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Aquellos años con José Luis Cuevas primera parte

Por fin llegó el día de la inauguración de la esperada exposición, si mi mente no me falla ésta se realizó en el mes de noviembre de 1973.

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Por Laura Quiroz
Cronista de la sociedad vallartense

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La primera vez que me enteré del artista plástico, José Luis Cuevas, fue por el periódico Excélsior que se publicaba en el entonces D. F. y que mi esposo Manuel Lepe y yo lo comprábamos, ya que todos los domingos se incluía una sección cultural muy completa, en dicha sección leí que un artista plástico estaba realizando un mural efímero en la Zona Rosa y me dije, algún día sé que lo voy a conocer.

Mis socios y yo habíamos abierto, la primera galería de arte aquí en Puerto Vallarta, el 15 de septiembre de 1967 y una de ellas, Vera Gunzberg y su esposo Milton, eran amigos de un editor de libros de arte, judío como ellos, que se llamaba Eugenio Fishgrund. Bueno pues Eugenio, empezó a comprarnos litografías numeradas y firmadas de José Luis Cuevas, dichas litografías, se imprimían sobre una piedra y después se destruía para que nadie pudiera copiarlas, el lugar donde se imprimían se ubicaba en los Angeles California, y se llamaba, Tamarin Art Shop.

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Cuevas en persona

La primera vez que me enteré del artista plástico, José Luis Cuevas, fue por el periódico Excélsior que se publicaba en el entonces D. F.

Pasó el tiempo y finalmente Eugenio me llevó a conocerlo a su casa en la colonia del Valle, yo estaba tan entusiasmada que me compré zapatos y un bolso nuevos, llegamos a su estudio y yo temblaba de la emoción. El famoso artista nos recibió con muchísima amabilidad y a mí se me hizo guapísimo, tenía el pelo un poco largo medio güero y unos ojos verdes que te miraban como queriendo conocer qué era lo que yo pretendía.

Pasó el tiempo y la que esto relata, continuaba yendo al D. F. para adquirir sus litografías, para entonces ya nos hablábamos de tu, me presentó con su esposa Bertha y sus hijas Ximena y Mariana, que estaban muy pequeñitas, güeritas como él, María José aún no había nacido.

Mis viajes al D. F. eran más frecuentes cada día, pues yo quería relacionar a Lepe con los famosos. En uno de esos viajes también conocí a Manuel Felguérez y a su esposa Lilia Carrillo.

La amistad con Cuevas aumentaba cada vez que lo visitaba para adquirir sus litografías, para entonces construyó su casa por la calle Galeana, en el bello barrio de San Ángel. Por la misma calle vivían Felguérez y el premio Nobel de literatura, Octavio Paz, a quien conocí en una de las muchas ocasiones que Cuevas y Bertha me invitaron a comer.

Asimismo, en una ocasión fuimos a desayunar a un restaurante que funcionaba en la Casa de Los Azulejos. En otra ocasión me llevó a comer al legendario restaurante, Prendes. También en otro de mis visitas al D. F. fui con él al Club de periodistas donde lo homenajearon e igualmente nos encontramos en la casa del conocido publicista, Eulalio Ferrer, donde les canté una creación de la intérprete, María Dolores Pradera y que se titula, “El tiempo que te quede libre”, tuve mucho éxito, a esa fiesta me acompañó Tere Pecanins, que por aquellos años era novia de mi ahora compadre, Felipe Cazals. Les prometo que yo me sentía soñada, Cuevas, me presentaba con todas sus amistades como su amiga y representante en Puerto Vallarta.

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Los preparativos para la visita

En 1973, el Lic. Jesús Jiménez Luévanos, quien tenía poco tiempo de haber llegado a Vallarta, como sub delegado estatal, federal y director municipal de Turismo, a quien conocí por mi marido en nuestra casa de la calle Jacarandas, recuerdo que una noche llegó con el joven con los nombramientos tan necesarios para nuestro municipio, me lo presentó y se quedó a cenar con nosotros.

Inmediatamente se inició una sincera amistad que perdura hasta la fecha. En 1973, le comenté a Jesús que podríamos invitar algunos artistas plásticos mexicanos famosos, para que vinieran a exponer su obra a Vallarta. En aquellos años al Inolvidable Ing. Luis Favela lo nombraron alcalde interino, ya que Marcelo Alcaraz, quien había ganado las elecciones por el PRI no dio el ancho y lo obligaron a renunciar.

Jesús y yo fuimos a visitar a Luis, al antiguo palacio municipal que entonces se ubicaba en la esquina de la calle Juárez y la plaza principal. Luis nos dio todo su apoyo.

Como ya lo mencioné, yo ya conocía a Manuel Felguérez y a  Lilia Carrillo, de Roger Von Gunten no les había comentado anteriormente porque lo conocí en febrero de 1969 cuando expuso su obra, con Felguérez y Lilia Carrillo en nuestra Galería Lepe, S.A., tampoco conocía a otro de los grandes, Pedro Coronel, sin embargo, mis amigas, las hermanas Pecanins, Montse, la mayor y las gemelas Tere y Ana María, nacidas en Cataluña y que tenían su galería por la calle Hamburgo, me dijeron que ellas me contactarían con él.

Así es que me fui al D.F. a realizar todo lo necesario para invitarlos a exponer en nuestro querido Puerto Vallarta.

