Triste y con lágrimas

Por Humberto Aguilar

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Sorprende Daniel con los detalles que narra sobre hechos que perduraron para siempre, a continuación su historia que marca los tiempos del fin de la guerra…

Por unos días de lluvia la recolección de cocos se detuvo. Una tarde de clases en la escuela, la maestra Rosa se mostraba muy triste. Sin ánimo de hablar sobre los temas de la clase, la vi sacar un pañuelo de su escritorio y se limpió lágrimas de sus ojos. Lloraba y no se ocultó de nosotros que le mirábamos asombrados. Algo grave debió ocurrir, pensé.

Nos miró sorprendida. Se limpió el rostro y nos mandó de regreso a casa. En el camino, preguntamos a León si sabía algo, solo se encogió de hombros y negó con  un gesto. En casa, tío Alfonso no hizo comentarios. Yo estaba seguro que él si estaba enterado, más no dijo nada. La curiosidad no me dejó dormir por la noche. Solo al día siguiente nos enteramos en el pueblo que llegaba un buque de guerra. Esa nave fue muy diferente a las que venían por el coco. Ese enorme buque de guerra lleno de cañones de diferentes tamaños.

El pueblo  fue convocado a la playa para presenciar un evento muy singular no celebrado antes en algún lugar de México. Elementos de la marina de nuestro país, con tambores y cornetas flanquearon un costado de la playa. Del acorazado, se había dispuesto una alfombra, enfrente de la escolta de México, bajó otra escolta elegante con uniformes azules y clarines brillantes dorados, se colocaron enfrente de la banda de guerra mexicana.

Se escuchó fuerte diana de bienvenida por la banda mexicana y respondió la otra con notas marciales, enseguida se inició una ceremonia que todos vamos a recordar por muchos días, o años y todo el tiempo por cada detalle que presenciamos.

El cuadro imponente, nadie se movía de su lugar en espera de cada instante espectacular. Con emoción se escuchaban notas de duelo de clarines y tambores de la banda norteamericana. La maestra Rosa escoltada por oficiales de la nave de guerra, esperaba en el centro de la alfombra.

La escolta con su bandera de barras y estrellas, bajó de la nave de guerra. Un oficial con uniforme de gala y guantes muy blancos sostenía un cofre de madera, con su mano derecha sostenía doblada la bandera. Las notas de las trompetas tan intensas se adentraban en la mente y el corazón de todos. Con mis amigos, todos muy impresionados, seguíamos con atención todo, sin perder detalle.

El oficial se acercó a la maestra Rosa, le entregó el cofre y la bandera con un saludo militar en su honor y en el honor del contenido.

Seria y muy triste, la maestra tomó el cofre y la bandera, acercó a su rostro y besó aquellos objetos que le fueron entregados. El gran silencio hacían más intensas las notas de duelo de la banda de guerra. La maestra alzó sus ojos al cielo y murmuró palabras que sin escucharlas, entendimos que era una oración por alguien que ella amaba intensamente,

A una señal de los comandantes de las dos bandas de guerra, tocaron dianas en honor a este acto que luego buscaríamos todos los integrantes de nuestra pandilla, explicación. Todo era novedad para nosotros y para gran parte del pueblo que seguía sin moverse de su lugar.

Con respeto, oficiales de la armada que llegaron en el barco, se despidieron de la maestra y regresaron al barco. Solamente dos marinos y un oficial, acompañaron a la maestra hasta su casa y todos regresamos cada quien a nuestra casa.

En el camino, con mis amigos acordamos reunirnos en la plaza con el viejo pirata para que nos diera su opinión sobre todo lo que había ocurrido esta mañana en la playa.

En casa, no hubo necesidad de hacerlo, tío Alfonso nos contó con emoción los detalles. El evento en la playa fue para entregar los recuerdos de su hijo que murió en combate, además una condecoración, La Cruz de Honor por los actos de guerra en los que participó con gran valor.

Su hijo herido, estuvo en el hospital de campaña donde murió. Él lo sabía por la maestra que además dio a conocer que terminaba en la región la cosecha de cocos. Se regresaba a su país a cumplir nuevas órdenes de su gobierno.

El resto del día todos en casa, mostraron gran pesar por la maestra Rosa, yo en particular, recordé las historias de mi abuela sobre la Cristeada, una guerra diferente pero igual con muchos muertos y dolor en las familias. Todas las guerras dejan malos recuerdos y muchos niños pierden a sus padres… como yo.

Tío Alfonso nos habló de problemas que solo entendí cuando explicó a las mujeres grandes y todos escuchamos.

-Se nos terminó a todos en el pueblo el negocio de la cosecha de coco que nos ha dado buenas rentas por el trabajo que hemos hecho. Se va la maestra porque la guerra va a terminar en unos meses más y todo va a quedar como cuando empezamos.

Mis primas y yo no comprendimos de momento, ellas guardaron silencio para escuchar a tío Alfonso. Entendí que al terminar la guerra, el pueblo volverá a los tiempos que recuerdo tres años atrás, sin escuela, sin tanto movimiento de gente en los montes para cosechar el coco, olvidarse de la pesca y las fiestas y borracheras con el dinero que les pagaban por su trabajo.

Así fue como empezó todo, regresar a ese tiempo, es volver a hacer lo que por muchos meses se dejó de lado. Trabajar la tierra y regresar a pescar para ser el mismo pueblo que conocí y es el pueblo que empecé a contar aquí.

Ahora con todo lo que hemos aprendido, entendí en ese momento que para todos los que no guardaron algo de lo que se ganaron, van a tener problemas y se acabaron las fiestas. Todos a trabajar en lo que saben y esperar que los muchachos que se fueron al norte, se acuerden de su gente acá y les manden unos dólares.