¿Contra la opinión de Los Pinos?

Arturo Zamora Jiménez.

Por Gregorio González Cabral

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Al  gobernador  de  Jalisco, lo “eligen” entre  el presidente   que  sale  y   quien será el nuevo mandamás   sexenal.

Hay  veces  que  el  saliente   le  deja  el  asunto planchado   y  perfumado  a quien  sigue.  Caso  de  Zedillo,  empujando  a su “Bebeto” e imponiéndoselo a su  “Chente”.  Otras  veces   vienen  cambios   duros  en  la política  nacional  y  quien  entrará   resuelve  e implementa,  a  como  dé lugar. Caso de Manuel  Ávila  Camacho eligiendo  a   Jesús  González  Gallo, con el  duro  episodio de: “Saturnino, Coronado;  Marcelino, desaforado”,  cuando  García   Barragán  se negó  a   extender el período para  el gobernador de  Jalisco,  de   cuatro  a seis  años.  El General   salió  antes  de  tiempo. Como interino  puso ya González  Gallo  a  Saturnino  Coronado, por  supuesto que  con la venia  de  Ávila Camacho, próximo presidente de la  República.

Pero  todos los  gobernadores   de Jalisco, igual  los  del PRI  que los  de “oposición”,  han  traído la  bendición del   gobierno  central.  Dicen  que igual  las  presidencias  municipales  de: Zapopan,  Puerto Vallarta, Lagos y  Ciudad  Guzmán.

Lo  de  cargar   a   las   “autoridades   electorales”  y a  los del  gobierno “panista”  del borracho  ofensivo Emilio González  Márquez en apoyo   de  Enrique  Alfaro,  no fue  ocurrencia  de trago  del  uña  larga Emilio;  fue  “línea”  desde   México, contra   el   candidato del   PAN,  del Seminario Diocesano y  del  Cardenal  don  Juan Sandoval,  el “Chilango”  Pérez Peláez, quien ni con  su muchedumbre  de hijos  pudo levantar  la  campaña. ¿Traicionaron al  PAN?  No. Hicieron lo  que  les  mandaron… y  punto.

Tonto el político que  se la  cree  y  llega a pensar  que  el poder le  pertenece, que   es   dueño  de  alguno de los partidos políticos  o  que “la  gente”  le  entrega  el mando. Para  pronto le  recuerdan  quien  manda  y  de quién  es el  verdadero poder.  Quién pone  y quita, aquí, allá y donde quiera   en México.

“Leer las  señales  que   mandan  desde  Los Pinos”, siempre  ha sido la  gran  sabiduría   de  los políticos   jaliscienses.  Tanto  para   entender  cuál es la idea  que  en  poder  central  tienen  respecto a Jalisco y  cómo debe  ser, así también  para   estar  atentos a  las llegadas  de los nuevos  pueden  modificar  preferencias, en cuanto a personas. (Por ejemplo: si  llega  Narro Robles, aquí  se  les vuelve  a aparecer  El Coco).

Entonces: sin Nanga le  dio a Burundanga,  si  Burundanga le dio a  Bernabé,  si  Bernabé  le pegó  a Muchilanga, si  Lomelí  le  dijo  a Nanga   o   Burundanga   también  se peleó con Alfaro,  vienen  a  ser  “pleitos de cocina” que  en  nada afectan lo que  se trata  en  la  sala  de poder   de la  casa   y  menos   en lo  que resuelven  en Los Pinos.

“El  mayor bien  de  la  Nación”  se  define y resuelve  allá,  no entre   caporales   y  hacendados.

Hace  dos  sábados ,  Arturo Zamora, volvió  a Casa  Jalisco   para  clausurar  una  reunión  de  ex legisladores   del  Estado.  Zamora es el  jalisciense mejor colocado y visto  por el poder central.  Es  el  líder   de la  hoy central más importante del PRI, la  CNOP,  precisamente nacida   en Guadalajara allá en  aquellos  años  cuando la Selección Jalisco era palabra  mayor  en  el  futbol nacional, futbol que  se miraba  en  vivo y sin  jugadores   llorones tirados en  el  zacate.

Zamora vino  y  les dijo que  se unieran.  Nada  de calentarse   a lo tonto, ni  andar  haciendo  olas, para luego tener  que hacer  buches.

Los  experimentados  que una y  otra   vez han pasado por la  vergüenza   de que les digan ¡diputado!,  sintieron, notaron,  empezaron a interpretar  como  que los vientos soplan hacia Zamora  y  no  para donde resoplaban.

Ahora  que  si no  es así como  se “elige” gobernador, pues entonces  no han sentido nada.