El “libro de Trump” que no escribió Trump

Donald Trump.

Por Gregorio González Cabral

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Desde  1987   la Editorial  Grijalbo   imprimió  y  vendió  en México, unos tres mil ejemplares de  “El arte de la negociación”, traducción  de la  obra que  en inglés   había  lanzado al mercado  “Random House”  en  Nueva  York,  con  el  título  “Trump  The art of the deal”.

48  semanas   en la  lista  de  los libros más   vendidos, en  Estados  Unidos, según  el  muy  prestigiado  suplemento  de “The  New  York  Times”. Lanzamiento  de Donald Trump a  la  fama.  Después hizo la serie de  televisión  “El  aprendiz”, donde hizo  popular la  frase  “!Estás  despedido!”.

En  la portada   del libro aparecen  como  autores: Tony Schwarts  -en pequeño- y  Trump -en grande y  a  todo color-.  Pero  la  verdad  es   que  Trump  no  sirvió   siquiera  para   tener  la  fuerza  de  voluntad   y cumplir  con  las   duras sesiones   de  preguntas  y  respuestas  con  el escritor. No escribió; no  colaboró.  Por eso Schwarts  se  llevó  y  se  lleva  la mitad de las   ganancias   que  deja  el libro  que ahora   vuelve  a llamar la  atención. Schwarts   que ganó  más   del millón  de dólares con  eso de Trump, declaró el año pasado a  la revista “New  Yorker”  lo  siguiente: “Le  puse  lápiz  labial a un  cerdo”.

Porque aun  cuando  Trump  también  es  un fraude  como  autor,  el hecho es que  Schwarts  fue  tan  profesional  al mostrar  a Trump “vanidoso, combativo, ambicioso, atrevido y  descarado” que  a   Trump  le  encantó e hizo  suyas las  frases   que  Schwarts  recuperó  al escucharlo en   sus observaciones ,  descubrir su  forma  de operar y   relatarla  sin  máscaras  ni  adornos.

Nada  que  no  haya sido  dicho una y  otra  vez por  los  expertos  en negociación: no  mostrar  demasiado  interés e incluso  demeritar  “si es que no se  pretende revender  el  caballo” y ser   agresivo  desde el principio, para amedrentar al  interlocutor.

Trump  presume que  la  habilidad  para negociar  nada tiene  que  ver  con estudio,  saber  o  aprendizaje: “…no  es  cuestión de intelecto. Algo de   inteligencia  si es necesaria, pero lo más importante  es el  instinto… pero muchos  que tienen  esos  instintos no  lo  sabrán  nunca porque  les  falta el valor  o la  suerte para   descubrir  sus posibilidades…”.

Por  supuesto que para   desempeñarse  como  presidente  de  Estados  Unidos -en  caso de que en verdad  le dejaran asuntos a  decidir-,  eso  que le  fue  efectivo  tratar  por  teléfono  a por Twitter  para  dinero mediano, no le  servirá cuando hay  que  enfrentar   expertos  en   varios  idiomas,  culturas, convicciones y complejidades   que  exigen saber   y  oficio.

Pero Trump  no  es  Raúl Castro,  de  Cuba,   que tiene  obligación  de  buscar  a  cuál  pariente  le  encargará   hacer la  comida sin veneno o   llevar  a  cabo operación a  corazón abierto.  Trump  apenas  resuelve  respecto   a  quienes  tiene  peleando entre  sí  en  un ala  de la  Casa  Blanca. No atiende   ni  respecto a  los zapatos   que  debe llevar  su  mujer a los lodos  de las inundaciones de  Houston. Es una caricatura burda y cruel de un “Presidente de derecha”, tipo de  vacuna  para   quienes  persistían  en la  idea   de grandeza   americana, ligada  con  lo  agresivo,  vulgar,  golpeador,  mentiroso   y  burdo.

Es   más: no  tiene  facultades para   “salirse”  de  tratado comercial.   Por la Constitución  de Estados Unidos,  entrar o  salir  de  tratado  comercial es   facultad  del  Congreso.  El  Congreso se ríe   de  Trump. No  va  a hacerle  caso. Pero los  responsables  verdaderos  del  asunto, no dejarán  de   aprovechar los  desplantes   mañaneros   de Trump, para   facilitar  la  aceptación en  México y Canadá  de lo que, por  supuesto, ya  tienen más  que cantado. No están negociando   pacas   de  ropa  usada.

Trump  no sabe  de  economía, ni   le entiende  al  comercio  internacional. Dice  burradas esféricas. Pero no  lo tienen por eso.  Para  eso, Estados  Unidos y   sus  empresas dominantes   -que también  son “las   mexicanas”- tienen  a quienes  les  saben de sobra.  También tienen  en otros  países   a quienes estudiaron con  ellos  en Estados Unidos  y les  escuchan y  atienden  como antes  se  escuchaba  a  los  profetas.

Por  supuesto  que la  tontería  de la población  es infinita.  Más   gente toma  en  serio  a Trump   en Estados Unidos  que   aquí  mexicanos   toman  en serio  a  Peña   Nieto  ,incluso ahora  en  su  faceta  de  actor  de “anuncios políticos”.  A  esos norteamericanos  prejuiciados, aferrados a mitos por  ser  antiguos,  proclives   a   aceptar   explicaciones de “conjuras” para   cada  asunto  que ven mal,  está orientada   esta vacuna política llamada  Donald Trump. Esperemos no  tenga  necesidad   de  hacer   reacción  tremenda, como  la  de un pleito   de   locos     con    el  Trump  de Corea  del  Norte.

La  “ola  derechista”   en la política mundial,  también   nos  fastidia   a  los  mexicanos, con la  chilangada  suspirando por un  caudillo,  mano fuerte,  ex  priista, autoritario,  dominador,  imagen  soñada para sumisas y sumisos.

Todo por  miedo  a la libertad  y  a la  democracia.