Aventuras de un pintorGente PV

Recuerdos del porvenir: Identidad

Ella reconoció instantáneamente la letra de su marido. Después de todo llevaban muchos años casados…

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Ella reconoció instantáneamente la letra de su marido. Después de todo llevaban muchos años casados. No tuvo que esperar a que el guardia terminara de hacerse el tonto buscando archivos en la pantalla. Seguramente ni entendía escritura cursiva y para él no sería más que una serie de garabatos. Después de todo tenía mucho tiempo que la escritura manual la habían desaparecido, exigiendo que todo se texteara en tipografía Arial de 12 puntos.

En un descuido que tuvo el policía cuando miraba de modo autista la pantalla, la mujer aprovechó para robar aquel papel que le pertenecía. La carta de su marido. Con cuidado lo dobló chiquito y se lo guardó debajo del vestido, muy cerca de su corazón. Salió corriendo de aquel edificio, sin que los detectores, que leían todo el contenido de memorias USB, tabletas y laptops, pudieran encontrarle nada sospechoso. Lo único que llamaba la atención era su velocidad a pesar de traer tacones. Los sensores de emociones no lograron descifrar la causa.

Luego, a solas y en un lugar sin cámaras, desdobló el papel y entre risas le bastó mirar unas cuantas líneas para comprender que su amado estaba vivo, cuerdo, por su letra acompañada de los dibujos clave con que decoró la carta comprendió todo lo necesario para encontrarse con él y ayudarle a recuperar su libertad.

Ningún hacker pudo delatarlos. En el lugar donde lo mantenían confinado, el esposo había logrado mantener la cordura escribiendo para terapia mental. Primero había arañado las paredes con los restos de un enchufe eléctrico y más tarde con papel y lápiz que uno de los guardias le había conseguido, a fin de que le hiciera unos dibujos que tanto le llamaron la atención. Ya nadie dibujaba a mano, solo en programas de computador. La computadora central, llamada “Singularidad” almacenaba sin excepción todo lo que los humanos hacían, efectuando un análisis cuántico de sentimientos y propósitos, pudiendo anticiparse  a los hechos.

En cuanto al paso del tiempo, lo había registrado en la pared de su celda con el ancestral método de las rayitas. Otros prisioneros, al no contar con el beneficio terapéutico de las cosas escritas a mano, se habían vuelto autistas declarados, no pudiendo ya comunicarse ni mirar a los ojos a sus compañeros. Todo lo tenían que hacer a través de la pantalla de su cel.

El mundo había cambiado tanto desde que hicieron obligatoria la educación exclusiva con tabletas… Después de lograr instituir el primer impuesto global para “combatir el calentamiento” el gobierno mundial se había hecho cargo de todos los programas de educación. Los niños comenzaron a guardar toda la información en memorias USB, que finalmente se integraron a sus pequeños cerebros, recordado todo lo que fotografiaban del pizarrón, que también era electrónico. Prohibieron el uso del papel con la excusa de conservar los árboles y reducir la basura, dieron facilidades para adquirir celulares, siempre y cuando fueran con potencia 5G.

También ofrecieron cursos para realizar todas las actividades creativas a través de una pantalla. Poco a poco todos se fueron convirtiendo en dependientes cibernéticos, perdiendo su autonomía natural. Muy pocos se habían dado cuenta del efecto que esto tendría en su ADN. Un selecto grupo, que no veía televisión, que aún leía libros de papel, pudo salvarse de la trágica pérdida de identidad personal que terminaría por capturar el alma.

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