EL HOMBRE

El ex gobernador Cosío Vidaurri recibió un reconocimiento.


Por Héctor Pérez García

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Si bien este columnista no es proclive a repartir adulaciones en ocasiones lo hace con la intención de procurar justicia para algún ciudadano controvertible.  El lunes 4 de septiembre de este 2017,  la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco realizó un homenaje al ex mandatario Guillermo Cosío Vidaurri ante la presencia del gobernador del Estado Aristóteles Sandoval y destacados socios de la Benemérita institución.  Me complace pues publicar unas reflexiones sobre el hombre, más que el político.

Los jaliscienses sabemos que el licenciado Guillermo Cosío Vidaurri ha sido uno de los políticos más prominentes que ha dado el Estado. Sobre su  prolífica carrera política escribirán los conocedores del tema. Mi oficio en esta ocasión es narrar algunos aspectos del hombre; del ser humano que conocí por allá en los primeros años de la década de los setentas y a quien sigo viendo con aprecio y gratitud.

Don Guillermo asumió la presidencia municipal de Guadalajara en el año 1972. Unos meses antes don Carlos Pizano y Saucedo, gran amigo de ambos,  me había hecho  el honor de presentarme con él. Fungía entonces como gerente general del hotel Camino Real de la ciudad de Guadalajara, habiendo llegado de la Ciudad de México en 1969 para hacerme cargo de una de las joyas de la corona de la todavía Western International Hotels de México, compañía antecesora de Hoteles Camino Real. El hotel, además de ser el centro social de los tapatíos, servía también como estancia  de invitados oficiales del gobierno del Estado, lo que permitía al gerente mantener una necesaria  relación con funcionarios al más alto nivel.

Cierto día de comienzos del año 1972 recibí una llamada en mi oficina; don Guillermo, alcalde de la ciudad,  deseaba hacerme una pregunta: -Don Héctor, me dijo; ¿Cree usted, viniendo del Distrito Federal, que en Guadalajara hay miseria? – No don Guillermo, en Guadalajara no hay miseria; hay pobreza, que es algo diferente. – muchas gracias. Ahí terminó la consulta. Mi respuesta, sincera,  fue originada por la percepción que en poco más de dos años había adquirido de mi ciudad. ¡Eran otros tiempos! La migración que atraen las grandes urbes y que son las que ocasionan los cinturones de miseria, aún no se había dado, pero caló en mi memoria la preocupación de un gobernante sobre la situación de sus gobernados.

En 1973 fui transferido por mi compañía de nuevo a la Ciudad de México y perdí contacto con el hombre carismático y seductor; perfil obligado de todo buen político. Una vez más, a principio del año 1985 recibí una llamada de don Guillermo, quien ya ocupaba el puesto de Secretario General de Gobierno del Distrito Federal, me solicitaba un favor, quería saber si en alguno de nuestros hoteles en la ciudad, se hubiera hospedado una persona que le interesaba contactar. Me fue imposible satisfacerlo pero tuve la oportunidad de reanudar relaciones amistosas y respetuosas con un hombre que admiraba por su bonhomía, caballerosidad y extraordinaria memoria.

En más de una ocasión tuve el honor de invitarle a comer en uno de nuestros restaurantes más distinguidos: Ile de France del hotel Galería Plaza, en la Zona Rosa de la ciudad capital. Disfrutamos ambos de conversaciones alejadas de la política pero cercanas a la gastronomía. Fue entonces que noté que se interesaba por conocer los buenos vinos y degustar la buena comida.

Un detalle de hombre bien nacido fue el que cada año respondiera a mis originales tarjetas de Navidad que enviaba a mis amigos; lo hacía con cortesía y sinceridad. Se molestaba en escribir sus notas a mano, al igual que como yo escribía  mis buenos deseos.

A finales del año 1982 habíamos abierto, junto con algunos amigos mutuos como socios, La Vianda Restaurante. Lugar que pronto se convirtió en el preferido de la sociedad tapatía, y no era para menos, su diseño arquitectónico y de interiores había sido creación del arquitecto tapatío Pepe Medrano, un fino discípulo del arquitecto  Luis Barragán, que dejó un legado de mexicanidad y estilo en sus coloridas obras. Nuestro restaurante contaba con un par de salones privados que continuamente se ocupaban por empresarios y políticos, quienes gustaban de la buena comida, un servicio eficiente y discreto y la privacidad necesaria.