Por supuesto que todos aceptaron, les pagamos los boletos de avión entre todos: Luis Favela, Jesús Jiménez, el jefe inmediato de Jesús, que se llamaba Salvador Cárdenas y la que esto escribe, además les facilité los marcos y pagué lo vidrios de los mismos.

Ya estaba todo listo para la exposición, pero no teníamos el lugar para realizarla, así es que Luis Favela y a Jesús Jiménez, pensaron que el sitio ideal podría ser, la escuela 5 de mayo, ya que contaba con un salón de actos donde se podría montar la importante exposición, para eso, otra vez entre todos tuvimos que pintar las paredes de blanco e iluminarlo para que los artistas no tuvieran queja alguna y se dieran cuenta que los vallartenses sabemos hacer las cosas como Dios manda.

El Lic. Juan García Sancho, fundador del ahora, hotel y condominios de tiempo compartido, Los Tules, nos otorgó la cortesía para hospedarlos, García Sancho coleccionaba autos antiguos y nos facilitó varios de ellos para en caravana ir a recogerlos al aeropuerto.

A Cuevas le tocó una especie de limusina, con frenos de aire que manejó, Joaquín García, la mano derecha de García Sancho, por los demás fuimos en otros vehículos, en esos años yo tenía una camioneta Rambler y en todos estos los transportamos a Los Tules.

Para eso, las hermanas Pecanins me comentaron que Cuevas estaba distanciado con Coronel y con Felguérez, que nos sugerían que alguna persona de los organizadores los mantuviéramos separados, por lo que mi comadre Raquel quien entonces estaba casada en primeras nupcias con Jim Fitzpatrick, fue la edecán de Felguérez, a mí me tocó escoltar a Cuevas, Roger Von Gunten no tenía problemas con nadie y a Coronel lo acompañó su esposa Regine.

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La exposición

Por fin llegó el día de la inauguración de la esperada exposición, si mi mente no me falla ésta se realizó en el mes de noviembre de 1973.

Sin ofender a los otros artistas invitados, el más conocido era Cuevas, por lo que la asistencia a la misma fue un éxito rotundo, tanta gente llegó al salón de actos de la escuela 5 de mayo, que prácticamente no se podía ni caminar.

Posterior a la exposición, mis socios y yo, les ofrecimos una cena en el patio de nuestra galería, Cuevas se retiró temprano, porque su esposa Bertha me había dado indicaciones de que su marido llevaba una dieta especial, que tenía que seguir paso a paso y que consistía en solamente verduras ensaladas preparadas con aceite de oliva extra virgen, filete de pescado blanco, salmón, nada de alcohol y ningún tipo de carne.

Al siguiente día, Tito Brockmann nos invitó a comer a su Casa Susana, terminando la comida los llevamos de regreso a Los Tules.

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Noches de ronda

Por la noche Lepe, Jesús, Luis Favela y la que esto escribe los invitamos a cenar al Carlos O’Brian’s, que en aquellos años era el lugar de moda en Vallarta, en dicho restaurante, nuestro querido amigo Pepe Loredo nos mandó una botella de Dom Perignon y Cuevas estaba tan contento que se olvidó de la dieta, le entró a todo, a los ostiones 4 y 4, a las costillitas BBQ, tomó de la champaña que nos obsequió Loredo y remató con un coñac.

Después de cenar los llevamos al Piano Bar, que ya no existe, en aquellos años, los propietarios eran Luis Favela y Pepe Díaz Escalera, recuerdo que el pianista se llamaba César, era oriundo de Mazatlán y se las sabía de todas, todas.

Allí Cuevas me pidió que le cantara nuevamente “El tiempo que te quede libre” y otras muchas más. Al calor de las copas, Cuevas y Coronel se abrazaron, se elogiaron la obra de ambos. La magia de Puerto Vallarta se manifestaba otra vez.

Al día siguiente, me dijo Cuevas que quería que Raquel le cortara el pelo, ella tenía entonces su Salón de belleza frente al hotel Delfín, propiedad del bien recordado Máximo Cornejo, (en la actualidad se llama hotel San Marino). Después del corte de pelo, nos fuimos a comer a El Dorado, propiedad en aquellos años de Nelly y Guillermo Wulff, éste último no se encontraba pues se había ido a jugar tenis, por lo que Nelly nos atendió, nos invitó la comida sacó a bailar a Cuevas, él le quería regalar una de sus litografías, pero mi querida comadre como andaba muy alegre, se le olvidó y nunca la recogió.

Mientras comíamos en El Dorado, Cuevas, Felguérez, Coronel y Regine, Von Gunten ya se había regresado al D.F. porque estaba preparando su próxima exposición, el resto del grupo nos comentó que se les antojaba merendar churros con chocolate, así es que todos nos juntamos en nuestra casa.

Mientras platicábamos de diferentes tópicos, les comenté que al día siguiente yo tenía que asistir a una exposición de Vicente Rojo, en el Centro de arte moderno de Guadalajara que fundó el bien recordado Miguel Aldana Mijares. Inmediatamente Cuevas, Coronel y Regine se apuntaron para acompañarme, Felguérez no, porque Lilia estaba hospitalizada y tenía que regresarse al D. F., por lo que al día siguiente los cuatro volamos por Mexicana de Aviación a la capital tapatía.