Definitivo: Amor homosexual

Por Humberto Aguilar

“Busqué dar nombre a la selección de esta historia contenida en Don Quijote de la Mancha.

El título fue de última hora después de varias veces que lo he consultado con mi memoria y solo encontré la similitud en la época actual, aun cuando la referencia que hago ocurrió el siglo pasado”.

Definitivamente en “El  curioso impertinente” encontré la más rara forma de un amor homosexual de los viejos tiempos en donde Anselmo a toda costa quiso demostrar el amor que siente por su amigo Lotario a través de su propia esposa.

Se trata de una historia en la que dos amigos entrañables podrían haberse separado cuando Anselmo se casó y luego tramó la forma como quería demostrar a Lotario que lo amaba más que a su esposa.

Supuestamente trataba de poner a prueba la fidelidad de su esposa, cuando en realidad empezó a manifestar su inclinación homosexual hacia el amigo que nunca sospecho la verdadera intención.

Este episodio me hizo recordar una película mexicana que se llamó “Qué te ha dado esa mujer” en la que participaron Pedro Infante y Luis Aguilar. La trama es tan parecida que incluso igual que la historia del curioso impertinente nunca llegó a consumarse el encuentro homosexual manifestado una y otra vez como en la canción de esa película. Solo que al revés en lugar de cantarle a la mujer, le cantaba al amigo, hasta que consiguió que su esposa se entregara a Lotario vencida por la tentación.

La historia es digna de contemplarse para determinar que realmente se trató de un amor homosexual, entre Anselmo y Lotario.

Encontrar esta historia fue producto de la casualidad, en una noche en la que, sosegada la actividad quijotesa, en la calma de abundante cena, el ventero habló sobre tres libros y unos documentos que un viajero dejó a su cargo.

Esos tres libros fueron breve motivo de una discusión sobre si eran o no ciertas las aventuras de otros caballeros.

Nada hubiera trastornado la noche de no ser por unos papeles que le interesaron leer y contar al sacerdote Pedro Pérez, quien interesado en el título de la historia, la narró al grupo de acompañantes entre quienes se encontraban además, el dueño de la venta, su esposa, su hija e incluso la criada Mary Tormes.

Narrar así la historia, podría no ser tan interesante como lo es leer la narración, o escucharla, como fue la oportunidad que tuve en día cualquiera, de un mes cualquiera, en una tarde cualquiera.

Que por no ser una historia cualquiera, conviene leerla o escucharla de viva voz por quien la ha narrado para quienes como yo, gustan de escuchar la lectura.

Tan sorprendido quedé y quedaron todos cuando a punto de conocer el final, Don Quijote aun dormido, provocó revuelo en el sitio donde descansaba.

Fue tal el ruido, que el mismo Sancho Panza vivió la batalla que su amo tuvo con aquel gigante del que vio rodar su cabeza.

Sancho, entre emocionado y convencido de que la batalla contra el gigante era cierta, que incluso vio rodar su cabeza de ese certero golpe que Don Quijote le dio, más no logró encontrar esa cabeza, aun cuando estaba bañado por el producto acuoso que presumía ser la sangre del gigante.

Cerrado este episodio, que causó enorme coraje de La Ventera y de su Esposo, que de no ser por el sacerdote, ese final de la historia jamás se hubiera conocido.

De tal suerte que me he quedado asombrado por el final de esa historia del Curioso Impertinente.