¿Ya saben siquiera cuántos son?

Por Gregorio González Cabral

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Un  mal  gobierno   no  se  volverá   bueno  por la presión de un  terremoto.  Lo esperado  es  que  a  corto plazo   vuelva  a  exhibirse en  sus ineptitudes,   fallas   fundamentales de  información y coordinación , así  como  en  la  mediocridad  del   equipo.

Para   empezar,  es  hora  de    que  no   saben  o no se ponen de  acuerdo  en la  magnitud  del  daño.  ¿Así cómo  pueden saber  con  lo que están  lidiando,  en  caso de que les  importe? El  gobierno de Chiapas, señala para  su  Estado: Un millón  479  mil damnificados. El  gobierno de  Oaxaca,   habla de 2 millones  500 mil  dañados. Suman  3 millones  979  mil  damnificados, sin  contar  los  de  Guerrero  que desaparecieron  desde  hace días, ante la magnitud  de  lo  de   Oaxaca.

El 15 de  septiembre,  Peña  Nieto anunció  que los  damnificados  eran: 200 mil en Chiapas y  100 mil en Oaxaca.  Les tumbó  más  de  dos millones a los  gobernadores  de  ambos  estados.

Ya con esas  modestas cifras tiene  sentido  la   del reparto de  despensas: hasta  el 11 de septiembre 100  mil.  Si  cada   despensa  tiene  para  tres personas, una  semana, ya  habían alcanzado los  300  mil  damnificados   oficiales.

Ahora  viene lo  de la  reconstrucción  de  casas.  ¿Dónde? Donde se  vea.

¿Cómo? Como no se  generen  conflictos  por   hacerles “huevitos” para salir del paso,  ayudando con  material  a quienes   saben  reconstruir lo  suyo   o  insistiendo e reiterando que   el compromiso es  con  quienes  perdieron  su  casa, no con todos cuantos  quieran  casa  nueva. ¿Cuántas  casas?  No lo van  a decir los gobernadores, ni los  alcaldes.  Rosario Robles las está contando para  determinar oficialmente  el tamaño del paquete.  ¿Templos y otros edificios  federales o públicos? Eso después de dictámenes,  controversias,  autorizaciones,  emergencias,  etc. Algunas no se reconstruirán.  Más  vale  que  sobre esos  escombros   vayan colocando  bandera  nacional.  Ya funcionó. Impresionó  “en las  redes”.

Digan  lo  que  quieran, el  asunto es magno   y  va para  largo.  Superará  en tiempo a Peña Nieto   que  mantiene  por allá   lo  que   tiene: sus colaboradores en  el  Gabinete,  para   que  eviten a toda el surgimiento de un  conflicto, por desesperación  de la población   si se  siente desatendida.

Volvemos  a la  sabiduría  de quienes  tienen  y  saben:  Para   dar se   necesita igual cuidado  y  dedicación  que  para invertir.

El  tiempo corre  contra la paciencia. Sobre todo  cuando  falla lo  elemental: la  seguridad  y  los  damnificados  se  tienen  que  privar  del sueño para  que   los policías no les  empiecen a llevar  a  saqueadores  protegidos, como  de  sobra se  ha visto  en las  tragedias.

A los días, hasta los  funcionarios  del centro, entienden que  llevar soluciones  casa por  casa  es  imposible.  Habiendo para  darles    y ante  las  quejas de “aquí  nadie ha  venido”,  para pronto les avisaron a  todos:  tomen  su  responsabilidad, vengan  al centro  de  distribución, digan que  necesitan y  llévenselo.  Comida  caliente  buena  la  tienen  en los albergues. Si los  damnificados no quieren  o  no  pueden aprovecharla, tampoco  los  gobernantes  van a  llegar   a  la  sofisticación  administrativa  del  servicio a  domicilio.

Otro problema real son  los políticos ladrones  que  se quedan  con  lo  que  la  gente  manda  a los  damnificados. Ahora  de inmediato, Peña  Nieto empezó a  prohibir   que cualquiera   repartiera: sólo el  Ejército Mexicano  y  la  Armada   tienen facultades  para  trasladar,  almacenar y  repartir, así  como hacer llegar  a  tanto poblado  inaccesible que  existe en esos rumbos.

Conste  que  también  hay el  riesgo  de gente malosa,  de  dentro  y  fuera  del  país,  experta  en  explotar  políticamente  terremotos y ciclones  para  desestabilizar países.  A  eso también  tiene  que  atender  Peña Nieto,  de por  si  tan  vulnerable.

Sin  número preciso de  damnificados, con cifras oficiales  ridículamente  discordantes,  queda  lo que  están  haciendo: salirle  al toro  según van apareciendo dañados. Con orden. Con  disposiciones  que se  están  cumpliendo  y  al “primero lo hacemos y   después contamos”. No  será  ejemplar, pero en la emergencia, sirve.