En septiembre de 1990 algunos empresarios tequileros invitaron al señor gobernador don Guillermo Cosío Vidaurri a comer en uno de los salones privados de La Vianda Restaurante; ahí el 15 de septiembre tuve la oportunidad y el honor de regalarle, de mi cava personal,  una botella magnum de uno de los mejores vinos de Burdeos, un Chateau Haut Brion  fechado en 1929, año en que nació el cumpleañero. <Vale mencionar que los grandes vinos bordeleses son longevos>, al igual que los grandes hombres.

La cercanía de don Guillermo con don Jaime Orendaín Hernández, amigo y paisano, fabricante del tequila que lleva su nombre, me dio la oportunidad de convivir con ambos a través de los años; antes, durante y después de su paso por la gubernatura del Estado. Siempre recibí de don Guillermo un trato deferente y más allá de la cortesía.

Como operador de La Vianda Restaurante habíamos servido el banquete ofrecido en Casa Jalisco el día de su toma de posesión el 30 de marzo  1988. La piscina de la casa en medio del jardín tuvo que cubrirse para acomodar mesas para 2,000 invitados, entre los cuales se encontraba el señor presidente de la Republica, Lic. Carlos Salinas de Gortari y algunos altos funcionarios de su gabinete. De acuerdo al programa, la comida se limitaba en tiempo al del señor presidente y teníamos escasos 45 minutos para servirla. <Un menú de tres tiempos, aperitivos y vinos de mesa) Grande fue nuestra satisfacción cuando recibí la noticia de que el señor presidente había ordenado una segunda porción del platillo principal: un pollito deshuesado, salteado con hongos y alcachofas, montado sobre arroz silvestre. No sólo eso; también había ordenado retrasar la gira al vecino estado de Colima ya que quería seguir degustando la comida y la compañía. Presurosos conseguimos algunas botellas de coñac para la sobremesa. Obviamente don Guillermo quedó bien ante el señor presidente y sus secretarios;  ante los invitados entre los cuales se encontraban prominentes empresarios, funcionarios y miembros de la sociedad tapatía.

Poco tiempo después la oficina de relaciones públicas del señor gobernador nos pidió servir una comida en la pequeña ciudad de Tomatlán en la Costa Alegre, a donde vendría el señor presidente de la republica don Carlos Salinas de Gortari a inaugurar un sistema de riego en el  valle de Tomatlán. La logística fue todo un desafío pero no podíamos defraudar la confianza de don Guillermo en nuestra capacidad profesional. Con grande sorpresa vimos llegar a los invitados en una flotilla de helicópteros del ejército mexicano, lo cual nos hizo pensar en las penurias de lo logística para llevar la comida por caminos sinuosos.

Gran promotor del progreso del estado impulsó la iniciativa del gobierno federal para que en Guadalajara se llevara a cabo la Primera Cumbre Ibero-Americana de Jefes de Estado y de gobierno, los días 18 y 19 de  junio de 1991. A la misma asistieron la mayoría de los presidentes de América Latina, con sus señoras esposas,  así como los reyes de España don Carlos y Doña Sofía,  quienes fueron hospedados en una de las suites de Camino Real. La Vianda  se hizo cargo de atender los eventos de las señoras primeras damas incluyendo a la reina Sofía. Una vez más se nos había encargado mostrar la hospitalidad jalisciense a nombre de gobierno del Estado.

Un gran amigo de Puerto Vallarta, don Guillermo visitaba la ciudad en cuanta oportunidad tuvo. Además de muchos amigos, frecuentaba a su compadre y consuegro el doctor Efrén Calderón. Juntos pasaron muchos momentos en nuestro restaurante Tequilas admirando el paisaje marítimo y recibiendo el saludo de parroquianos que lo reconocían. Siempre caballeroso se levantaba a saludar con respeto a las damas y repartir sonoros abrazos  a los hombres para quienes siempre  tenía palabras de aliento.

A los políticos los juzga la historia, a los amigos los juzgamos sus amigos. Don Guillermo Cosío Vidaurri ha cultivado la amistad toda su vida. Tiene muchos jueces y estoy seguro que para sus amigos ha cumplido con los requisitos que impone el vivir en  comunidad: respeto, generosidad, gratitud y honestidad.

¡Larga vida a don Guillermo Cosiío Vidaurri! Un monumento vivo a la amistad.

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El gobernador Aristóteles Sandoval entregó el documento al ex mandatario.

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El autor es analista turístico y gastronómico.
Sibarita01@gmail.com