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Jalisco es un Estado de ánimo

El pasado miércoles fue presentada en Puerto Vallarta la obra “Historia General de Jalisco” contenida en seis tomos y escrita por los historiadores tapatíos José María Muriá y Rouret (columnista de VALLARTA OPINA) y Angélica Peregrina. El reconocido editor de libros Miguel Angel Porrúa tuvo una brillante intervención al hablar sobre el estado de Jalisco y hacer una semblanza del jalisciense, texto que publicamos íntegro en nuestra edición de hoy por considerarla de interés público.

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Muy estimados amigos:

“Lo mismo en Los Altos que allá en la Cañada”, así es Jalisco, un referente obligado a nivel mundial ya sea por la hermosura de sus mujeres, por su mariachi, su charrería y, por supuesto, por su tequila.

La Historia General de Jalisco es un ambicioso proyecto historiográfico que, contenido en seis volúmenes, se prrsenta ante ustedes. Producto de un afanoso trabajo de largos días o noches de desvelo para académicos e investigadores, se privilegia y no podría ser de otra manera, del tesón

y la enjundia que acompañan a una diligente dedicación de sus directores: Angélica Peregrina y José María Muriá; ellos han hecho y han sentido esta historia hasta materializarla, y nos hablan de la entidad desde sus primeros asentamientos en la prehistoria hasta la actualidad.

Jalisco,- nos dicen,- cuyo nombre en náhuatl significa “lugar sobre el arenal”, ha estado presente en el vaivén de la historia patria. Fue epicentro de uno de los episodios más sangrientos de la conquista española comandada por Nuño de Guzmán. Pacificada después de la guerra del Mixtón donde los últimos reductos chichimecas se sublevaron contra los españoles, la villa de Guadalajara se convertiría en la capital del reino de Nueva Galicia. Al tiempo aparece publicado El Despertador Americano, idea de Francisco Severo Maldonado que se constituye como el primer periódico insurgente y que por dos reales anunciaba el inicio de la Guerra de Independencia. Tiempo mismo en que Hidalgo declara la abolisicón de la esclavitud y acontece la Batalla de Puente de Calderón, el ejército insurgente es abatido terminantemente por los realistas y desde este lugar del Occidente, rechina el dolor en los oídos criollos y mestizos. Lograda la independencia de la Corona española, Jalisco se da su propia Constitución bajo el estandarte federalista que defiende y se proclama liberal en la Guerra de Reforma. Su gobernador, Ignacio L. Vallarta, dispuesto a proteger la soberanía del país ante la intervención francesa, arenga a su pueblo: “Para colocarse a la altura que la situación demandaba, se necesitan los esfuerzos del héore, la esperanza del mártir, la fé del apóstol y la abnegación del republicano”.

Así, Donato Guerra se declara a favor del Plan de Tuxtepec por la no reelección; los principios revolucionarios resuenan en la entidad con atraso, ni el maderismo ni el huestismo se viven con el mismo grado de violencia e intensidad que en otros estados y la estructura económica se mantiene cohesionada.

Sobre esto reflexionaría José López Portillo y Rojas, novelista y gobernador del estado en ese entonces: “ Haber mantenido la paz en medio de la guerra, la prudencia en medio de la locura y el trabajo en medio de la destrucción, son hazañas de que bien puede vanagloriarse un pueblo fuerte, valiente y laborioso”.

Al llamado de Venustiano Carranza, Jalisco responde para juramentar la Carta Magna de 1917 y subdividido territorialmente en 12 regiones y 4 provincias fisiográficas, sus cuatro puntos parecen disonantes cual Confabulario de Juan José Arreola: el desierto de Ojuelos repleto de sedientas cactáceas; los agrestres parajes huicholos; el sur, quedó como el realismo mágico de Juan Rulfo y la piel dorada de la costa que evoca la canción del recordado Víctor Iturbe “El Pirulí”.

Así se siente y se ha descrito:

En la Cascada seca, austera, gris, fuerte, trabajadora, severa, endeclivada, señera…

En Los Altos enrojecidos, blancos, cristianos, cristeros, marianos, religiosos, trabajadores, altivos, individualistas

