competimos en el mercado internacional. Si la región contara con un Mercado de Abastos y se promoviera que agricultores locales y vecinos trajeran sus productos más cerca del consumidor, es indudable que sería una manera de impulsar la economía agrícola y urbana.

Fuera de eso, las autoridades no han mostrado algún interés en dotar a la ciudad de un gran mercado de productos frescos donde los hoteles, restaurantes y amas de casa pudieran acudir a adquirir mejores productos que los supermercados y a mejores precios.

Aprovechando la censurable omisión de las autoridades, nuestra ciudad ocupa el primer lugar en metros cuadrados de supermercado por habitante entre las ciudades del país. Es decir, empresas de fuera (que se llevan sus utilidades) se comen la mayor parte del pastel.

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Los productos agrícolas de Francia

Cada año, por estas fechas, se lleva a cabo en París, “El Salón Internacional de la Agricultura” y en sus instalaciones, en una serie de pabellones, el cuerno de la abundancia de los campos franceses se vacía. Lo mismo sucede en “La exposición Internacional de los animales”, donde uno puede caminar y admirar las mejores razas de ganado de carne y lechero que provee las mesas de los franceses con más de 400 tipos diferentes de quesos, sin embargo, lo más interesante para el ciudadano urbano es el “Pabellón de los productos alimentarios”, cuyo eje central gira alrededor de “Los mercados de las Provincias de Francia”.

Uno camina a través de los puestos, cada uno representando una provincia, con exhibiciones y degustaciones de todo tipo de productos: miel en panal del Valle del Loire, Pollo de Bresse en borgoña; Calvados de Normandía; sidra de Picardy; salchichas de Aquitania, Alsacia, Bretaña y Limousin; las amables aceitunas verdes de Languedoc Rousillon; las terrinas de conejo de Franche-Compté, y por todas partes panes, los gordos espárragos blancos y los quesos azules con su característico olor fuerte.

El “Salón” es una oportunidad única para degustar los productos alimenticios franceses en todo su esplendor y variedad, ya que detrás de cada puesto provincial se encuentran los restaurantes regionales; bistros temporales pero atractivos que lo mismo ofrecen frutillas que pasteles de Flanders Artois, ron y frutas de la isla Guadalupe en el Caribe, Tripes a la mode de Caen, y terrinas de ganso, liebre y cerdo salvaje de Normandía, sin mencionar salchichas y embutidos de todas partes.

Y si usted es uno de los afortunados que visite esta exuberante muestra de los productos de la tierra y del trabajo del hombre, no ose abandonar sus instalaciones sin probar el Pruneaux a la Armagnac, que se supone es originario y orgullo de Midi Piyrenees, pero que de seguro es un producto que viene de más arriba.

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Los productos agrícolas de la región

Da pena, cuando en ciertas ocasiones se exhiben en el portal del palacio municipal algunos productos agrícolas de la región. Sobresalen ciertos vegetales cultivados por un ciudadano de origen oriental. Es posible que los hijos de los viejos campesinos hayan sido seducidos por el glamour del turismo y sus tierras antes fértiles hayan quedado a merced de los voraces fraccionadores y en vez de legumbres se cosechen ladrillos y cemento.

Nuestras autoridades no han comprendido que no es suficiente con atraer turistas y visitantes a que gasten sus divisas en nuestra ciudad, es menester también procurar que aquí se quede la mayor parte de ese gasto. Para ello habría que fomentar actividades acordes. De lo contrario, las Comer, Sorianas, Sams, Depots, Wall Marts y otros, además de acabar con el pequeño comercio barrial (misceláneas y tendejones) se llevan una buena parte del gasto turístico que como dicen los rancheros; “Nomás no nos luce”.

Sería muy beneficioso tener y gozar de un Mercado de Abastos con productos de la región.

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Las autoridades no han mostrado algún interés en dotar a la ciudad de un gran mercado de productos frescos.

El autor es escritor y analista de temas de turismo y gastronomía.
Sibarita01@gmail.com
Elsybarita.blogspot.mx