Cuando el amor llega de esa manera

Por: Humberto Aguilar

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“En este noveno capítulo de las historias que he recopilado de Don Quijote de la Mancha me recuerda la nobleza de Rocinante, la cual les cuento a continuación”

Triste regreso a casa para Rocinante, fue regresarse con la rienda atada a la carreta de bueyes con Don Quijote atado de manos en deshonrosa jaula bajo el delirio de sus aventuras camino a casa donde se buscaría la forma de aliviar su locura, tema imposible como terminaría la historia.

Rocinante habría de ser liberado de todo compromiso, la mujer que administra su campo y su sobrina, debe haberle dado rienda suelta en la sabana donde terminaría su existencia.

No hay como olvidar a Rocinante, en todo momento mostró su nobleza, lealtad a su amo para emprender carrera tras el impulso de cada aventura. Su fortaleza superior al Bucéfalo, a la cebra impetuosa queda de manifiesta en cada acción que emprende Don Quijote. En la primera, un tropezón da al suelo con su amo, tan maltrechos ambos y tan golpeados que tuvieron que ser regresados a casa en las sombras de la noche.

Fiel sin moverse, tuvo a Don Quijote parado de puntas, en tanto aquellas mujeres decidían quitar las amarras a su brazo.

En cada aventura sin ser atizado por espuelas, a todo galope arremetió con los gigantes convertidos en molinos de viento. Con ese mimo impulso fue contra aquellos que parecían enemigos a muerte de Don Quijote.

El tropiezo fue obra de algún genio lo que les costó a los dos, caballo y jinete, golpes que los imposibilitaron, más no se perdió el deseo de servir a su amo.

Aquella visión de ver los traseros de la recua de yeguas, Rocinante perdió honra y vergüenza, rechazado por ellas y apaleado por quienes las llevaron a pastar junto a ese galán que despertó sus instintos.

Su final es recordar al caballo viejo y cansado echado a la sabana para vivir sus últimos días.

Quiero pensar que en esos últimos días en el campo habría de encontrar a la yegua joven y de grupa encantadora que lo motivara a disfrutar como nos dice la canción: “Cuando el amor llega así de esa manera uno no se da ni cuenta, quererse no tiene horario ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan”.

Los episodios de la historia del Caballero de la Triste Figura son ligados siempre a Rocinante, caballo que como su dueño, es igualmente de triste figura, más eso no impide ser valiente como en el enfrentamiento con aquel mozo que casi le corta una oreja a su amo, valiente para lanzarse contra los cabreros que les dieron tal golpiza.

Gran tristeza debió imaginarse cuando al regresar a casa al lado de su amo prisionero a un final del que solo se recuerdan los epitafios de tantos personajes que se unieron para escribir esta monumental obra firmada finalmente por Don Miguel Cervantes Saavedra, el capitán del que también hemos de dar cuenta como personaje de estas historias.

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Decepcionado, pero alegre.

En ese regreso a casa, decepcionado Sancho Panza se da cuenta que nada de lo prometido pudo ser como recompensa a su esfuerzo de tantos días y tantas noches al lado del Caballero de la Triste Figura, fueron muchos los momentos terribles que vivió en espera de aquella recompensa que le prometía Don Quijote, la terrible noche en la que abrazado de una pierna de su amo escuchaba los sonidos tan terribles que parecían golpes al centro de la tierra, tan asustado estaba que sin temor descargo su estómago en la forma más ridícula que uno pudiera imaginarse. Sus momentos de gloria fueron recuperar para su bastimento la comida que llevaban los frailes en aquel lance que se describe.

Su recompensa real fue el botín que recogió de la destartalada maleta de Cardenio, el enloquecido amor de Lucinda, que fue abundante en monedas de oro, joyas y otros valores importantes que guardó celosamente, no sé dónde los guardo pero que al llegar de regreso a su casa, cuando su mujer le preguntó que había ganado con tanto tiempo como escudero de Don Quijote, su respuesta fue animada, le dijo ya te contare y se unió a la familia al final de su retorno.

Muchas historias se conocen sobre cómo el señor Quijada convenció a Sancho Panza para ser su escudero, historias que se interpretan en obras literarias, en el cine y en otras como esta que les estamos contando, muy dignas de ser escuchadas, de participar en la misma historia hasta tratar uno mismo de llegar a ser el escudero que en su momento fue valeroso, fue audaz al grado de recibir golpes de su caballero, obstinado en conseguir esa ínsula que habría de llegar y hacerle rico y poderoso.