Demostrar que ya somos civilizados

En  cualquier  comunidad  las  diferencias  son normales.  Se dan  a  cada momento. Donde  todavía no  llega la  civilización,  las  diferencias   tratan  de  resolverse   a  golpes… o con  las  armas  en mano.   Como  entre  las  bestias cuando sienten invadido  su  territorio  o ven  alguien  de un  color   diferente  que les  inquieta: le  gruñen, le  agreden,  empujan a los  demás  a  ofender  y  lastimar  al extraño.

Ahora  en  México  están  enseñando  a  los niños  a   resolver diferencias    mediante   el diálogo   o  acudiendo al  superior -a  la  autoridad que  se  encarga  de  la  justicia- para  que  resuelva   la  controversia. Pero nada de  enseñar  el cobre  agrediendo a lo  salvaje   a  otro humano;  nada  de alentar   a los demás  a  agredir; nada   de   organizar  linchamientos  contra  los  de  otro  color.  Porque  ese  tipo de  conducta, espanta  a quienes  están  acostumbrados  a  vivir  en  ambiente civilizado, donde  la  agresión y  la  violencia  son  condenados por mostrar  un  retroceso  de  los  humanos  a tiempos   de  las  cavernas.

¿Quién, en su  sano  juicio,  va a pagar  por  venir  a  ver  comportamientos  primitivos,  agresiones majaderas,  amenazas   sorpresivas   e irrespetuosas  hacia quienes  oyen y  ven  tamaños  desfiguros   en  sitio  desarrollado  y donde  se  supone  impera el  Estado de Derecho?

Los  turistas, visitantes  nuestros,  vienen  a   disfrutar  y  descansar. Presenciar  conductas  primitivas no  es parte  de su idea    de  “turismo de  emociones”; por lo contrario  le  hace  dudar si eligió  bien  el  destino   o  a  dónde vino a caer con  su familia entre   gente que rechaza el comportamiento civilizado.

Los  jueces  están  resolviendo, ahora  mismo,  quiénes  tienen la razón: si  los  taxistas   convencionales o los de “Uber”.  Como   debe  ser,  en los tribunales   está   peleándose  la  controversia. En los  tribunales  ganarán o  perderán: no en las  calles, no  en pleitos callejeros, no  a  pedradas, no  con  vulgares amenazas que  sólo  exhiben  a  mexicanos  como  primitivos y  cerrados, agresivos y violentos, nada   avanzados  en  educación  y respetos.

Es injusto que un grupúsculo  que se  sabe apoyado por  políticos,   esté  ahora mismo, de éste  y el otro lado del río  Ameca,  saboteado la difícil labor  promotora  para   atraer  turismo,  con  una  de  las  grandes  razones:  seguridad, tranquilidad; gente hospitalaria,  amable  que  ha hecho de  la  cortesía   y  buenas  maneras   una  costumbre.

El esfuerzo,  gasto  e  interés  de  todos en  nuestra  región,  exige cuidar lo  que  se ha logrado, poniendo  en su lugar  a    quienes  todavía  no  entienden que  los  naturales conflictos no se  resuelven   mediante  violencia y que ese comportamiento  escandaloso   y  nefasto es  delictivo,  fastidia  la imagen  no  sólo del lugareño, sino  del destino  turístico todo,  presentándolo  como  lugar donde  la violencia y la  agresión están a  la  vuelta  de la  esquina.

La  forma  como estos primitivos  “matan la   gallina de los  huevos de oro”.