Robar en despoblado… con computadora

En lugar  de que los políticos  anden pensando  cómo  la tecnología puede ayudar  a  la población a tener mejor atendidos  sus  asuntos, más  rápidos  y transparentes sus  trámites, a la mano  la información y  copias   que  el gobierno tiene  y  debe  darles,  vemos  con  rabia  que   lo  atractivo para ellos es  ver cómo, mediante aparatitos  y  alianzas  con  voraces operadores de   plataformas,  pueden  sacarnos  a los habitantes  más dinero  del  que a mano  nos  quitan   sin remedio.

Lo  de las   “foto multas” es  el ejemplo más   descarado  de la insaciable codicia  de los  políticos   que  mantenemos y  enriquecemos, listos  para ofrecernos como  esclavos  a  empresarios   indecentes,  socios   suyos  en  la   “cultura” de  meter la mano en  el  bolsillo del  ciudadano.

De  sobra  es   conocido y padecido  que los   gobiernos  tienen, en los  policías  de tránsito,  agentes   viales, “mordelones”,  recaudadores extras de mayores   dineros  que prefieren  entregar   los  particulares, ante  la  seguridad de que aquí   no  hay  justicia,  oponerse  a  la  extorsión oficial es exponerse   a   peores acciones,  y lo “normal”  es entregar lo que  “el del gobierno” diga:  a sabiendas  de  que  parte es para  él y lo principal “para  el de  arriba”.

Pero claro  que  los  políticos  “de  arriba”  desconfían de sus agentes que mandan a  robar. Por  supuesto que no los  ponen  ahí por  honrados  y menos por derechos.  Entonces,  ven  en la  llegada   de la  tecnología   al extenso campo de  la  “mordida”, la  solución  a su problema  de   ver disminuidos  sus  robos por “fallas  humanas”.  Asociarse  con empresarios corruptos y  corruptores, fijándose   cuotas obligatorias de robo   a  los  ciudadanos, para no   dejar  nada   a  la improvisación  o al ocultamiento entre ladrones, es   la gran solución  para políticos  en  el  gobierno. Las  máquinas no olvidan “mochilas”,   no tienen que  arreglarse   con  las  víctimas de las  extorsiones oficiales, no  se  dejan por ahí  algunos billetes   sin “reportar al  de  arriba”. Negocio político redondo, ese  de las  “foto multas”, hasta con  número de  robos , según  cuotas  del  rumbo explotado;  como  en los imperios  de la mafia, con sus  repartos  de espacios  y  montos de cuotas   a los cómplices.

Tremendo  e inhumano el  nuevo negocio  de los políticos  mexicanos, por  supuesto que  alentados  y acompañados de honestos  empresarios, pero…

Pero  resulta  que  agarran parejo  y no reparten, ni  admiten  “libre   competencia”, digamos  de otros  políticos, de otra  “autoridá” de las muchas   que  mantenemos   y que   también  pueden automatizar la mordida, comprar   camaritas alemanas, mandar   elevar el monto de las  multas  hasta  el infinito  y  meterlo todo  en  computadoras apantallantes que  según eso “no se  equivocan”, como cuando tus gobernantes  te  roban a  mano.

Y vinieron las  envidias  ante  las cantidades  majaderamente millonarias  que deja  este  nuevo tipo de robo, tanto para  los políticos  como para los “emprendedores” socios. Y   entonces  se  acordaron  del  derecho. Y vinieron los  amparos: las  “foto  multas” son  inconstitucionales.  El magnífico nuevo negocio  -que no  hay por qué  atribuir  a la corrupción,  sino  al emprendurismo tecnológico, para no  disgustar en Los Pinos-  va en contra de lo ordenado  en la Carta Magna. Videos  o  retratos  sacados por particulares no  deben   ser  tomados  como prueba  absoluta para   sancionar y  robar;  hay derecho de  audiencia. Igual, el gobernante no  debe delegar las  funciones de policía, a  cómplices  o  socios  del negocio de  “fotomultas”   y  menos “garantizarle” una cuota mínima de  víctimas despojadas  de  su  dinero “mediante  computadoras”.

Ahora la Suprema Corte  de  Justicia,  le  entrará  al fondo de  la  cuestión;  con lo  que  se supone  que   con el  final de este  sexenio, se  terminará con ese  añadido  al   robo oficial  -que no  es   corrupción, sino “cultura”- donde ya ni  madre  necesitaron porque hicieron a un lado a los intermediarios  humanos.

Se  supone  que  ese negocio  sucio terminará  el  próximo año.

Ya vendrán  para  el próximo sexenio los  avances  tecnológicos con el  “robot mordelón implacable”   en  cada  esquina.