La “Ciencia del Bimbalete”

Por Gregorio González Cabral

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De antemano entiendo que   si el dólar   sube,  eso: “ni nos  perjudica, ni nos  beneficia… sino todo lo  contrario”,  como  bien dijera  uno de los ideólogos   declaradores  del   sistema político  mexicano.

Este   martes  amanecimos con  el dólar  a 18.10,  subida nocturna de  diez centavos.   De inmediato se  acude a la  explicación  de  los científicos,  a quienes no  se les ocurre otra que   decir: “Sube por  la determinación  del  Consejo  de  Seguridad   de las  Naciones  Unidas   contra Corea del Norte”.

¿Qué  científica  relación existe entre  el arrodillado peso mexicano y el “Otro  Loco”, el gordito  Peje de Pyongyang? Que yo  sepa, ninguna.

A no  ser  que  algún  productor  de  tequila le esté  vendiendo tecnología nuclear para sus cohetes que  acostumbra   ponerse, pasándose por debajo a  los japoneses,  no   entiendo  dónde  entre  el  peso mexicano en  este   asunto  de  las  dos  coreas, el ridículo  dictador   y todo ese  rollo de la pruebas   nucleares. Puede ser  algo de “lo bueno”  que no nos  ha contado  todavía  Peña   Nieto.

Pero no. Esa ciencia del  “sube -baja”  del  dólar, más  que basada   en leyes  técnicas, parece  que funciona por  ocurrencias.

Por ejemplo: cada  que nos escupe el  nada  agraciado Trump,  baja el  peso.  ¿Por  qué?  Explicación  científica: porque así  son los mercados.  Principio  que viene  de la  sabiduría del: “Así  es el  abarrote” o “Así es el  futbol”.

Porque el hecho  es  que  el peso mexicano   parece   depender  del estado de ánimo  “fregativo”  de   Trump. Y eso no  es  científico;  es   colonialismo reciclado.

Pero ahora resulta que   los  dólares  se encarecen no  sólo según  sean “los  días” de Trump,  sino también  de   su  colega   Coreano con  el que  juega  al bebe  leche  nuclear. Igual   de ignorante  y  zafado, Kim  Jong  también  ama  a Putin, pero está   más  destornillado: ya mató a su hermano, ya mató a  su  tío… y  eso  cuando no tenía   armas  nucleares. Ahora que se  cuide su señora  madre.

¿Y  qué tiene  que  ver  el  peso “mexicano” en esta tragicomedia  de destrampados?  Pues  científicamente parece que en  manos  de ellos está.

Como  que  tienen  otra moneda  para   echarse  los  volados  y jugar  al  “arrime”.