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Los hijos y sus capacidades

Los padres sanos siempre van a querer que sus hijos destaquen y sobresalgan, especialmente si se ha crecido en ambientes competitivos.


Por Mtra. Hania B. Sosa Contreras
Psicóloga

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Como padres evidentemente se tiene el deseo o interés de que los hijos crezcan sanamente, se desarrollen y tengan altas capacidades. Desde su nacimiento van adquiriendo destrezas y habilidades que conforme se desarrollan, debiesen ir en aumento. Esto genera, inicialmente, que los padres presten atención a todos esos momentos en que los hijos realizan algo por primera vez; quizás en ocasiones hasta se interesen por crear un registro de esos acontecimientos y hasta se creen ciertas “competencias amistosas” con otros familiares y amigos que tienen hijos de la misma edad.

Todo puede resultar disfrutable e incluso divertido, hasta que de pronto en esa comparación con otros, se empieza a distinguir alguna diferencia entre el desempeño de los propios hijos y el desempeño de los demás.

Estas diferencias no necesitan ser forzosamente radicales ni están presentes únicamente en pequeñitos con algún síndrome o discapacidad en concreto. En estos casos el camino se torna distinto usualmente desde el nacimiento, aunque también ahí se viven (y con mayor intensidad) sentimientos encontrados acerca de las expectativas y realidades con relación a las capacidades de los hijos.

Los padres sanos siempre van a querer que sus hijos destaquen y sobresalgan, especialmente si se ha crecido en ambientes competitivos. No obstante en ocasiones la realidad no se apega a lo que son las expectativas y es en esos instantes donde puede iniciarse una batalla sutil entre padres e hijos pero desgastante.

Como hijos, la tendencia también va a ser querer estar a la altura de lo que nuestros padres esperan de nosotros. A todos nos complace sentir que lo que hacemos es reconocido y que es del agrado de los demás, aún en los casos de personas que afirman lo contrario. La realidad es que, en el fondo, todos tenemos necesidad de aceptación. Lamentablemente cuando ésta aceptación no la percibimos de las personas que en nuestro crecimiento son las más importantes – nuestros padres – se empiezan a desarrollar conflictos fuertes con la percepción que se tiene de uno mismo, la autoestima y el valor propio.

En nuestro papel de adultos, es indispensable que hagamos una pausa y analicemos qué tanto estamos transmitiéndole esa aceptación a nuestros hijos; pero al mismo tiempo sin caer en la trampa de no fomentar el desarrollo de aquellas habilidades o destrezas en las que los hijos necesiten mayor estimulación para lograr un equilibrio.

Para poder hacer éste análisis más efectivo, toma en cuenta las siguientes áreas: motricidad/deporte, arte, académica, emocional, estética/salud y espiritual.

Sin duda habrá algunas áreas en las que tus hijos sean más hábiles; podría ser que se les faciliten las actividades propias del deporte o el arte; quizás tu hijo(a) sea más académico(a) o tal vez sea muy hábil en expresar sus emociones y en entender las de los demás. Reconócele primeramente sus destrezas para que pueda saciar la necesidad de aceptación y después fomenta el desarrollo de su área débil. Así ayudarás a que desde pequeño aprenda a esforzarse en pro del crecimiento continuo y a no evadir los obstáculos que la vida le presente.

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Autor:
Mtra. Hania B. Sosa Contreras – Psicóloga
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