Expulsados los políticos y los partidos

Por Gregorio González Cabral

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¿No hay en la Ciudad de  México un solo político   mexicano  a   quien  se  le haya  antojado   ponerse   casco, chaleco, botas  y  meterse   a  cargar   escombro  después del  temblor?

Parece que no.

Ni por  gusto,  ni por   obediencia, los políticos   se aparecieron en las  áreas  de  desastre   a   hacer competencia  en  popularidad  con los  voluntarios, con  los  reclutas,  con  los  especializados en rescates   venidos de otros  países  o con  los  rescatistas  que   actuaron  acompañados  de  mascotas   que  también se hicieron populares.

¿No hay entre los políticos, alguien con olfato,  como para  ayudar, orientar   escarbaderas, ir a decir  por dónde?  Parece  que no.  En cuanto viene la  emergencia, se sumen, desaparecen,  sus   mamás ya no  les dejan salir  a   buscar  qué  se  llevan.

Ni  en la Ciudad  de  México,  como en  Oaxaca, todo Chiapas , Estado de México, ahora  Morelos,  volvieron a  aparecer  los políticos en la  áreas del desastre.

Dicen  que   porque  los   voluntarios   les amenazaron con maltratarlos  si  los veían sacando  carteras  en  los lugares de tragedia  y de  plano  quemarlos  si  llevaban  protección  de sus abusivos  partidos, voraces mantenidos  por la miseria pública.

Suena bien, pero ¿quién, entre los voluntarios  que  acarreaban escombros,  botellas de agua, latas de atún y  demás   conoce tan bien a   los políticos  como para  identificarlos  entre el  gentío y  arengar  a los  calientes  a  tomar venganza, ahí mismo,  de los  políticos? ¿O  hay  perros  entrenados  para olfatear  a  los políticos  y  encender  la  alarma  de  “cuiden sus carteras” setenta  segundos   antes de  que  les lleguen?

No hay tal.  No corrían  riesgo, de  haberse  querido dar  baño de  pueblo.

Pero  ¿qué necesidad  de juntarse  con la  chusma?