Lesdiano

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Somos raza de perros malditos y malnacidos.

Por ahí nos paseamos, a nuestras anchas, abriendo el hocico en lugares insospechados tales como templos, universidades, cantinas, fábricas, casas, calles y basureros.

Siempre perdiendo el tiempo de una manera méndiga y pendeja. Oliendo, oliendo; siempre oliendo y queriéndonos tragar comidas que nunca en nuestra perra vida vamos  alcanzar.

Le hacemos al idiota imaginándonos inmensamente ricos y famosos por el simple hecho de que la perrada diga que somos unos padrotes, los meros chingones, y que todos los demás valen la mitad de catorce.

Y así transcurre toda nuestra imbécil vida mientras que el resultado de todo es de pronóstico: viene la frustración, luego la neurosis, enseguida las adicciones y, al final, como era de esperar, nos metemos una bala en la calabaza o nos la meten otros más estúpidos que nosotros.

Acabamos fritos abandonados en ese cuartucho infecto en el que habitábamos, en un callejón oscuro o en gris celda de una prisión atiborrada.

Ahí quedaron esas mentecatas ambiciones, esos protervos deseos de una cretina grandeza.

Llegan las autoridades sanitarias y te llevan a tirar al basurero porque eso fuiste siempre una pestilente basura que se fascinaba pensando que olía a Coco Chanel. Toda tu retorcida vida fue una mera fantasía de un sueño esquizoide. Una vida lesdiana.

Porque ser lesdiano es vivir alucinado sometido al LSD. Es el peor de los vicios de tu miserable existencia.

Te advierto que todo el secreto de lo que hay que hacer, para vivir como un perro feliz, es desear cosas que puedas alcanzar porque una vez conseguidas se fortalecerá tu propia estima y así puedes seguir deseando más y más siempre y cuando las puedas lograr.

De esa manera esa estima de ti mismo seguirá acrecentándose dándote felicidad. Lo contrario vale madre.

No busques en el vino el bouquet, tomarlo en los lobbys o pianos bar porque nunca lo podrás obtener.

Sin embargo cerca de tu casa habrás un depósito encontrar y ahí pide tu bien helada caguama destápala y siéntate en la banqueta como un vulgar patán y tómate todas las que quieras hasta que quedes, en la banqueta bien tirado y atravesado, no le hace que la chota te lleve a los separos que luego saldrás.

Comprenderás que sí puedes conseguir lo que tú quieres y te sentirás al paraíso llegar. Eso es lo que debes hacer para feliz ser.