“Mecha corta” Alfaro

Enrique Alfaro Ramírez.

Por Gregorio González Cabral

 

Para el  porro Luna,   su patrón  Enrique Alfaro era   como  “El Señor  de los Cielos”, ante el cual temblaban,   por temor a  linchamiento, hasta los  curtidos entre los   magistrados del  Tribunal  de lo Administrativo.

Con eso asustó  tanto  a los del Mercado  Corona… que  hasta  se   mojaron.

Pero la comparación no fue  certera con la “narconovela” de  enorme  audiencia.  Porque resulta que Enrique Alfaro más bien se parece al “Mecha Corta”. Para pronto se enciende en cuanto no le aplauden, le contradicen o no le elogian su corte de pelo.

Dicen  que   está  moderándose, para no asustar  más a los  jaliscienses, pero en los  hechos  no  se  aguanta. En cuanto lo  contradicen o lo provocan  -porque  entre sus  ex compañeritos   del PRI, bien saben de cuál pié cojea y cómo  lo pueden exhibir-, suelta los  ¡cabrones! como  si en lugar   de  entrega  de obra  estuviera  en toma de  cantina.

Cuentan que siempre  trae  esa  cara    de  enojado  porque  le    fueron  con  el chisme de que  hay  gente  que  niega    que sea infalible.  Son capaces  de contradecir  hasta al  mismísimo  Enrique Ibarra   y  andar diciendo  por  ahí que Alfaro se  equivoca. Es más:  que lo extraño es  cuando no  se  equivoca al  tomar decisiones  o  elegir  monos  feos   con  los  cuales  asustar  en  calles y  avenidas   de la ciudad.  Sobra quién diga  que del  arte  es   de lo  que más sabe. Así  de  crueles suelen ser  los  sinceros comentarios políticos.

Por cierto que  el  último  que lo contradijo y al que  “cabroneó” con rabia y  desprecio,  al mirarle a punto de echar  espuma,  le retó a  que  de  una  vez lo golpeara.  Ofensa sobre ofensa.  Porque la  amenaza   desde el poder   es linchar, no sólo golpear   a  los infieles del  sincretismo  alfarista.

¿Está  Alfaro en riesgo   de que  en una de esas  se la hagan de “pleito  de borrachera”? Por  supuesto que sí.  En una de esas, se  baja  del ladrillo  donde  anda trepado, lo  levanta  y  con  ese le abre la  cabeza a  quienes  no entienden  que nacieron  para  aplaudirle   hasta las  tazas   de   baño  con las que  adorna los  jardines.

Por  supuesto que quienes no  le aplauden, le ofenden; y quienes le ofenden lo hacen por   ser  peores  personas a las malas  que   aún se niegan a obedecerle, elogiarle  y  hacerle el pelo.

Se  trata  de  un simple  asunto de sincretismo:  mecha  corta  con  linchamiento; que por supuesto, desde el punto  de  vista  de  huichilobos, no  se  contradicen, se armonizan  porque  se  conjuntan en:  se joden.