El ejemplo de Barcelona inquieta

Por Gregorio González Cabral

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Eso de que los catalanes respeten  sus ciclos   en los cuales  deben pelear contra los madrileños, más  allá  de duelos   en el  “Santiago Bernabeu”,  es muy divertido  para ellos  que les encanta el  chisme político,  pero  preocupante para  todo gobierno  centralista que mantiene  también sus inquietudes separatistas  y su  corazoncito  regional.

No  voy  a decir  quién,  de mis amistades   catalanas,  me  explicó   con claridad  el  tema  hace   muchos  años: “Los   madrileños  son  los  chilangos  de  España”. Para  nada  se  necesita otra  justificación  histórica  para poner  casa aparte.

Por eso para nada me  extraña que en Guadalajara esté fuerte el  movimiento  oculto para, “ahora  sí”,  independizarnos  de  España y  por lo  menos  recuperar   el  Aeropuerto Internacional que  lleva el nombre  de “Miguel Hidalgo”, para  que recordemos el  enfrentamiento  de las “Chivas” en Puente  de Calderón, donde  Hidalgo ni  para   rezar  fue  bueno.

Conste  que lo  de Barcelona agita   en el  Norte de nuestro país, donde ya  rato que se  hubieran  ido  con los  texanos -les encanta  Dallas- de  no  existir  el  problema  de  Trump  que  viene  junto con  el  paquete   del sueño americano que no  se quita durmiendo. ¿Quieres  el  Sueño Americano?  Ahí  te   va  con todo y  pesadilla.

Pero también aquí cerca, en El Pitillal  -provincia  autonómica-,  los  anhelos  de independizarse   han estado presentes   desde  que  las autoridades de  Puerto Vallarta les  incumplieron  la promesa de  “compartirles el  mar y  hacerles  malecón  con  paso de  camiones humeantes”.

Esas aspiraciones  se  remontan  mucho antes  de que salváramos  la  amenaza de  tener  nuestra República Bananera de  Ixtapa,  de la que  nos  salvó el  Río  Ameca, negado a pasar  bajo el puente que hicieron  los admirables ingenieros  gringos que no  le  atinaron.

Respecto a  la separación  de nuestros  catalanes de El  Pitillal,  hay  quien  dice  que  la  primera  manifestación se   dio  en la primera venida de  Rafael  Yerena, quien descendió  de la montañas  al  bajar las  aguas del Diluvio Universal, según leyenda en  moderna arca conducida por  “Uber” y  repleta de  banderas  en busca de  abanderados.

Cuentan  que  ahí enfrentaron a  las  ya invasoras fuerzas  del  Cacique Gordo  de Ayutla,  quien  andaba por   estos  rumbos, huyéndole  al  fiscal  de la  Nueva Galicia, terco en interrogarle   respecto a su interés   de   apoderarse  del Seapal Vallarta que  porque necesitaban agua para ampliar una fábrica de leche de su  patrón.

Y  aún cuando al Cacique Gordo  de Ayutla, le  aseguraron que  era  Guerrero, ni  para empezar  les  sirvió  a los  separatistas  montañeses, hábiles para   rechazar toda competencia llegada por tierra, aire  o  rosales en el mar.

Después de siglos, perdura el  sueño de   separarse, pero de  Puerto Vallarta, no  de Ayutla o  de La Yerbabuena,  para poner Municipio Libre,  Autónomo, Condal de  El  Pitillal, en  vía  inmediata de  separación  también  de la Unión Europea, para  no dar  lugar a  malas interpretaciones respecto  a la baja  de  juego de El Chicharito.

Otras viejas ilusiones  separatistas  están removiéndose, aparte  de la  yucateca  que  es de  “réplicas  constantes” desde  que  ahí empezó a  temblar,  haciendo a  los  mayas  abandonar ciudades  completas    que  ahora  está diciendo  Trump  que están así  porque  los  mexicanos nos  las jodimos  y los  mayas  no  levantaron un  muro,  para detener  nuestros  aviones.

Nada  menos  que pegada  a  Guadalajara, está  la  “Barcelona de los pobres”,  Santa Anita, en manos  del  cacicazgo de los Barba  del  cual  no han podido librarse, aunque  para   ir  a pagarles  a San Pedro, tienen que   salir a  las   tres  de  la  mañana,  caminar  hasta mediodía y luego   aguardar  en  El  Parián, a que algún Barba   o Castro, les acepte  el tributo.

