Codicia desatinada: La economía impulsa al turismo y la ética al bienestar social

Por Héctor Pérez García (*)

.

Con una visión de corto plazo se pretende ver al turismo como un negocio exento de altibajos como si no dependiera de los accidentes económicos de los países emisores, entre otros factores que lo hacen vulnerable.

El negocio del turismo es uno altamente frágil pues le afectan infinidad de infortunios, siendo la economía la principal, pero sin escaparse de la geopolítica, de la criminalidad, de las conflagraciones y de otro tipo de eventualidades.

Ignorar lo anterior y no  actuar en consecuencia, significaría poner en peligro los beneficios que acarrea al país una industria que en estos tiempos de bonanza parece obnubilar con su éxito la mente de algunos actores tanto de la iniciativa privada como del sector oficial.

Según un reportaje de Leticia Arana de Prensa Global.com, el señor Secretario de Turismo del Estado de Jalisco, abrumado por los logros temporales cosechados por la entidad y mostrados en múltiples cifras estadísticas, “Adelanta proyección para que dentro de dos años, el sector restaurantero ligado al turismo, cobre y declare nuevo impuesto”, mostrando con ello un triste desacato a los principios que sostienen al turismo.

Si lo que sigue en el mismo reportaje fuese verdad, la obnubilación sería mayor: “…Hemos venido platicando con el sector gastronómico, y están dispuestos para empezar a trabajar el impuesto, que todavía no se define de que monto, para cobrar en las facturas de todos los restaurantes que tienen el perfil turístico que son todos los fiesta, mariachi y todos los que reciben turismo…”.

Y uno se pregunta: ¿Por qué primero no se propone el aplicar impuestos que ya han sido aprobados por el Congreso Federal, como el impuesto a los visitantes de cruceros?

¿Por qué primero no se exige legalmente el cobrar y enterar el impuesto del 3.0% al hospedaje que un sector de la industria no lo hace en el municipio?

¿Por qué primero no se “moderniza” el anacrónico Fideicomiso de Turismo de Puerto Vallarta que tiene más hoyos que las laterales de la avenida de ingreso?

Todo ello me acerca a las reflexiones de mi amigo y colega Fernando Betanzos quien respecto a otra iniciativa igual de frívola, escribe:

“La tontería de la humanidad se escribe diariamente”. Benavente.

“…Pero hay más impuestos: Por ejemplo, si usted viaja por vía aérea a México,  su boleto incluirá el IVA sobre el importe proporcional de la tarifa volada sobre territorio mexicano. Si es usted turista, Pagará así mismo,  el “DNR”, actualmente alrededor de $19USD por persona (*) e incluirá así mismo el  “TUA” o Tasa de Uso de Aeropuerto que varía dependiendo del aeropuerto de que se trate.  La cadena no termina aquí.  Hay un “impuesto hotelero” (*) de aplicación general que va del 2.5% al 3,5% sobre la tarifa de hospedaje.  (*)

Los impuestos referidos arriba mediante un asterisco fueron establecidos el primero, o “DNR”, para fondear los gastos de promoción del turismo de México en los mercados internacionales del CPTM (Consejo de Promoción Turística de México). El segundo o “Impuesto Hotelero”, iría a las cajas de los Fideicomisos de Turismo de las Ciudades que recabaron este impuesto – para así contar con recursos de promoción de la respectiva Ciudad y poder llegar a los mercados nacionales o internacionales y ubicarla como el mejor destino turístico para vacacionar.

Lo anterior, con el fin de aclarar lo que sigue: en México, según me han dicho, la Ley no permite “etiquetar” impuestos –como indebidamente se dice del DNR y del Impuesto Hotelero, por poner dos ejemplos que nos atañen.  Según la Ley, todos los impuestos y derechos recabados en México deben de ir a una enorme “olla” (Presupuesto de Ingresos) y de allí, el Congreso designa lo usos o fines a los que se determinarán los fondos de la “olla”.  (Presupuesto de Egresos).

Como pueden ver nuestros amables lectores, al turista le llegan nuestros impuestos por todos lados, aún antes de llegar a México: Desde que compró su boleto de avión pagó el DNR y el TUA y, sin importar la bandera de la línea aérea autorizada, el turista ya está aportando para pagar el ISR del transportador al fisco mexicano.

No conforme con esta lluvia de impuestos, varios de ellos destinados al turista, el Sr. Pablo Azcárraga, Presidente del CNET (Consejo Nacional Empresarial Turístico)   propone al Gobierno de Quintana Roo –para empezar–, la creación de un nuevo gravamen Estatal de $350 pesos a todo TURISTA EXTRANJERO, que llegue a ése Estado (y de seguro eventualmente a todo  México) a fin de que se cuente con fondos “cuyo producto se dediqué (sic)  a la atención de las crecientes necesidades que las entidades turísticas están enfrentando (resultado del creciente dinamismo del propio sector) que sirva por tanto para mejorar la seguridad turística, así como la infraestructura y la situación social de las familias que viven en los destinos turísticos de México”.

Me toca agregar: El C. Gobernador del Estado de Baja California Sur, Carlos Mendoza Davis, envió al H. Congreso de su Estado una iniciativa muy similar a la de don Pablo. La iniciativa fue aprobada  y el impuesto al turismo debería ser efectivo. Misteriosamente, no ha sido aplicado. Nos toca seguir investigando.  Dada la falta de espacio, continuaremos en el próximo Balcón para abundar sobre la propuesta del Presidente del CNET  y ver por qué BCSur no ha aplicado lo que ya aprobó el Congreso Estatal. Con la venia.

México también podría morir de éxito, o sea; ¿No son estas manifestaciones absurdas una señal del turismo matando al turismo?

¿Dónde las justificaciones para cobrar un impuesto más al visitante extranjero? ¿Serán mejores nuestras ciudades, con infraestructura, transporte urbano, aeropuertos, seguridad y facilidades culturares?

¿Sabrá el señor Secretario de Turismo del Estado de Jalisco como operan los restaurantes en referencia al IVA? ¿O cómo simulan algunos hoteles sus ingresos?

Con todo respeto por sus investiduras como dirigentes cupulares y funcionarios efímeros, al turismo habrá que cuidarlo, mimarlo, servirlo pero no espantarlo.

.

(*) El autor es analista turístico y gastronómico.