Por el Día Mundial del Turismo: El año de la sustentabilidad

“Doce meses para celebrar y promover la contribución del sector turístico a construir un mundo mejor: ese es el principal objetivo del Año Internacional del Turismo”

Declaración de la Organización Mundial del Turismo para 2017.

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Por Héctor Pérez García (*)
Sibarita01@gmail.com

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LA REALIDAD

El concepto de sustentabilidad o sostenibilidad como también se escribe es tan amplio que parece no haber sido cabalmente comprendido por algunas autoridades quienes son las responsables de aplicar las políticas públicas que garanticen el cumplimiento de los compromisos internacionales, y más importante: el cuidado de nuestro entorno.

A la sustentabilidad se le asocia con frecuencia con la ecología y si bien el concepto lo comprende no termina ahí,  se descuidan o desfavorecen los aspectos sociales. La sustentabilidad incluye el bienestar, las costumbres y tradiciones de la población, el cuidado y protección de su capital social y el entorno en que se desenvuelve.  La deuda en estos aspectos es muy grande y sigue creciendo y solo quien no quiera no la ve.

Hace poco, un digno representante de la industria turística de Puerto Vallarta, hizo alusión pública a la solidez del centro vacacional como destino turístico internacional y por extensión a su posicionamiento en los mercados emisores: a Puerto Vallarta no lo detiene nadie¡ Si bien el presente es verdad el futuro es siempre incierto y considerando la naturaleza frívola de la actividad es válido reflexionar sobre lo que ha comenzado a suceder en otras latitudes en relación con el turismo masivo que amenaza con cambiar el concepto del turismo moderno.

España es una de las máximas potencias en turismo: cada año recibe más de 75 millones de visitantes extranjeros, lo que representa algo más de 80 mil millones de euros anuales. Esta actividad es uno de los pilares de su economía al dar trabajo a más de 2 millones y medio de personas, lo que significa 15 por ciento del empleo total en el país. Para los políticos y los empresarios del sector representa una especie de maná que hay que cuidar y promover con todos los medios posibles, aunque a su paso deje una estela de daños colaterales que nadie, al menos hasta ahora, tomaba en cuenta.

(En contraste el señor Secretario de Turismo de México declaró hace poco que en el sector trabajan más de cuatro millones de mexicanos. Habría que revisar nuestras cuentas  que con frecuencia carecen de veracidad pues nuestros políticos suelen ser fugitivos de la ley de las estadísticas).

Barcelona es quizá la ciudad que mejor explica este fenómeno: es la que más visitantes extranjeros recibe al año, que se concentran sobre todo en el casco histórico.

Marc Ripoll, autor de una docena de libros sobre viajes, explicó  los motivos de su hastío, el por qué finalmente decidió tirar la toalla y abandonar para siempre el barrio en el que ha vivido 20 años: “el simple  hecho de salir a la calle y tener que caminar entre centenares de turistas se vuelve pesado, aunque lo peor es la cantidad de tiendas de barrio (ferreterías, pastelerías, librerías, mercerías…) que han cerrado para reconvertirse en tiendas de ropa y de recuerdos”.

Y añadió: “nosotros nos vamos por hastío, pero hay gente que se tiene que ir porque no puede pagar los alquileres”.

La reflexión que muchos de los que somos convencidos de las bondades del turismo nos hacemos, es: al turismo lo puede parar el turismo. Porque si el turismo no se maneja desde una perspectiva social,  si se sigue ignorando la sustentabilidad y con ello la dimensión humana, el turismo se tornará contra el turismo.  No es sustentable accionar solo para atraer más turismo, sin que vaya aparejada la infraestructura necesaria, habría que considerar los efectos que ello causa en las comunidades de acogida.

Ante una conciencia cada vez mayor de grupos de ciudadanos de urbes europeas en contra del turismo, otro digno representante de la industria en la capital de Cataluña, declaró: “el turismo es un sector que sin duda aporta mucha riqueza, pero es necesaria una profunda revisión y estudiar cuál es el costo y qué repercusiones provoca en la población local. Sólo así podríamos evitar el crecimiento de lo que llaman turismofobia y el riesgo de acabar matando a la gallina de los huevos de oro”.

