El México dolido

Por María José Zorrilla

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Después de un mes fuera del país, regreso a casa viendo otro México, un país golpeado en sus estructuras urbanas, políticas y emocionales.  Un país que sigue caminando, pero dolido por las pérdidas humanas, empobrecido por las pérdidas económicas y enardecido contra el Gobierno.  El sismo abrió brechas, destapó la loza que aprisionaba el rechazo por tanta corrupción y convocó a los mexicanos a extender la mano para ayudar al prójimo con presteza y generosidad.  No se puede culpar a los políticos de los temblores, pero ante la desgracia, se racionalizó la importancia de contar con los recursos económicos suficientes para reconstruir el país y la necesidad de contar con un gobierno confiable en quien depositar las donaciones para que su reparto sea impecable y sin tintes políticos ni partidistas.     La sociedad rechazó la presencia de muchos políticos en las zonas afectadas y mostró su repudio ante una “casta divina” que hoy día es sinónimo de corrupción e impunidad.  La sociedad no quiere ya más publicidad política y rechazó de manera generalizada la cuantiosa asignación de recursos a los partidos políticos para sus campañas electorales.  Ahora tendrán que hacer política de otra manera, pues si bien muchos partidos políticos viendo la avalancha del rechazo, decidieron generosamente donar todo para las víctimas de los temblores, el problema será cómo aplicar los recursos de manera más discreta, porque con o sin dinero el manejo de la política ya cambió.  Al menos así quisiera creer, porque hay voces que consideran que sólo se trata de una llamarada de petate y que pronto volveremos a ser los mismos sumisos de ayer.

Somos un país donde la sociedad civil sabe responder ante la emergencia.  Pero es precisamente la emergencia la que lo hace caminar y reflexionar sobre el estado actual de las cosas.  Se impone traer la historia al presente para no olvidar lo que el sistema político del país ha permitido en materia de corrupción e impunidad.  México está dolido, pero está de pie. El sábado me tocó ver un programa en el canal del Politécnico con Javier Solórzano donde entrevistaba a la gente de Juchitán.  Muchos lo habían perdido todo.  El pueblo se veía destrozado pero no abatido.  Me sorprendió la ecuanimidad del juchiteco. A pesar de no tener ya nada, mantenía en pie su dignidad y su entereza, aunque la tierra se siga moviendo.  No sólo la tierra se está moviendo, también la vida política en el país se está moviendo.  El PAN vive ya un cisma con la salida de Margarita, el PRD también parece estar perdiendo a sus voces más fuertes y en desbandada salen al cobijo de MORENA; el PRI ya recibió los primeros avisos en septiembre durante la ceremonia de El Grito, que fue más bien un grito de repudio al entonar estribillos de “Fuera el mal gobierno” y a Osorio Chong “ensúciate las manos c…, cuando recorrió las zonas de desastre después del temblor.  Esperemos que los gritos de desesperación no queden en un fugaz desahogo y se canalicen de una manera que se refleje no sólo en las urnas en el 18, sino ejerciendo presión para que las cosas caminen por mejores derroteros desde ahora.  Por lo pronto ya han ocurrido cambios sustantivos en cómo ejercer los presupuestos de las campañas.  Y a favor o en contra, es un hecho que habrá reducción.  Los más enterados dicen que desaparecer los subsidios del todo favorecería al PRI porque tienen los medios para conseguir dinero con los más ricos; mientras que los más chiquitos serían los más desfavorecidos pues al no tener presupuesto, jamás harían llegar su voz a las mayorías.  Pero antes del temblor, sólo algunas voces como las de Kumamoto se habían hecho llegar de “Sin voto no hay dinero”.  Hoy ya somos muchos más.    El Temblor sí nos movió mucho.  Ojalá no quede como una válvula de escape temporal, sino que marque un nuevo derrotero en nuestro devenir.