Atar la rataGente PV

Los vallartenses son de Venus, los fuereños son de Marte

Me gusta saber de la historia vallartense, me parece divertida. Hasta podríamos decir que la historia vallartense es macondiana.

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Por Juan José Mérida
Director general de Marejada.mx@jj_merida

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No hay nadie más vallartense que alguien nacido en Guadalajara, Mascota o El Grullo. Son los primeros en escandalizarse cuando uno cuestiona algún capítulo de la historia del puerto como la presencia de “veinte mil indios armados y portando una banderita de plumas en la mano, esperando a Francisco Cortés de San Buenaventura”. También, son ellos los primeros en alegar la existencia de infinidad de platillos típicos vallartenses y ofrecen como ejemplo el pay de Yelapa, que en realidad se trata de un simple pay de queso ofrecido como postre en esa playa del municipio de Cabo Corrientes.

En el cuento La noche de los dones Jorge Luis Borges asienta una frase contundente para el vallartense que describiré líneas abajo “No hay un pueblo de la provincia que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distinto”. Y es que existe el vallartense chouvinista convencido de que Puerto Vallarta es el centro del universo y trata de convencer de esto a todos aunque tenga que perder el sentido común.

En los 25 años que llevo viviendo en Puerto Vallarta, más que sus playas, montañas y ríos, lo que más he disfrutado ha sido el observar cómo se va desarrollando su sociedad. Una de las primeras cosas que me sorprendieron cuando era niño fue que en cada inicio de ciclo escolar, al pasar lista la maestra, se detenía en algunos apellidos y preguntaba “¿Eres pariente de fulanito de tal?”, “Tienes la misma cara que tal”. Así entendí que para el vallartense el apellido es algo importante. Por su puesto mi apellido nunca puedo camuflarse en la privilegiada lista de estirpe arraigada y tradicional.

Después del apellido, al vallartense le importa mucho el lugar de nacimiento. Por ejemplo: si se trata de un extranjero de Estados Unidos o Canadá es incuestionable su calidad de hermano y visitante distinguido. Si es un extranjero de Europa se le atiende con gran calidez pero no se busca una cercanía ni se le hace toda la faramalla que a los norteamericanos. En cambio, si el turismo es asiático se le atiende con cierta precaución.

En cuanto a los paisanos también hay sus recelos dependiendo del lugar de origen. Si es nacido en Guadalajara, San Sebastián, Talpa, Mascota, Cabo Corrientes o Tomatlán de facto se le considera vallartense, con el derecho inalienable de llamar fuereño a cualquier nacido en otro lugar. Me sorprende que este discernimiento excluya a jaliscienses lejanos de Hostotipaquillo y Totatiche o a los cercanos de Ayutla y Villa Purificación.

En el plano nacional el vallartense tiene algo de admiración por los nacidos en estados norteños como Sinaloa, Sonora y no se diga Baja California y Baja California Sur (la relación entre Puerto Vallarta con este último estado merece una columna aparte), al grado de entenderse rápidamente y establecer una camaradería instantánea. Los paisanos de los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas son vistos desde el imaginario vallartense como algo exótico, casi casi igualados con los turistas asiáticos. Hay un sector pequeño de conservadores vallartenses que ven a estos paisanos con animadversión, pues aprovechan para asociar la presencia de estos con los niveles de inseguridad. “Antes no había tanta delincuencia”, repiten en cada oportunidad. A los paisanos del centro del país el vallartense los engloba como uno solo: chilangos.

Me gusta saber de la historia vallartense, me parece divertida. Hasta podríamos decir que la historia vallartense es macondiana. Con un Guadalupe Sánchez como patriarca de una familia centenaria. Es más, si Macondo tuvo su esplendor con la United Fruit Company aquí tuvimos a la Montgomery Fruit Company operando en la delegación Ixtapa. El problema es cuando se comienza a ver la historia como algo intocable o incuestionable. Cuando si alguien dice que en Puerto Vallarta hubo un ferrocarril, todos empiezan a repetir que lo hubo, aunque lo cierto haya sido que solo eran unos vagones pequeños para transportar plátanos.

Por eso creo que deberíamos retomar aquella iniciativa del Instituto Vallartense de Cultura, y la Casa de la Memoria Gráfica en la que se abordaban cada mes temas de la historia local. Me parece vital que se discuta la historia vallartense. Recuerdo el IV Encuentro de Cronistas y Homenaje al profesor Carlos Munguía que se celebró en el Hotel Villa Premiere. Me gustó el evento, con un buen gesto de un ponente que acuñó la palabra vallartidad. Así que ahí estaré siempre a la espera de cada oportunidad en que se desbroce la vallartidad.