Hace dos décadas que Carlos Munguía Fregoso, distinguido ciudadano que fue cronista de la ciudad, escribió en su obra: “Puerto Vallarta el Paraíso Escondido”: “…Los contrastes son ahora más notorios en la ciudad. Una ciudad que crece en las cañadas del río Cuale, en las laderas de las montañas y hasta en los terrenos fangosos e insalubres de los esteros, que son modificados por la mano del hombre”.

“Al norte, los imponentes hoteles se comen las playas blancas; al sur las lujosas residencias parecen hacer equilibrio sobre los acantilados, mientras que al oriente las humildes viviendas de las colonias populares se ven como si fueran a resbalar por las laderas; y en medio, a la orilla del mar, el viejo Vallarta, con sus calles empedradas, con sus tejados y algunas fachadas que no han cambiado, trae a la memora el Paraíso Escondido…”.

“Sin embargo el balance es positivo, el progreso material de la ciudad, que atrae a miles de turistas por su gente, por su tranquilidad y sus paisajes, el Vallarta que poco a poco se sume en el olvido”. “… Y los problemas que han surgido, la necesidad de proteger los valores culturales, el entorno ecológico y las tradiciones y costumbres de Vallarta, han empezado a crear conciencia en algunos grupos que tratan de mejorar estos aspectos tan importantes para la vida del hombre”.

De lo que escribió don Carlos Munguía fue de lo mismo de que están hablando los europeos de Venecia, París, San Sebastián y  Barcelona:  “Turismofóbicos” que han pasado de la palabra a la acción agrediendo a turistas que sólo llegan a esas ciudades en busca de ocio y descanso.  Hablaba don Carlos de sustentabilidad, o más bien de la falta de aplicación de la misma, tal como sigue sucediendo en nuestras ciudades vacacionales.

Acercando ese escenario a nuestras ciudades vacacionales como Puerto Vallarta, un gobernador del Estado de Jalisco escribió hace una década: “Si únicamente se logra el crecimiento, sin un desarrollo sustentable, <que implica la protección de nuestra identidad  el turismo  solo será un espejismo donde “Las ciudades turísticas de nuestro país sean paraísos de fantasía en medio de infiernos de realidades”.

¡Qué pena que nuestras autoridades hablen de sustentabilidad sin conocer la profundidad del concepto! Sin señalar, sin corregir, sin obstaculizar su abuso.

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LA CAPACIDAD DE CARGA COMO CONCEPTO DE LA SUSTENTABILIDAD

Todo en este mundo tiene una capacidad de carga, así lo dicta la madre naturaleza, su equivalente en los seres humanos: ¿Capacidad de aguante? El mundo mismo la tiene. La tienen las ciudades, los pueblos y los barrios. Desconocer o ignorar ese importante aspecto podría pasar de lo absurdo a lo delincuencial. Nuestros gobernantes, sea por omisión, ignorancia o corrupción han decidido desde hace mucho tiempo ignorar la capacidad de carga de la ciudad, sus colonias, sus barrios, sus avenidas, sus playas y sus calles.

¿De qué otra manera podría llamarse a lo que está sucediendo en la Colonia Emiliano Zapata ahora mismo con una desenfrenada construcción de edificios de condominios que lo más probable alcance y supere la capacidad de carga del territorio? ¿Habrá la tranquilidad que atrajo a sus actuales residentes a adquirir su vivienda o negocios en la zona? Lo más probable es que suceda lo que al escritor de viajes residente en el Barrio Gótico de Barcelona: saldrán huyendo.

Tal vez solo sea una mínima muestra del turismo siendo derrotado por el turismo.  Porque no estamos hablando de residencia habitacional para la gente local. Esos edificios albergarán visitantes. Tal vez se conviertan en hospedaje para clientes de Airbnb o alguna otra plataforma de alquiler de hospedajes informales. En todo caso la gente local será la víctima del progreso económico que no de un desarrollo social. Una vez más no es sustentable que en el concepto actual del turismo su costo se socialice y los beneficios sean solo para unos pocos.

Al turismo habrá que promoverlo pero también administrarlo. Todo tiene un límite. Una vez que nuestra flamante Secretaría de Turismo alcance el primer lugar en el ranking mundial y tal vez 80 millones de turistas como España, ¿qué sigue?

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2017 como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, recordando así el potencial del turismo para ayudar a alcanzar la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible, de alcance universal, y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

¿Tendremos razones para celebrar el día mundial del turismo?

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(*) El autor es analista turístico y gastronómico.