Atar la rataGente PV

Palabras preliminares

La literatura se resume en ocho temas y dos de ellos tratan sobre la búsqueda del padre o la relación con los hijos.


Por Juan José Mérida Cruz
Director de Marejada.mx

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Escribir para los hijos es una tradición recurrente: lo sé por Los oficios de Cicerón y por Mrs. Caldwell habla con su hijo de Camilo José Cela. A pesar de los intentos, si nos detenemos a analizar, la literatura se resume en ocho temas y dos de ellos tratan sobre la búsqueda del padre o la relación con los hijos.

Están los casos donde los hijos hablan de sus padres. En la previa a cumplirse una década del fallecimiento de su padre, Orso Arreola, hijo de Juan José Arreola, hizo un diorama de su padre en el libro El último juglar. Familia epistolar los Arreola, Orso tuvo suficiente material para hablar bien de su progenitor; yo no pido tanto cuando tenga un hijo, acaso que no se convierta en lo que siempre he detestado.

Por eso me llama mucho la atención la anécdota de un escritor chino -Lu Hsun (?)- que pidió que si su hijo no demostraba talento para las letras se le evitara seguir con el oficio del padre y que aprendiera cualquier manera digna de sostenerse.

Me recuerda que a su modo, mi padre también quiso enseñarme una manera digna de vivir, pero no la terminé de entender. Ahora yo intento no repetir la historia, quiero transmitir/dejar un mensaje y llevo un diario en una Moleskine. Me gustaría pensar que a un hijo mío (por ahora hipotético) le puede ser útil.

Vademécum para elegir equipo de futbol; hacerse de una nostalgia a tiempo, cualquiera; sortear las continuas depresiones; aprender lo que no se debe hacer en el oficio, etcétera.

Quizá este hijo hipotético no encuentre lo que más le interese cuando más me necesite. Para eso tengo excusa: de mujeres sé poco y eso nos viene de familia. Es el leviatán al que nos hemos enfrentado y terminamos haciéndonos de rupturas. Por mucho creo que el destino no cambiará. En cambio, tengo otro consejo al que pudiera asirse: una perfecta prestidigitación para el sexo ocasional.

Espero que si llega a ser escritor, de acuerdo a la usanza, mantenga bien escondido ese texto donde insinúe un parricidio: “no vaya siendo”.