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Mamá, Papá ¡No grites!

Los padres creen que con gritarle al niño o hacerle escenas de llanto, él va a cambiar su actitud y conducta, lo puede hacer en ese instante que le gritas, pero tiene muchos efectos negativos.

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Por Psic. Livier Nazareth

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Según el diccionario la palabra Gritar significa:” Levantar la voz más de lo normal para expresar enfado o desaprobación”.

“Los padres en la historia de La familia ocupan un lugar muy importante, para enseñar a sus hijos como debemos comunicarnos con los demás, ya que de nuestros progenitores aprendemos a Gritar o a Dialogar.”

La motivación para gritar varia, y puede ser hecho de manera considerada, o simplemente, como una reacción. En esencia, el motivo principal, en todas las situaciones, es la comunicación. Estos arrebatos transmiten alarma, sorpresa, disgusto o indignación, o tal vez para llamar la atención de otra persona o un animal.

Las relaciones interpersonales son tan importantes en nuestro diario vivir, que debemos tomar en cuenta como nos comunicamos con los demás, si es agresiva, pasiva o asertivamente.

La comunicación Agresiva es la más primitiva, por cultura aprendemos la mayoría a comunicarnos a gritos, de esta forma fuimos educados y seguimos con el patrón de conducta hasta la cuarta y quinta generación. Esta forma de comunicación genera violencia, porque a nadie le gusta que le griten. Y como sabemos la violencia en el hogar es cíclica: El papá le grita a la mamá, la mamá a los hijos, los hijos se gritan entre si y le gritan al perro y el perro le ladra al papá y así se sigue el ciclo de agresión verbal.

La comunicación Pasiva: Nadie dice nada, parece que todos están de acuerdo en lo que cada quién hace en la casa, no existe la disciplina, el orden, se pasan por alto algunas faltas graves de los hijos y también pasan por alto las actitudes desconsideradas de los padres, por ejemplo el alcoholismos, las adicciones, adulterio etcétera.

La comunicación más eficaz es la Asertiva, que significa saber decir sí o no en el momento adecuado. Y esta forma de actuar nos lleva a entendernos mejor con los demás.

Cuando tú les gritas a tus hijos se convierten en niños atormentados por los gritos constantes de sus padres y da como resultado  un niño nervioso, inquieto e inmaduro y propenso al desequilibrio físico.

Los padres creen que con gritarle al niño o hacerle escenas de llanto, él va a cambiar su actitud y conducta, lo puede hacer  en  ese instante que le gritas, pero tiene muchos efectos negativos. El primero es que afecta al sistema nervioso y produce desequilibrio físico y psicológico, pero además los gritos pierden rápidamente su posible efecto de cambio de conducta porque el niño se habitúa a ellos y se convierte a su vez en una persona que no sabe hablar ni dialogar en un tono normal. Todo lo dice a voces, imitando la conducta hiriente, gritona y grosera  de sus padres.

Para saber dialogar con tus hijos, necesitas  forzosamente la calma y la empatía necesarias para saber escuchar y ponerte en el lugar de tu hijo. Él gritón con facilidad pierde el control de sí mismo y se cierra a escucha a los demás y por consiguiente los que están cerca de él se pondrán nerviosos e inquietos. Aunque usted no lo crea muchas veces su hijo preferiría  que le pegara, porque el grito equivale a varias bofetadas físicas y también psicológicas. El daño neurológico, físico y emocional que padece su hijo, asediado por la violencia de sus gritos desaforados, es muy superior al de un azote o bofetada. Mi consejo es que tome muy en serio este asunto y aprenda a comunicarse con sus hijos de forma más serena y calmada.

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Lic.  Livier Nazareth
Psicóloga/Tanatóloga: Especialista en  Crisis Familiar y de Pareja, Terapia por la pérdida de un ser querido. Duelo.  Citas: 2258263.