Aventuras de un pintorGente PV

Realidades Alternativas 32: Recuerdos del Porvenir

Recuerdo la primera vez que en un restaurante me sirvieron agua embotellada y me la cobraron. Hasta entonces los restaurantes servían el agua pura en vaso de vidrio o copa y era gratuita. Mi reacción fue de rechazo y de tal indignación que después me sentí culpable de una reacción injustificada. Después de todo ¿qué tanto eran diez pesos? No parecían tan difíciles de pagar. Pero creo que mi indignación fue porque ya intuía yo algo muy malo que vendría con esa práctica.

No era tanto el costo como el hecho. A esta práctica se han ido sumando innumerables otras, al grado de que hoy ya se intente cobrar el sol: en España se pretende cobrar un impuesto por el sol que alimenta los paneles solares. Con este criterio, no es exagerado pensar que llegue el día en que se pretenda cobrar un impuesto por respirar. La justificación será que al respirar exhalamos CO2 y que eso contribuye al calentamiento global – ¡Perdón! Ahora se le llama cambio climático (ya que se demuestra poco a poco que en realidad la tierra está entrando a un ciclo de enfriamiento, como los que hay cada 400 años).

El caso es que se pretende cobrar por todo, hasta lo que es natural derecho de la vida. La naturaleza está siendo capturada, transformada en sintética y puesta a la venta. Aquella botella de agua fue solo el principio de una sustitución de lo natural por lo fabricado, de una creación alternativa. Ya hoy entiendo el por qué me molestó.

Ahora leo en internet que ya hay parejas robots muy cercanos a los humanos. Tienen una piel que, aunque sintética, es suave y cálida. Son físicamente atractivos, capaces de aprender todos nuestros gustos y responder a conversaciones inteligentes.

Me pregunto qué tal sería tener una mujer así, que le pudiera yo configurar el carácter, cambiarle el color de ojos y desconectarla cuando me apeteciera. Además, tendría las ventajas de que no envejecería, siempre estaría dispuesta, nunca tendría mal aliento ni otros malos olores, ni gustos caros. Todo un sueño vuelto realidad, no gracias a Dios, sino a la cibernética. Y también hay para mujeres: el compañero perfecto, alto, fuerte, fiel y con vibrador integrado. Como posible desventaja, Lev Scheglov, renombrado sexólogo ruso, advierte sobre el factor emocional y la verdadera comunicación: esa conexión que tenemos de alma con alma. Es decir, que aunque todo sea en apariencia real, la verdad es que no lo es.

Un robot no es verdaderamente humano. Y pregunto ¿qué es ser humano hoy? Porque es seguro que habrá robots tan perfectos que nos superarán. Pasarán sin problema la prueba de Turing, aquélla en que la roboticidad (acabo de inventarme esta palabra) no la percibiremos. La mercadotecnia se impondrá, se venderán con grandes ventajas y finalmente serán tan comunes como el teléfono celular. Todos y todas querrán tener uno.

Leyendo sobre los robots, siento de nuevo aquella indignación que sentí por el agua embotellada en plástico. Comprendo que a los jóvenes de hoy no les cause efecto. No conocieron otra realidad, y la mayoría no sabrán lo que es beber agua pura de un arroyo, servida en un vaso de vidrio. Tal vez las generaciones que sigan no sentirán nada peculiar al tener por pareja a un robot y en la publicidad de ventas sólo le verán las ventajas.

www.leondelavega.com

Leyendo sobre los robots, siento de nuevo aquella indignación que sentí por el agua embotellada en plástico. Comprendo que a los jóvenes de hoy no les cause efecto. No conocieron otra realidad