Dos países distintos: el real y el de los políticos

Ya no  asombra, pero   sí inquieta la enorme diferencia  con  la  que  ven a nuestro país  los políticos y la población.

No es novedad. Desde  siempre, el  poder transforma, aísla  y  enajena  a las personas.  De ahí  la sabia  recomendación   absurda  para  quien quiere   ser   gobernante   democrático:  “Si a las  doce  del  día,  a pleno  sol,  la ciudadanía   dice  que  es   de noche: ¡a  encender las velas!”. Absurdo,  pero  equilibrador  entre el   mundo ficticio  de los  del poder  y el real  de  los  gobernados.

Ahora, en una  reunión de  “El  Financiero”, el  presidente  Peña  Nieto  volvió  a  lamentarse  respecto a  cómo  ven las  cosas  los  gobernados,  respecto a  la  corrupción.

Sabemos  que  hay   un movimiento internacional para   retar  en  serio  a  los  gobernantes, respecto a la  corrupción y  a  la  impunidad. Países  hay,  como Guatemala,  donde  por  encima del  antes  casi sagrado   principio  de  la soberanía nacional,   llamaron  o les  llevaron  fiscales   extranjeros  con plenas facultades, como  para   de inmediato  investigar  y enjuiciar  al Presidente  de la República  y  a sus  cercanos, respecto a corrupción en  la  aduana.  Resultado: Presidente  e influyentes en  la cárcel.  Ahora mismo  otro  Presidente, litiga   fuerte  defendiéndose   de acusadores foráneos.  Es algo que está  sucediendo, no  una posibilidad.

En otros  países, antes  de aceptar fiscales  de fuera,   la misma clase política  empezó  a investigar  y  perseguir   a  presidentes,  políticos importantes,  funcionarios antes intocables  y  empresarios cómplices,  para   evitar las presiones   que  de fuera les mandaran  quién  combatiera  corrupción  e impunidad, tanto por  elemental  decoro   como por  salvar  lo  rescatable  de la independencia. Es el caso de Brasil  y  los  grandes  escándalos   con su “PEMEX” que  allá   se llama “PETROBRAS”.

Lo  del  tema  de la  corrupción  e  impunidad es más que una  moda. Puede  ser   sincera búsqueda  de  limpiar la política  y  dar  espacio  a  la  aceptación  de un Estado de Derecho  que  a todos de   seguridad o puede  ser otra forma de  presionar   a quien se pueda, para   controlar  más  o sacar  todavía mayores   ventajas   de aquellos  incapaces  de defenderse.

Normal que les ponga  nerviosos   a los  del  poder y  más normal  que  entusiasme a  quienes no están en  la mesa  de  los  banquetes… y  ni  las migajas les llegan.

El  presidente Peña  Nieto, así se refirió al  tema: “Cualquier  cosa  que  ocurre  hoy  en día es por  la  corrupción. Casi,  casi,  si hay  un choque aquí en la  esquina “!Ah, es la  corrupción!”; algo  pasó en  el   semáforo  ¿quién  compró el  semáforo que no  funcionaba? Hemos  tenido  ejemplo  de  socavones. A  ver, pasan  en todas partes del  mundo, uno  señalado, pero ahora  vivimos  varios  más; ahora vivimos  estos  sismos. Y  detrás de  cada  evento quieren encontrar un responsable,  un culpable y  siempre  decir: es la  corrupción. Cuando no  necesariamente  asiste el que  detrás   de  algún evento, consecuencia de algo, tenga que  ver la corrupción”.

Es  decir, el presidente Peña Nieto hace una  caricatura de la preocupación  compartida  por corrupción e impunidad  que a  cada momento aparecen en las   vidas  diarias  de los  mexicanos.

¿Exageración  de  la  gente buscar  qué   sucedió  en realidad, con el  socavón  que costó dos vidas, en una autopista recién inaugurada?  Tan tenían  razón en pensar primero  en  corrupción  que  para pronto  tuvieron que confesarse omisiones,  favoritismos, irregularidades. Socavones  los   hay en  todo el mundo, pero  eso no  significa que  no  puedan tener como causa  la  maldita  corrupción, como aquí en  México sucedió. Es  decir:  la gente  no  está   viendo  moros  con  tranchete,  está   viendo  corrupción, como en realidad la hay y  los  del poder  quisieran  que  no se notara.

Negar lo  evidente, en  nada ayuda  a la aceptación  y respeto al Presidente  y menos  a  empezar a  componer  esos  enormes  males  que  internacionalmente ya no dejan  que  se  vean  como  “normales” o  “intocables”.

Mayor  mérito acarrearía  al   presidente Peña  Nieto  ver las cosas con  ojos   de “pueblo”, aceptar  que tenemos  un  enorme problema   que  es preferible   empecemos  a  componerlo  los  mexicanos,  antes  de que nos invadan  con  fiscales extranjeros.

Claro  que no  todo  es culpa  de la corrupción, pero   de que  existe  en grande, como  enorme problema nacional  ¿quién  que viva  en  México no  lo  sabe  y sufre?

Si  desde el  gobierno  nos suponen  incapaces de  distinguir entre un  temblor  y  una  mordida, entre  el mucho  llover  y las  crecidas “mochilas”, mal  nos  ven  y  nos  entienden.

La  impunidad  y la corrupción en  México no son “invento de la gente”. Son  realidades dolorosas y  costosas, males crónicos  que  se empeoran  cuando  se pretende negarlos.

Ahora  que  si  se  trata de  decirnos que  aquí  no sólo los políticos son corruptos, sino que  es mal  generalizado, pues  hay formas  de  decirlo  al derecho y  con  mas que abundantes ejemplos. Basta recordar  cómo   nos fue y  sigue yendo con los  hipócritas    que  Zedillo   disfrazó   de panistas y  puso  a   robar   a manos  llenas, desde la nómina hasta donde siguen.