¿Qué ganaron? ¿Qué ganamos?

Con  toda  la orquestación  de campaña  de propaganda obvia,  en la Ciudad  de  México  y  en Guadalajara, dieron inusitada importancia al  fallo de  la Suprema Corte  de Justicia,  dando  por buena la reforma a  la  ley  que  en  Jalisco para reducir financiamiento, a   través  del   gobierno estatal a los partidos políticos.

La idea no es que los partidos políticos sean independientes, auténticos, dejando de ser todos “lo mismo y con los mismos”. Tampoco que cada partido se sostenga con el dinero que deben aportar los políticos que se enriquecieron o enriquecen en forma indebida. La  idea  es  más modesta y  baste  oficialista:  que  en lugar   de  que los   partidos gobiernos   reciban  del  gobierno  del  que  dependen,  cantidades  según  la lista oficial de   posibles votantes, lo  hagan   conforme  a  los  votos   que les  asigne   el organismo  oficial  encargado de   operar las votaciones.  A la  idea le llaman  #Sin Voto no  hay Dinero.  Originalmente  fue  presentada por  el diputado  sin  partido,  Pedro Kunamoto,  y luego  adoptada y  reforzada  por   el  gobierno de  Jalisco  que  la hizo  aprobar   en el Congreso del Estado.

Eso de   recibir dinero por  el gobierno, según  los  votos  que  les asignen  los institutos  “electorales”  y  no reparto  del   montón  que saca  “credencial  para votar”,  no para votar sino  para identificarse, porque es  la que reconocen  en   bancos y  oficinas públicas, les desagradó a los  cínicos  del  Partido  Verde  Ecologista, a los de Nueva Alianza  y  a Morena  que  también  es partido  e igual  del  gobierno. Ellos  acudieron a   la  Suprema Corte  de Justicia  para anular la reforma a la Constitución  del Estado de  Jalisco.  La  Suprema Corte  se negó a  anularla.

Ahora otros  Estados  de la  República podrán  cambiar  el  financiamiento  que  también  dan  a los  partidos  políticos,  condicionándolo a los voto   que  les  reconozcan.

Pero  como los partidos  políticos  también reciben dinero -y   mucho  más   del  gobierno federal- éste podría bajarle   al  encaje,  adoptando  también  eso  de   darles   a  sus  partidos, conforme a la cantidad  de  votos   que   les reconozcan  en la  votaciones  de  cada   seis años.   Si  cuando  mucho  se atreven a  decir  que  vota  la mitad de la  lista, de  entrada   dejarán  de  darle la  mitad de lo  que  ahora  reparte  el  gobierno  federal  entre sus partidos. Pero  además,  si  reparte, conforme a  la  cantidad  de  votos  reconocidos, se   crearán  inconformidades   con  sus  paleros, porque  aparte  de no  darles el  poder o retirárselos, les  restarán  también el dinero que  ahora alegremente  se  reparten.

Es decir  que  la  tan  cacareada “#Ley  Kunamoto”, para nada  toca,   ni  cuestiona, ni  afecta   el  monopolio político del actual gobierno. Sólo  intenta bajar lo que  los   gobiernos de los  estados  tienen que  darles   también  a  los partidos  políticos del gobierno federal,  así  como  a los “independientes” a  quienes  les  ordenen.

Por supuesto que  ese  “ahorro” no  será  este año,  ni  el  siguiente  en  que hay  “elecciones”.  Podrá  funcionar   hasta  2019  y  significará unos  180 millones  de  pesos  al  año,  lo  que  es una  vacilada, una  burla, considerando que  ahora mismo la farsa  de las   votaciones  costará  a los  mexicanos  25 mil millones  de pesos, de los  cuales  6 mil 778  millones  de  pesos  son  para  repartir  entre  todos los partidos  y “movimientos”,  porque  todos son  del gobierno. Todos son  lo  mismo,  de los mismos  que  saltan como  chapulines de   cargo en  cargo y  de partido a partido, como  López  Obrador   o como Enrique Alfaro.

¿Tanto  grito  por 180  millones  de pesos,  ante  los 6 mil 778  millones  de pesos  que el  mismo año  entregará el gobierno  federal  a  los  mismos partidos, es   burla  para los ciudadanos?

¿Qué  gana la ciudadanía  con  la  resolución de la  Suprema Corte? Nada.  Si  acaso dejarán  de  quitarle  180  millones, mientras en  México  le   tumban  6 mil  778 millones  para mantener  a  todos  los  partidos  del monopolio,  digamos: “El PEMEX  POLÍTICO del  Presidente”.

El  verdadero problema  es  la   Dictadura   Perfecta. El  monopolio político  que  niega  oportunidad  a la  democracia,  evita “legalmente”  que  se organicen y  funcionen  partidos  políticos  fuera  del estricto  control del  gobierno -centavo  a  centavo y  decisión por  decisión-;  y hacen que  las  “elecciones” sean  una  carísima   farsa  que  ya ni  ellos mismos  cuidan en sus  formas poniendo cada  día más en  evidencia  la gran  verdad: “son  los mismos,  hacen   lo de siempre y roban de  donde  mismo”.

Entonces: ¿Qué presumen?