El puerto cumple años

El Puerto de Veracruz cumplirá medio milenio.

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Por Guillermo García Oropeza

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Hablando en “MALECON” de las conmemoraciones del actual 17 me he topado  con una que me llega sentimentalmente: en dos años el Puerto de Veracruz cumplirá medio milenio y Vallarta estará presente seguramente en las mañanitas. Y es que México no es, precisamente un país de puertos.

País de “tierra adentro”, de altiplano, montañas y desiertos la larga costa mexicana  permaneció como en un segundo plano y su desarrollo llegó tarde en la Historia, con una excepción: Veracruz que de alguna manera fue donde comenzó el México hispánico y mestizo , el nuestro cuando un genial aventurero fundó junto al mar lo que podríamos llamar el pie a tierra, como dicen los franceses, de España y Europa en el México que a partir de entonces será “precortesiano” para bien o para mal.

Hernán Cortés es figura polémica en nuestra Historia y que yo sepa Cortés no tiene un monumento como el que en Lima recuerda a Pizarro. Ni  don Hernán ni Malintzin sin la cual Cortés no hubiera pasado de ser una curiosidad.

La Conquista nos sigue doliendo absurdamente medio milenio después ,ni modo. Pero el Puerto de Veracruz donde se inicia todo no es sólo una genialidad del conquistador sino muchas, muchas cosas para los mexicanos.

Puerto y puerta abierta al mundo, Veracruz ve llegar invasiones, inmigrantes, frailes, viajeros, mexicanos que regresan a la patria a los que da el primer abrazo maternal. Sólo hasta la reciente era del avión el Puerto era el principio y promesa de México.

Alguna vez fue también su escudo pues lugar malsano no recibía fácilmente al invasor como lo descubrieron los franceses de Napoleón III que se morían como moscas de las plagas jarochas y el Puerto se convirtió en el “jardin d’acclimatation” como el que en París recibía a las plantas exóticas.

Los gringos se toparon en Veracruz con heroísmos que la han convertido en sagrada. Pero aparte de las grandezas, de su historia el Puerto ha sido para muchos mexicanos un lugar entrañable.

Incontables amores comenzaron allí al igual que tantos otros placeres y me refiero a los más publicables como son el buen puro jarocho y el café aquel de la mitológica Parroquia.

En Veracruz se come bien y se baila el danzón que como tantas cosas nuestras comenzó en Cuba. Mientras que el infierno, el temido Mictlan era como un mal  recuerdo de las desolaciones del desierto norteño. Y aunque no somos una cultura marinera en Veracruz estuvo por mucho tiempo lo más importante de ella incluyendo la Academia de nuestra Armada.

Pero sobre todo Veracruz se asocia con el buen humor travieso de la gente y con  lo que quizá sea la cumbre de nuestra música folklórica, ese Huapango que se toca con arpa y genialidad y al cual un jalisciense, José Pablo Moncayo dedicó un homenaje que para mí es un segundo himno nacional. Nos veremos en Veracruz, compadre.