En el Norte lejano, rudo, montarraz, pedregoso, frío, solitario…

En la Costa cálida, suave, verde, cenagosa, pródiga, bullanguera…

En las Sierras fragantes, silbantes, frescas, sombreantes…

En las Lagunas suaves, ondulantes, serenas, mansas, traidoras…

En el Centro industrioso, agrícola, bello, hospitalario, alfarero y cosmopolita…

Jalisco, orgullosamente abrumado por el inspirador lago de Chapala y la presencia jesuítica de los mausoleos de San Miguel el Alto; del centro ceremonial de Huachimontones y los Pueblos Mágicos de Mazamitla, Lagos de Moreno y Tequila…¡ Ay Tequila ¡…Por las agujas neogóticas de las torres de catedral, el frontón neoclásico del Teatro Degollado, el barroco de San Juan de los Lagos…; por la vorágine de autos que circulan por las arterias tapatías, de una industria pujante; por la Feria Internacional del Libro, convertida en una turba en donde se dan cita algunos profesionales del libro, agentes bibliotecarios, editores, escritores, ilustradores, libreros, promotores de la lectura, amantes de las letras, de la palabra escrita y uno que otro villamelón, porque de que los hay abundan…

Así Jalisco, más que ochentas y tantos mil kilómetros, es un estado de ánimo, es un valor diario constante e ininterrumpido en donde nacen, crecen, se reproducen y mueren hombres dispuestos cada amanecer a hacer su historia y la historia en el trabajo, en el desvelo, en el yunque, en el tractor, en la casa, en la fábrica, en la oficina, en la escuela, en el laboratorio, en el deporte.

El jalisciense es de color tirando a trigo; de estatura proporcionada; el cabello lacio y ensortijado; castaño claro; la sonrisa más franca que velada; el andar seguro en los hombres, cadencioso en las mujeres, la mirada grande, alegre, preguntadora; de modales graciosos en ellas, corteses en ellos; la voz cantarina, fluída, clara, castiza; el semblante franco, amigable; es, como sus blancos, morenos, lejanos padres, señor de defectos, señor de virtudes, muy de sus defectos, muy de sus virtudes…

Cortado por esta otra vena, Jalisco es cuna y semillero de personajes ilustres de todas las ciencias y de todas las artes y la literatura: José Agustín, Agustín Yáñez, Mariano Azuela, Gerardo Murillo “Dr. Atl”, Juan Rulfo, Mariano Otero, Luis Barragán, Raúl Anguiano, Emmanuel Carballo, José Rosas Moreno, Juan Soriano, Valentín Gómez Farías, Guillermo González Camarena,- el de la televisión a color y su hermano Jorge el muralista,-; José Clemente Orozco, el genio de la pintura y así entre otros muchos, unos cuantos, en desorden, que ocupan un lugar a los piés de la Minerva, para gloria de su estado y renombre de México en los anales del mundo; artistas, cineastas, bandas de rock, deportistas de gran calado como Lorena Ochoa y el “Chicharito” Hernández y una Miss Universo: Ximena Navarrete.

Parcas, escasas estas palabras para todo lo que tiene que decirse de esta entidad, una especie de sumario como para abrir el apetito de adentrarnos en esta Historia General de Jalisco. Un trabajo académico reunido en seis volúmenes que viene a refrescar aquella historia particular del estado de Jalisco…obra del historiador Luis Pérez Verdía, publicada en 1910, que por muchas décadas se constituyó como la obra prima, pionera y de inusitado valor historiográfico pero lo fue en su tiempo.

Hoy tenemos obra nueva, realizada por académicos de la entidad e historiadores que se dicen forasteros pero al fin jaliscienses son, y lo son, además, por convicción porque así lo demandan sus quereres y, en los tiempos que corren ésta resulta igual o mayormente enriquecedora que la obra que la antecedió.

Cabe esperar que los jóvenes y todo aquel estudiosos por cuyas manos pasen estos volúmenes, sientan el verdadero aprecio por esta tierra, su cultura, su pasado y su futuro; insistir como lo hiciera José María Vigil, otro ilustre jalisciense del siglo XIX, en el estudio histórico como medio de autoconocimiento, ¡ Que en Jalisco,- digo yo,- se aspire a una educación a la par universalista y mexicana, integradora de lo nacional, pero que mantenga balanceada nuestra idiosincrasia nacional en un auténtico modo de ser que nos distinga en tanto mexicanos, de los demás pueblos y naciones que en el fondo para orgullo de Jalisco: esa, sería la diferencia.

No quisiera entregar este micrófono sin antes dejar testimonio de mi agradecimiento y el de la casa editora que represento: lo hago por la disposición que en todo tiempo ha mostrado Nacho Cadena, amigo de los amigos y responsable junto con Luis Reyes Brambila de vernos aquí unidos. Estamos ciertos que la gran calidad de esta obra, se garantiza por la participación de sus dos directores académicos: Angélica Peregrina y José María Muriá, a ellos, sin duda alguna, se debe la concresión de este trabajo; así también su exitoso arribo a buen puerto.

¡Que la historia de Jalisco se disfrute iniciando aquí en Puerto Vallarta que es Jalisco y después se torne mexicana y universal!

¡Muchas gracias!