“Nuestro” socavón

El 15  de  septiembre,  a  la hora de  la  comida,  se  amplió dramáticamente   el  socavón del    kilómetro  51 más 700  del tramo   Las Palmas  a  Mascota,  de  la  carretera  estatal 544  Puerto Vallarta-Guadalajara.

Se  trata  de una   zona   minada por las lluvias actuales  que pusieron  de   nuevo en evidencia las   fallas en otros sitios  encontradas  de    esa  vía, según  eso,  abierta para   satisfacer “viejo sueño  de los  vallartenses”.

Eso fue  cuando era gobernador de  Jalisco   Francisco Ramírez Acuña,  nada  ducho en  obra pública, a quien    colaboradores  del  tipo de  Lalo Rosales  le  llevaron a  fracasos así   de monumentales como los  fallidos “Arcos del  Milenio” que  aún  esperan   terminación.

La   nueva   vía  la  entendieron los  vallartenses como  pintoresco  camino  regional,  apto para  las  necesidades    de  comunidades importantes por su   historia  y  generación  de  bienes,  pero  nada   que ver  con la “vía   corta”, “supercarretera”, “vía  rápida”   demanda  por  Puerto Vallarta para conectarse  sin problemas,  a lo moderno,  con  la capital de Jalisco.

Pero  además,  desde su  inauguración  aparecieron  los  olvidos  y malhechuras;  al  grado ridículo de  que  en estos tiempos de   admirable  ingeniería,   las  autoridades  de  protección  cerraban  y  abrían  la   carretera  según  la  hubieran afectado   las  lluvias. ¡Un  camino  de  temporal!

Ahora  que al  gobierno  federal   le   resultó el  socavón  trágico,  en obra recién  inaugurada  en las  cercanías  de Cuernavaca  y con eso  han aparecido evidencias   de   corrupciones,  olvido de procedimientos,  influyentismos, negligencias  y  demás,  con el  costo de  dos  vidas  humanas,  el  tema  de las  fallas en las carreteras  cobró relevancia   nacional:  es simplemente  aterrador  que   no  puedas   rodar   confiado por   las  vías   que  aparentan  estar relativamente  nuevas  y  hasta con acabados  impresionantes, pero que  carecen de   la  solidez  de lo  bien  investigado  y  hecho  en  su base y   a los lados montañosos.

En nuestro caso,  Protección Civil del   Estado de  Jalisco  ha  estado vigilando  el   comportamiento en  el  deterioro   de  la  obra,  conforme a  lo visto, pedían  a los conductores no  transitar  en el  tramo  Las  Palmas-Mascota, aclarando  que  existía  un  paso  discutible   pegado  al  socavón, por lo que  quienes, por  urgencias  o  rebeldías  insistían   en  transitar, lo  haría   bajo  su  propia responsabilidad.

Algunos lo hicieron llevándose la   gran  molestia   cuando   se  amplió el  socavón casi  hasta el otro carril. Tuvieron  que  regresar  al puente  El Progreso, donde empieza el  embotellamiento   de quienes esperan  paso alternativo por  puntos  cercanos.

Se dice que  ahí  van a tener  que  hacer la  obra carretera  que se “ahorraron” cuando construyeron esta vía. Eso llevará tiempo,  gasto molestias, precisamente  cuando   también  la   pequeña    parte nueva,   de la  gran  supercarretera, en  su  tramo  por  el  rumbo de  Compostela,  -malamente  inaugurada por  ser una parte y  pequeña  y no  la  que  resuelve  viejo  problema  de la anterior   vía libre-, para variar,  también  está  cerrada: se  le vino el cerro  encima   a   los  eficientes ingenieros  expertos en carreteras  de  lujo.

Para nada  es  extraño  que  en México   las obras públicas,  tarden  lo  doble  de  lo  inicialmente  proyectado  y  suban de  precio,  conforme  sea  la  cercanía  del  contratista  con  quien  da  el  contrato. Eso se  vuelve a  aplicar  a  los remiendos. También son  motivo  de  nuevo  negocio  y por  supuesto que  tiempos  y  presupuestos se   alargan, según costumbre.

En  el  trágico socavón  cercano a  Cuernavaca   el   enorme  ruido  provocado  por los  medios  de comunicación  capitalinos, día y   noche, durante  semanas, desde todos  los  ángulos  para   enfocarlo,  motivaron  que  como  notable   excepción   la  reparación    de  lo  mal hecho,  se hiciera a conciencia  y  en  tiempo  normal;  pero “nuestro” socavón  que  crece  y crece,  no tiene el   interés  marcado   y  preferente de  los  medios, ni aquí,  ni  en la  Capital de  Jalisco, donde  están  las  oficinas  desde  donde  toman  decisiones respecto  a  la obra pública  del Gobierno   de  Jalisco.

Otras   serían  las  expectativas   si  los  vallartenses  se unieran  y  se dieran a  valer,   en todos  los  casos  ante  autoridades  estatales  o  federales.  Pero…  ¿con  qué  se  presiona   para  que  una urgencia  se  resuelva   ya,  como una  emergencia?  ¿Cuándo  veremos unirse   a  la  población productora   de  los municipios  afectados,  para presionar ante  el  gobierno estatal, por lo menos  con la misma  insistencia  y  efectividad  con  la  que  se  les  cobra?

¿Habremos  de  decir ahora: Los  pueblos tienen  las  carreteras  que   se merecen?