Solidaridad responsable

Que el presidente municipal saque las manos de las bolsas del pueblo  – Jaime Cuevas Tello, Presidente de Badeba.

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Por Mtro. Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla (*)
direccion.vallarta@univa.mx

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La palabra solidaridad se materializó en todo México a partir de las catástrofes naturales recientes.

Nuestros hermanos del sureste sufrieron los embates de las alteraciones de la naturaleza jamás vistas, quisiera destacar las palabras del maestro Aristóteles Sandoval gobernador constitucional del estado de Jalisco, al respecto: “Vamos a aportar apoyos médicos, vamos a enviar unidades móviles, casas de campaña, pero necesitamos hoy también enviar dinero líquido en un fideicomiso transparente, que eso rápido pueda ayudarles a ellos a tener una solución a la tragedia que están viviendo en este momento”.

Además el señor gobernador anunció la suspensión de los festejos que tradicionalmente se realizan en estas fechas en el interior de la casa de gobierno, todo para solidarizarse con el dolor de las víctimas, en solidaridad en esencia, el mandatario donará la mitad de su pago quincenal (42 mil pesos) para apoyar las compras humanitarias.

Donaciones en especie, especialistas y otros apoyos para los que sufrieron y sufrirán durante el proceso de reconstrucción y lo que venga para las miles de familias que perdieron todo.

Hubo otras manifestaciones humanitarias de mandatarios estatales que se unieron al llamado del licenciado Enrique Peña Nieto, quien en todo momento ha estado pendiente de los procesos de reconstrucción consciente que llevará tiempo. Lo rescatable es saber que somos los mexicanos altamente caritativos cuando en momentos aciagos.

Se sabe que la ubicación geográfica de la República Mexicana es sensible a los embates de la naturaleza como son huracanes, terremotos o inundaciones; ante esto el Estado asumió con responsabilidad su encargo nacional. En lo personal, debo admitir el desarrollo de acciones humanistas sin precedentes.

Recuerdo que los huracanes Ingrid y Manuel no originaron los daños conocidos, el movimiento telúrico que sacudió el Istmo de México, enseñó nuevamente que estamos indefensos ante la furia de la naturaleza, los protocolos de seguridad se deben someter a una reingeniería permanente para evitar pérdidas de vida y daños materiales cuantiosos. Estoy consciente que el Estado Mexicano no puede detener el embate de la naturaleza, predecir o localizar con precisión, aunque si proveer de elementos preventivos con infraestructura que pueda repeler pérdidas humanas innecesarias.

Debe existir la conciencia nacional de que los municipios no adolezcan de recursos extraordinarios con el fin de enfrentar cualquier inconveniente extraordinario, como señaló The Economist, recientemente el sismo mostró que, en efecto, el país ha aprendido de desastres pasados, pero la devastación del sureste evidencia que la cultura de la seguridad no ha podido reemplazar a la corrupción y la falta de cumplimiento de la ley.

Los desastres naturales no distinguen países ni razas, pobres o ricos. Lo lamentable es que el mayor número de víctimas se multiplica en naciones emergentes, las naciones centrales tienen recursos inmediatos y seguimiento para que las ayudas lleguen a los destinatarios, habrá, como lo he dicho necesidad permanente de una solidaridad responsable.

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(*) Director de la UNIVA-PV.