¿Existirá México sin ese Tratado de Libre Comercio?

La opinión pública mexicana  lleva  días    siendo  condicionada  para  aceptar   un final del Tratado de Libre Comercio  con  Estados Unidos y  Canadá.

Lo que al principio se presentó como   algo  gravísimo,  ante  cuya amenaza   por   el  burdo majadero  Donald  Trump,  era  necesario sacrificar  hasta la  dignidad,  ahora se maneja en sus  normales  términos: La  desaparición  de  esos  acuerdos especiales fastidiarán  a  diferentes   ramas de  productores no sólo  de México, sino también  de   Estados Unidos  y  Canadá,  pero  igual   beneficiarán  a  los países   al regresar  a las reglas  de  la  Organización  Mundial de Comercio que  tendrán    que seguir siendo acatadas por los tres  países.

Desde un principio   se  entendió que  se  trataba de carga política: el  populismo  racista antimexicano  utilizado como burda bandera   por  Donald  Trump,  se   basa en atizar y  satisfacer  prejuicios, no en  proceder  racionalmente.  Para  hacerlos  sentirse  felices, nada  más   les dice que  es  contra  los  mexicanos o para  fastidiar  mexicanos; igual que  a   quienes  tienen prejuicios contra los   afros, les  satisface  los  odios añejos   diciéndoles que tal  o cual  propuesta es “contra  Obama”,  aunque la propuesta al final no  pase, porque era otra tontería perjudicial.

Ya  se  entendió que Trump no  empuja propuesta sobre  comercio, de lo que  no   sabe ni quiere  saber: sigue  promoviendo  prejuicio  contra  México, alentando   aborrecimientos  para  echarnos la culpa  de  todo  cuanto los   estadounidenses   sienten que  ya no  anda  bien. Fastidiar  a  México y a los   mexicanos,  aunque el  muro sea  una  barbaridad absurda; “salvar” a la “identidad  estadounidense”   del  peligro  de  caer en  lo  bicultural con   lo  hispano que  crece   a  cada momento  en Estados Unidos; hacer sentir  que  defiende lo “blanco-sajón-protestante”,  de  cualquier  color distinto, es la tirada  política, no mejorar comercio estadounidense.  No por  nada   las  cámaras  de  comercio  ya  anunciaron   que llevarán a la Corte  a  Trump, si insiste  en perjudicarles  con sus  tonterías en lo  del  Tratado  de  Libre  Comercio.

(Por supuesto que en  Estados  Unidos, no se hace  lo que  diga el Señor Presidente.  El sistema es  diferente al  nuestro. Allá las  decisiones  tendrán  que  pasar por el Senado y  tengamos  la  seguridad  de  que   cuanto fastidie a los  empresarios  de Estados  Unidos, comerciantes,  agricultores,  industriales,  le será rechazado   al “no  doy  una”   que pusieron en  la Casa  Blanca. ¿Qué pasará? Pasará  lo  que   signifique  el final de aquello que  en la práctica no benefició  a  los  inversionistas   de Estados  Unidos en México, por   ese Tratado. La oportunidad la aprovecharán).

Conforme  se  están viendo las  cosas, vuelve a  entenderse  que jamás debió  humillarse  nuestro país  a  cambio  de “comprensión”  de  un majadero  patán como  Donald  Trump.  A ese tipo de  personas  no se  les  consiente,  se  les enfrenta con  lo que se  tiene.

Supongamos   que  se acaba  el  TLC ¿se acabó México? ¡Por supuesto que no! Malos  los liderazgos, pero peores las  hemos  tenido y las  hemos  superado.

Tengamos la  seguridad  de que  cuando Donald Trump   no  sea más  que una  vergüenza y mal  recuerdo para  los   estadounidenses, México  estará  aquí y  si nos lo proponemos  en serio, mucho mejor.