Nada de que “son inventos de los periodistas”

Por Gregorio González Cabral

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Con  un  gobierno   manipulador  como el que  tenemos, donde   hasta   “los   de oposición” pagan   millones  que   no  son  suyos  a  mentirosos  digitales, bien  pudo ser   que  lo  de “Frida   Sofía” haya  sido  invento de esos fabricantes   de cuentos y forjadores de mitos   que  luego, al  crecer la bola de  nieve,  se  asustaron  por  el riesgo   a  la poca  credibilidad  que les queda y metieron  freno, de la peor  manera,  recurriendo  a la usual calumnia   de:  no  sé  de  dónde  sacaron  eso… ha de haber sido  invento  de los periodistas.

Pensaron que  como  siempre,  así nomás  “periodistas” no  habría quién  se pusiera  el  saco, dado que no  señalaban con  nombre  y  apellido.

Bien sabido: cuando hay tensión y   miedo, y  falta información  confiable, surgen rumores y   leyendas. La  Ciudad  de  México  y Oaxaca, por lo  menos,  están  en  estos  días   llenas de   cuentos  y  desinformaciones.

En  medio de  tanto derrumbe  y damnificado,  la mayor  atención de los medios y el público se enfocó a un  colegio, en el  sur  de  la Ciudad  de México,  cuyo  edificio se   vino  abajo, aplastando   niños que no  alcanzaron a  protegerse  al no  haber  sonado  la alarma en ese lugar de Tlalpan.

Desde el  primer  momento vecinos   clasemedieros  acudieron a mover  escombro  y  de inmediato el  gobierno  federal responsabilizó del  mando  de: marinos, soldados ,  policías federales,  policías locales,  bomberos  y   elementos  de la Cruz  Roja especializados  en  desastres,   a la  Secretaría  de Marina.  La  Secretaría   de   Marina  de inmediato designó  responsables  a sus número 2  y  3, almirantes  para  hacerse   responsables  de cada turno de  12 horas,  cada uno.  Palabras mayores en la Secretaría.

Sobrios, claros, seguros,  sobre todo  el almirante número 3,  oficial  mayor  José  Luis  Vergara,  estuvieron  dando información  y  aclaraciones a los  periodistas  que  durante las   24 horas  cubrían el  dramático  tema  de los  atrapados  y  los intentos  para rescatarles.

De  ese conducto  surgió  el nombre   de una  tal niña “Frida Sofía”,  según  dicho  de   rescatistas. Durante  las horas  y  días   fueron  añadiendo  datos, respecto a  esa supuesta alumna  de secundaria  que  se mantenía viva,  que  le pasaban  agua a través  de   tuvo  que  la  televisión  mostraba,   que decía tener contacto con una  maestra y con  otras cinco  niñas compañeras,  que  los aparatos  sensibles al  calor  reflejaban   su silueta y  existencia,  que ya sólo  separaban al  rescatista  de -“Frida  Sofía” cincuenta  centímetros de pared de concreto,  que el  puño levantado  diciendo ¡silencio! Porque  ya estaba ahí el  rescate… y nada.

Fue   el  secretario  de Educación quien  públicamente,  desde el lugar,  hizo la primera pregunta de razonable duda: ¿Dónde están los padres  o tutores de  “Frida  Sofía”? En  el patio  del colegio,  daban  por hecho que andaban “por ahí”,  cerca  de la enfermería  improvisada  bajo carpa  blanca.  Pero luego reporteros  empezaron  a  buscarles  dentro  y  nada.  Ni  quien los conociera.  Igual cuando recorrieron  la colonia   preguntado por  los familiares  de  esa  celebridad, atrapada en el derrumbe del  colegio.  Una  maestra fue  la primera  en afirmarles que en  el ese colegio no había ninguna “Frida  Sofía”.  El secretario de Educación fue a  sus listas  y las cruzó con las   de la escuela: en efecto, encontraron “Fridas”  y  “Sofías”, pero no  -“Frida Sofía”. Llamaron públicamente a los  padres de  los niños que  según eso, todavía  estaban bajo esos  escombros, a que se presentaran  de inmediato al  colegio, donde  deberían  estar aguardando acontecimientos.  Ningún padre o pariente, respondió al llamado.

Entonces se fueron a  localizar, nombre por nombre, a cada alumno del  colegio: los  fallecidos,  los  hospitalizados, los   que estaban en casa. Les repasaron todos. No  faltaba   de situar ninguno.  No faltaba “Frida  Sofía” y  menos   cinco más. Todo   había sido  una leyenda instantánea.

Horrible  para  quien reporta  aceptar haber tomado los  datos por   buenos y haberlos  dado  a conocer  así.  Pero:  ¿cómo verificar,  si  no  hay  modo  de que permitan meterse  bajo las   ruinas  a   verificar   lo  que  dicen  escuchar testigos  calificados? ¿Cómo  dejar  de  publicar, si la interesante información  viene  de fuente oficial, como  el mando  de  la  Secretaría  de Marina?

Peor   se  puso  el  asunto, cuando la tarde   del  jueves el  número 2,  el subsecretario de Marina,  declaró  desde el patio del colegio que no  existía “Frida  Sofía”,  que  si  había una  persona  atrapada  y podía  tratarse   de  empleada  del   colegio  y  que  no  sabía el almirante  Enrique  Sarmiento,  de dónde  habían  sacado lo de “Frida  Sofía”.   Es decir: invento de  las o los  periodistas.

Eso fue  a las  dos de la tarde.  Para la hora   siguiente,  la  juvenil  y  profesional  reportera   de Televisa, junto  a  dos   experimentados  periodistas conductores,  daban  detallada   respuesta   al subsecretario de Marina, respecto a  “dónde” habían sacado los datos:  de  altos  mandos  de  la  Secretaría de  Marina.  Todo  ello,  al  detalle:  momento a momento, con fecha y  horas, datos  sobre quién  llevó  al almirante  a  cargo   el nombre  de “Frida”, declaraciones oficiales completas sobre” Frida  Sofía” y  abrumadora  evidencia de  que no  hubo  invento de periodistas  para obtener mayor audiencia o vender más  periódicos  que  es  como vulgarmente   alegan los cantantes  escandalosos.

El oficial mayor  de la Secretaría  de Marina, entero, sostuvo los  dichos  de  la  reportera  de  Televisa, sin dejar lugar a dudas.

Como  la  credibilidad  es el  único verdadero  capital    para   los periodistas,  la  aclaración  era  de lo  más importante.

Casi a las  diez  de la   noche aparecieron juntos los números 2 y  3  de la  Secretaría de  Marina, aceptando  haber  sido  la fuente oficial de  esa información  y  ofreciendo  una   disculpa por  haber   dado información  incorrecta, tanto  sobre “Frida  Sofía”; como,  en el caso  del subsecretario Sarmiento “…donde  afirmé  que la  Marina no  contaba con los detalles  de  una  supuesta menor  sobreviviente  en  esta  tragedia”.

Así  se aclaran  las    cosas. Honra   tener mandos  que  acepten haberse   equivocado y sepan ofrecer disculpas al público.