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Psicología del rumor, los agoreros del desastre.

Desconfié razonablemente y aunque sea una persona habitualmente confiable la que le da la información, verifique con ella su veracidad.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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Parece increíble que el ser humano no aprende de sus errores en comparación con muchas de las especies de vidas llamadas “inferiores”. Ya en otra oportunidad hace unos años, trataba el tema de los rumores. Pero en estos días me parece particularmente relevante volver al tema, dada la cantidad de acontecimientos que se han desencadenado, ya sea por razones de la naturaleza del planeta y otros por la naturaleza humana.

Esta última es mucho más compleja en comparación con la naturaleza del planeta, pues éste sólo pide un poco de paz y de menos seres humanos que lo contaminen y dañen, lo cual no es mucho pedir. Pues bien, los rumores en sí mismos, y desde que el hombre es tal se puede decir que han existido. Pero hay varias interrogantes una respuesta mesurada y sesuda. ¿Se pueden analizar y estudiar los rumores y su lógica de propagación? ¿Se pueden evitar? ¿Cómo deben ser manejados? ¿Se pueden contrarrestar o evitar? A todas esas interrogantes vale un contundente si, y es justamente lo que me propongo desarrollar en esta oportunidad.

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¿Qué es?

Iniciemos por definir el rumor. Diremos que es una proposición específica para crear expectativa o atención, que antiguamente pasaba de persona a persona pero que ahora con los medios o Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) pueden masivamente, sin medios probatorios seguros para demostrar su verdad. Por lo tanto, y teniendo como requisito la no probidad de lo difundido, se cuenta con un medio perfecto para fines no siempre ociosos, puede ser igual pernicioso en gravedad. Por tanto (R=a x i) en donde R= Rumor, a= Ambigüedad, i= Importancia. Si las partes convergen en darle mucha importancia, con la ambigüedad necesaria, el rumor puede circundar el mundo.

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Algo de historia.

Recordemos que en las grandes guerras de la humanidad se han generado un sinfín de informaciones, y que por lo general cuando no pueden ser corroboradas se prestan a la especulación, confusión, desánimo y hasta deserción y suicidio.

Los vietnamitas en lugar de bombas, lanzaban panfletos con dibujos de familias comiendo en paz y con frases como, ¿no preferirías estar en casa? Ellos te esperan. Y por increíble que parezca, en muchos soldados lograron hacerlos desertar. Los romanos se vanagloriaban de sus hazañas heroicas y hacían canciones que propagaban fuerza sobrehumana ante la cual no quedaba más que rendirse. De Gengis Kan, se decía que su caballo donde pisara salía fuego y la hierba ya no crecía. Y así, podemos nombrar un sinfín de mitos propagandísticos a manera de rumor.

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Nuestro entorno

Desde ya hace bastantes años, hemos aprendido que los mexicanos usamos el rumor como deporte nacional. No requerimos siquiera de corroborar información cuando ya estamos mandando por medios electrónicos el próximo apocalipsis, o quien ya está embarazada, o quien anda con quien, o cualquier tema que aunque no sea de nuestra incumbencia, pensamos que es necesario propagar como confeti en fiesta infantil.

Pero, ¿por qué circulan los rumores? Bueno, si cubren las características de importancia tanto para quien lo circula como para quien lo recibe, más una dosis de ambigüedad, es decir, jugar con datos, fuentes, fechas y acontecimientos mezclados pero no relacionados entre sí. Pero para ello de igual manera se requiere estar un tanto retorcido de las facultades mentales, pues no se piensa en las consecuencias nefastas de la propagación del rumor.

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Algunos ejemplos recientes.

Después de los lamentables hechos de los terremotos en Chiapas y la Ciudad de México, prácticamente a todos nos llegó al menos un mensaje de que seguirían los terremotos y que tal “científico” ya lo había anunciado, es más, que hasta la ONU lo avalaba. Otro ejemplo, que llegaría un Tsunami devastador a Puerto Vallarta. Pues bien, son solo un par de muestras de lo falsa y perniciosa que puede ser la información mal intencionada a una escala social inimaginable.

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¿Qué hacer?

Pareciera muy compleja la solución, pero si lo piensa bien, no lo es tanto. Se puede contrarrestar la propagación y el daño aplicando las siguientes preguntas y realizando algunos seguimientos sencillos.

  1. Pregunte y verifique fehacientemente por la fuente o fuentes de origen.
  2. Dependiendo de la información, búsquela en la red, o en libros confiables o hasta en especialistas respetables información adicional a lo que se afirma. Pero no porque salen en la televisión son respetables.
  3. Use su sentido común.
  4. No propague información que no beneficia a nadie a menos que sea realmente por un beneficio comprobable.
  5. Desconfié razonablemente y aunque sea una persona habitualmente confiable la que le da la información, verifique con ella su veracidad.

Muchas veces a una persona o grupo conviene que se tome una actitud a favor o en contra de un personaje u organización, nuevamente no se asuste y verifique.  Le suena el ejemplo; “este  personaje es un peligro para México” ¿y los personajes que realmente hemos comprobado que  si fueron un peligro y lo siguen siendo?

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Espero hacerlo reflexionar un poco. Hasta la próxima.