Nuevos tiempos

Por Humberto Aguilar

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Todos los niños huérfanos de padre tienen deseos de conocer quien fue, si vive o ha muerto. Daniel es obsesivo y busca la verdad…

Se reanudó la pesca en el pueblo con muy poca actividad. Las pangas estuvieron amarradas y olvidadas y regresar fue complicado, el salitre las dañó y solo dos o tres en condiciones de trabajar, Don Rodrigo, el presidente del ejido y tío Alfonso tuvieron la precaución de protegerlas con una fuerte lona impermeable. Una más fue rehabilitada y con ellas volvieron a la cosecha del mar.

No había chinchorros, se quemaron con el sol y la sal. Solo había tarrayas que fueron colgadas en casa y se usaban por las tardes para capturar lo que hubiera cerca de la desembocadura del río, mojarra y el robalo, para consumo en casa.

Por semanas enteras se vio actividad en la playa con tejedores de cordones de cáñamo de algodón, para crear nuevas tarrayas, con sus plomadas y sus flotadores, globos, en la superficie del mar que señalan el sitio cuando las tiran por las noches.

Al reanudarse la pesca semanas más tarde se reactivó el mercado con intermediarios que llegaron a comprar toda la producción dos veces por semana. Había dinero en casi todos los pueblos, las oficinas de telégrafos se multiplicaron para entregar el envío de dólares de quienes se fueron a trabajar al otro lado.

Las familias cambiaban sus dólares por moneda nacional. No faltaba el trabajo en los pueblos grandes donde se cultiva el tabaco. Por el anciano nos enteramos que hay pueblos en el sur que son ricos por la producción, dice, del mejor tabaco del mundo.

Él mismo se perdió varios meses para trabajar en un lugar que se llama Santiago Ixcuintla en el norte del estado, donde todos los campos se cultivan con tabaco. A su regreso, llegó con un costal lleno de hojas secas con las que hace sus cigarrillos.

Nos cuenta sus aventuras por aquel pueblo y de otros que visitó, uno de estos es una isla en un lago de agua dulce. Afirma que es Aztlán, la cuna de los pueblos que llegaron al centro del país a otra gran isla donde se creó el reino de los mexicas.

Sus historias confirmaron lo que aprendimos en la escuela sobre la historia de este país. Entendimos que este pueblo, es solo un puntito que apenas se ve en la geografía. Un lugarcito que siempre he dicho que es el lugar más hermoso del mundo.

Con mis amigos se hicieron más frecuentes las escapadas a la playa, a nadar y jugar, a correr aventuras al sur y al norte, sin dejar de hablar sobre la posibilidad de escaparnos a la sierra, a buscar los tesoros que nos cuenta este anciano de los Indios Bandera que vivieron en grandes pueblos al otro lado de las verdes montañas que vemos desde aquí.

La Sierra de Vallejo que parece estar al alcance de la mano, llena de colores y de misterios sobre todo para quienes hemos crecido y vivimos con intensidad cada día y cada momento.

Tengo reflexiones que me atormentan, sin embargo y la más importante es esta que debo de contar aquí:

-Desde que entendí que en todas las familias hay un papá, empecé a preguntar a mi madre por él.  No he logrado una respuesta que me deje satisfecho. Siento que ella misma no sabe que decir, se ve confundida, me dice que luego me va a decir quién es y dónde está mi padre, pero el tiempo ha pasado y eso, cuando estoy solo en la playa, me quedo muy triste. Todos mis amigos tienen un padre y se ven muy unidos, solo yo y Mauricio, estamos solitarios y platicamos de nuestra vida, los dos no tenemos un papá.

Mauricio es un muchacho un año menor que yo, es bajito y muy listo, vive con su madre que se gana la vida en su casa con otras mujeres. Ellas hacen tortillas de maíz, en enorme comal. Son hábiles con sus manos para amasar y moldearlas grandes y redondas. Por su calidad en el pueblo las consume por docenas.

Mauricio me cuenta que las de su mamá son las mejores tortillas del mundo y es feliz a su lado. No le pregunta quién es su padre y no sabe si vive o ya se murió. Su mamá es una mujer sencilla, conserva su vida privada y esto en un lugar como mi pueblo, eso sí que es difícil.

Mauricio está orgulloso de su madre, no le pregunta por su papá y la da lo mismo si llega a conocerlo. El amor a su madre es todo. Yo quiero mucho a mi madre, a toda mi familia, pero yo quiero saber quién es mi padre, es algo que necesito y por eso es que no dejo de preguntar por él.

Pienso que no voy a dejar de preguntar cada vez que puedo a mi madre que no termina por contarme la verdad.

-La vez primera me dijo que el papá es tío Alfonso y con los meses entendí que no era cierto. Volví a preguntar que me explicara. Solo que mi pregunta le hizo llorar y me dijo que me lo contaría todo, cuando entendiera mejor.

Después de muchos meses y años, sigo sin saber, pese a seguir preguntándole.

Todo este tiempo he crecido y sé muchas otras cosas más de mi pueblo, de la escuela, de las tareas de la pesca y todas esas historias que desde hace más de un año nos cuenta el anciano del pueblo que dice las ha vivido todas. Desde cruzar a pie la sierra, conocer todos los pueblos que crecen al otro lado, hasta trabajar en la pesca por muchos años. Las veces que se salvó de morir en el mar, durante una tormenta que destrozó su panga. Cayó al agua y nadó hasta la playa con el auxilio de unos delfines que lo mantuvieron a flote toda una noche y hasta día siguiente que pudo llegar a una playa desconocida casi inconsciente impulsado por las olas.

Desde entonces ya no volvió a salir a navegar o pescar. Prefiere trabajar en tierra, donde puede, pero desde que lo conocemos, no lo hemos visto en alguna tarea. Solo descansa, fuma su tabaco y bebe de su mezcal hasta quedarse dormido.

Otra de sus aventuras, fue trabajar en los pueblos donde se produce el tabaco, unas plantas grandes y muy verdes que luego de cosecharlas las secan debajo de unas lonas, arman grandes bultos y llegan por ellas para llevarlas a una fábrica de cigarrillos en Tepic.

“Son pueblos muy ricos, el tabaco se vende a muchos países y es, dicen, el oro verde de grandes regiones del estado”.

Esta es otra de sus muchas historias que nos ha contado en la plaza cuando aún no se termina su botella de mezcal.