Incluso  los  de  Santa Anita, en  multitudinaria  manifestación en  sus  ramblas, llegaron a  la  decisión heroica de preferir pertenecer  al  feudo del  dictador Enrique Alfaro en Tlajomulco  que tiene  aeropuerto,  claro, perteneciente a  España,  de la que  después, a  ver  cómo  se separan.

Dicen que  si las palabras  mueven,  el ejemplo  arrastra.

Los  afanes  independentistas,  autonómicos,  separatistas no son exclusivos  de Muria y  sus tenaces,  también en Galicia hablan  gallego  antes  de  explicarte  “en  castilla” lo caliente  que  debe ir el  agua para  el pulpo. En Valencia,  se  entienden en  valenciano. Y  en  Madrid quién  sabe que coños   hablarán, porque  para  nada se parece “al cristiano”  con  el  que   no nos entendemos  aquí.

Bien visto, todos  quieren separarse, no sólo los  de  Monterrey. ¿Desde  cuándo los de   Veracruz le  cantan  verso hiriente   a los   de  Jalapa?  ¿Y  los  de  León  que miran como   momias   a  los  de  Guanajuato, capital que obliga  a los  camiones  a  meterse   a   túneles  asfixiantes y  angustiosos, por la flojera de  abrir  las  calles? ¿Y los de  Mazatlán que tienen que  pedirles  permiso a los  culiches? ¿Y los  de Obregón, siempre mirando   a los   de Hermosillo, como trepados  en el  Cerro de la Campana, para verlos  chiquitos? ¿Y  los  de Tijuana con los   de  Mexicali?  No saben  los de  Cataluña las  erupciones que levantan  por darse el  gusto  de  enojar  a los gatos  madrileños.

Porque desde siempre, lo  menos  que les dicen  es  mantenidos.  Algo así como los de San Juan  de  los  Lagos   cuando les  recuerdan a  los  de  Lagos de  Moreno: “…Este puente  se hizo en  Lagos,  con dinero de San Juan…”.

¿Y por qué  les dicen “gatos” a los  madrileños   de allá  que no  son  tantos  como  los  de  acá? Porque en  el año  852,  un  desequilibrado  como  Trump, pero de  nombre Muhammad,  se le ocurrió levantar muro enorme en el Valle de  Manzanares  y  sierra de  Guadarrama.  Entonces no había   drones  voladores,  ni paracaidistas, por lo que la muralla  de “Muha” tenía mayor   sentido que la  del  loco  actual.  Pese   a  la enormidad,  un  muchacho de las  tropas del  rey  Ponchito  VI , en cuanto sitiaron” Madri” -que  entonces  se llamaba “Mayrit”, como luego los  curas le pusieron al  amado  territorio  vecino, dizque  en honor  de un  nativo  bravo-, pudo treparse por  aquel complicado   muro,  quitando la   bandera de los de  “Muha”  y poniendo la  de  su  Rey que  entonces  se  dedicaba a   hacer   guerras  y  no  a andar  enchilando   catalanes con sus discursos.

Por  ese muchacho  que  trepó como gato… y que ni  era  de  Madrid, dicen  que les dicen “gatos”. Bien  les fue, porque los  españoles son bravos  para  eso de poner apodos. A  su reina Juana, nada más  le  decían de cariño: “La Loca”.  A su rey  José I,   le llamaron “Pepe Botella”…  y  eso que nunca les mentó  la  madre, como  el borrachales   de  Emilio González  Márquez a los   jaliscienses. A otro  rey  que  se parecía  a su súbdito  Vicente Fox, de plano le llamaron “El Hechizado”. Y a  Felipe  IV lo fastidiaron con “El Pasmado”.  Si así  se  llevan con  los  reyes, ya  imaginan lo que dicen en cuanto  divisan a  los  bueyes… menos  mal  que ni entre ellos se   entienden esa  jerga   que  hablan a velocidad de  Fórmula I.

“Gabachos” les  dicen  los madrileños  a los  franceses. “Gabachos” les  dicen  los  de  Hermosillo  a  los gringos.

Dicho  todo lo  último para atemperar  el susto por la independencia de El Pitillal que se les va  dejar   venir.