Aquí no necesitan a los rusos

Donald  Trump.

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Por Gregorio González Cabral

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Sabido   es  que   a  la  clase política mexicana  no le  hacen falta  Putines. Menos le hacen falta pretextos, para   quitar  y  dar, al Instituto del “Entrañable Fraude” Electoral”.

Lo escribo porque acaba de  aparecer el libro de  Hilaria  Clinton,  explicando   cómo es   que   pudo   ser   vencida por el  majadero, patán y pobre rico  Donald Trump.

Para nada  dice  Hillary que   Videgaray  le  haya  dado el triunfo al malvado racista  Trump.

De hecho,  voto a  voto, Hillary  venció a  Trump  con  3 millones de  votos.  Igual le hizo  tragar  camote  y  polvo en  tres debates  presidenciales. Pero… como ha sucedido en otras  5  ocasiones en Estados  Unidos,  los misteriosos  “electores”   de lo que llaman  allá  “Colegio Electoral”  dan el triunfo definitivo  a quien  sale  con  menos votos. Resuelven  que  se jugaba  al “gana-pierde”  y  le dan  en la  madre   a   todo  el prestigio  ejemplar del  sistema de   campañas políticas de  los gringos.

Entonces  no  acusen a los  “conservativos” de  allá, haber  cometido  la  barbaridad  con Estados  Unidos y  con la  humanidad   de   meter  a  la Casa Blanca a “eso” que se  apellida Trump.    A  Donald Trump  lo puso el sistema político,  para   caricaturizar a   los  “derechistas” que andan  agarrando tercer aire en  el mundo. A  propósito aparece  Trump  tan  ignorante,  mal educado, insensible,  bipolar  y   odioso.  (Por supuesto que los  políticos   derechistas  aceptan la friega… siempre   y  cuando  les pongan  también una  mujer  tan  buenota  al lado  que  use  tacón  alto  hasta  para  entrarle   al  lodo).

También  acusa  a  los rusos  por  haberse   metido  a  las  redes   a  agarrar  sus  tarugos, con mentiras   gruesas  disfrazadas de  noticias.

Y  para  honra   de  “The New York Times”  le  reprocha  haberle  dedicado más espacio al asunto del FBI  investigándole  sus  mensajes  que  al asunto de los rusos  empujando a  Donald  Trump.

Por supuesto que se  queja  del  machismo   duro  en la política, manifestado  en  eso  de  llamarle   “la  esposa  de  Clinton”,  como   aquí  “El  Peje” le  dice a   Zavala, “La esposa  de  Calderón”, con  lo que la funde, porque   Felipe no  tiene  historias   tan  picantes  como  las  de Clinton  en  el  “Salón  Oral”;  puras  borracheras interrumpidas por  la  señora.

¿Todo eso  se necesita   en  Estados  Unidos para  quitarle el  triunfo a quien saca más  votos?  Sí.

Aquí, en  cambio,  el   principio     democrático  es  “el  que cuenta, gana”… pero ni necesidad. Aquí gana quien dice  el  Señor  Presidente.  Lo demás es   escenografía,  cuento.