Las obligaciones de los niños

Iniciamos el mes  en  que  nos  entra la preocupación por  cómo llegar  a  tener  un  mejor  país.

Porque  recordar nuestra   historia,  aún  la  de mentiras  que  según  eso  es   mal  necesario para  inflamar   orgullos y  alentar mitos, de  inmediato   vienen  las   preguntas obvias:  ¿por qué no  hemos podido resolver  lo fundamental: independencia, alimentación, seguridad, justicia?

Y al repasar los episodios   nacionales,  casi  siempre encontramos, en cada momento  definitorio, la  falta  de  compromiso   de  los  mexicanos   con  su  país. No  hay la idea arraigada  de que  cada  quien  tenemos  obligaciones  a  cumplir  con nuestro país, así  como   si  tenemos la costumbre   de   recordar  y  exigir   derechos.

Hay países,  sociedades, comunidades   donde  se  crece  con  idea  de cumplir responsabilidades   para  con  los  demás: se  tiene  que  participar  y  responder   a escuela, justicia, cultura   física,  apoyo a seguridad, avance  de  la   ciencias  y  las   artes, etc., etc.

Vemos  que  cada quien se   debe  dar    tiempo  y  destinar   recurso para involucrarse   en asociaciones, juntas,  comités, comisiones  y demás,  con  el fin de cumplir,  de  ser   persona respetable por  su  compromiso  y participación en los asuntos comunes. Lo ven como  una responsabilidad  a  cumplir,  no  como  las vulgaridades de  la “grilla”, la “influencia”, la simulación  para  servir   al  político  poderoso  que  presume controlar  lo  “ciudadano”.

Son  mentalidades  muy  arraigadas  en sociedades   donde  se  acostumbra criar  con  la idea de  que  a  cada derecho  corresponde  una  obligación. Igual hay  que pensar  y defender  con  todo los  derechos   que  se  tienen   que  hay   que  conocer  y cumplir las  obligaciones   correspondientes. Son   maneras de ir  formando a la  personas:  haciéndoles  tomar   en serio  derechos  y responsabilidades,  sin  aceptar  el  egoísta  aislamiento  y la  horrenda  indiferencia  de   quienes  no  se   entienden como personas   viviendo en  sociedad.

En  México  enfrentamos  una realidad   que  se  refleja colectivamente  en los  “ninis”,  los muchachos   que  ni  estudian, ni  trabajan.  Son  cientos  de miles  a quienes  no hay quién  los  haga hacer  algo útil para ellos y para los  demás.   Tienen derecho  a comer,  a  vestir, a  servicios  de salud, a oportunidades para   divertirse, pero   ni idea  de  responsabilidades,  de   obligaciones  que  deben  cumplir.

También otros  cientos de  miles  de muchachos  a quienes   la “edad  de  la choca” les llega  antes  y les  continúa por años y  años, incapaces  de  entender  y cumplir  con  obligaciones  elementales hacia  su  familia,  su  grupo escolar,  su  colonia. Ignoran  aquello  tan sabio de  San Pablo: “El que  no  trabaje  que no  coma”. Claro, trabajos  para niños   y púberes: aseo de su  espacio  hogareño  y  mejoramiento  de  donde  se  vive,  con apoyo  en  el mantenimiento, embellecimiento y cuidado de cuanto  se tiene a  servicio;  participación plena  en  el  proceso de  educación,  incluyendo la  colaboración  convencida  en  los  trabajos,  el respeto  indispensable   al  tiempo de  los demás   y  la  obligación de  ser   ejemplo, inspiración, empuje  para   el aprovechamiento de todos  en  la  escuela;  participación  en  equipos  deportivos,   musicales,  de cuidado y  mejoramiento del medio  ambiente en  compromiso  hacia la tierra   donde  se nace y  se  vive;  ayuda  a quienes no pueden  valerse por sí mismos  y que viven entre nosotros.

Son obligaciones  a  cumplir, junto al  reclamo  constante de los  derechos  de los niños  que  cada  día  crecen, conforme  la boca de  los políticos.

Ya  si  los niños tienen mucho  o poco  cariño  a  sus padres y hermanos, es extra,  es plus.  La  convicción debe  ser  que   se tienen  obligaciones  a cumplir para   con  los  demás  y  se  deben cumplir  bien,  sea cual fuere  el estado de  ánimo,  así  les  caigan  bien a “todo mundo”  o “nadie  los quiera”,   como suelen  sentir.

Como país, México  va  para  atrás  y para  atrás porque no  hay  quien  tome  en  serio  sus  obligaciones  para con  los demás… a ratos, ni  siquiera las obligaciones  de alimentar   a los hijos  que traen  al mundo  de  la manera  más  irresponsable.

Obligados tienen  que  ir  a  cumplir  sus obligaciones  elementales  con la patria. Obligados  a  aprender  a   organizarse  y  disciplinarse, en el llamado servicio militar. Triste es  recordar  que  fuera  de la población  porteña  veracruzana,  los invasores  no  encontraron  resistencia de  “ciudadanos”, porque no estaban  educados en  elementales  obligaciones,  porque  nadie había llegado  a  obligarles  a  hacer lo  que  cualquier persona  responsable  haría   ante su patria invadida.

Por  supuesto  que  a  estas alturas  no  se  trata  sólo de  enseñar a los niños lo  de  “a  cada  derecho, corresponden  obligaciones”;  eso también  hay  que enseñarlo a jóvenes,  adultos y  viejos, porque  la  indiferencia, el  valemadrismo  y  la irresponsabilidad  ya  son  asfixiantes.